
En estos tiempos en los que un presidente que reivindica a Margaret Thatcher intenta apropiarse del reclamo por las Malvinas, vale la pena recuperar una historia que no debería olvidarse.
Hace 60 años, un grupo de 18 jóvenes provenientes del peronismo y del nacionalismo, encabezados por Dardo Cabo y Cristina Verrier, organizaron el Operativo Cóndor para desembarcar en las Islas Malvinas.
Hoy se realizará un homenaje en el Congreso de la Nación, en el auditorio del Anexo A de la Cámara de Diputados, organizado por el diputado Eduardo Valdés (Unión por la Patria) y el parlamentario del Mercosur Gabriel Fuks (UxP).
De aquel operativo, la viuda de Dardo Cabo, asesinado por la dictadura militar, donó las siete banderas durante el gobierno de Cristina Kirchner. Dos de esas siete banderas, que estaban ubicadas en la Casa Rosada y en el Museo Malvinas, fueron retiradas por el gobierno de Milei. Hoy, los excombatientes se preguntan dónde están. Una muestra más del desprecio por las islas del gobierno libertario, pese a que ahora pretenden apropiarse de la causa Malvinas.
Hace unos días, diputados peronistas presentaron un proyecto de ley para que el Gobierno devuelva a la Casa Rosada la bandera que izó Dardo Cabo durante el operativo de 1966. La insignia había sido removida a principios de año, según explicó en ese momento el entonces jefe de Gabinete, Manuel Adorni, para “su restauración en virtud de su notable deterioro”.
La historia que no debe olvidarse
El 28 de septiembre de ese año comenzó el llamado Operativo Cóndor, organizado por Dardo Cabo y Cristina Verrier.
Un grupo de jóvenes tomó un avión de Aerolíneas Argentinas que viajaba desde Buenos Aires hacia Río Gallegos y obligó al comandante a desviarse hacia las islas Malvinas, entonces ocupadas por el Reino Unido.
El avión llevaba 42 pasajeros, entre ellos el gobernador de Tierra del Fuego —que en aquel momento era territorio nacional— y también el periodista y empresario Héctor Ricardo García, propietario del diario Crónica.
El avión había partido a las 0:30. Cerca de las cinco de la mañana, los integrantes del comando tomaron el control de la aeronave y ordenaron desviarla hacia Malvinas.
Para evitar que los familiares de los pasajeros fueran presa del pánico, avisaron al aeropuerto de Río Gallegos que el avión había sido tomado y que se dirigía hacia las islas.
En aquellos años no existía una pista de aviación adecuada. El piloto logró aterrizar, con enorme dificultad, en una pista utilizada para carreras de caballos, de unos 800 metros de extensión.
El avión terminó encajado en el barro.
Los integrantes del comando bajaron y desplegaron las siete banderas argentinas que habían llevado. Una fue colocada sobre el avión y las restantes fueron ubicadas en distintos puntos de la zona.
También tomaron la casa del gobernador y rebautizaron simbólicamente Puerto Stanley como Puerto Rivero, en homenaje al gaucho entrerriano Antonio Rivero, quien había resistido la ocupación británica de 1833.
Varios habitantes se acercaron para saber qué estaba ocurriendo y algunos fueron tomados como rehenes, entre ellos el jefe de policía y un integrante de los Royal Marines.
Los integrantes del comando distribuyeron además una proclama en inglés en la que afirmaban que no eran agresores, sino argentinos que consideraban a las islas parte de la Argentina.
Desde el avión enviaron por radio un comunicado a la Argentina: “Operación Cóndor cumplida. Pasajeros, tripulantes y equipo sin novedad. Posición Puerto Rivero, islas Malvinas. Autoridades inglesas nos consideran detenidos.”
La noticia tuvo una enorme repercusión.
El diario Crónica, dirigido por Héctor Ricardo García, le dio un lugar central y rápidamente el resto de los medios comenzó a informar sobre lo ocurrido.
Las fuerzas británicas rodearon el avión y exigieron la rendición del grupo.
Los jóvenes se negaron.
Antes de entregar las armas pidieron la presencia de un sacerdote para celebrar una misa.
El padre Roel celebró la ceremonia y permitió que los pasajeros que no formaban parte del comando fueran alojados en casas de la zona.
Después de casi 24 horas, el gobernador británico volvió a exigir la rendición incondicional.
Finalmente, a las cinco de la tarde, los integrantes del comando depusieron las armas y se trasladaron a la capilla de Puerto Argentino.
Dos días después, fueron trasladados al continente a bordo del buque argentino ARA Bahía Buen Suceso.
Al regresar, Dardo Cabo explicó cuál había sido el sentido de aquella acción:
“Fui a Malvinas a reafirmar la soberanía nacional y quiero aclarar que en ningún momento me he entregado a las autoridades inglesas, sino que acepté el hospedaje de la Iglesia católica ofrecido a través del arzobispo de las islas Malvinas; que me consideré detenido por la autoridad argentina que allí reconocí en el comandante de Aerolíneas, entregándole al gobernador de Tierra del Fuego e Islas Malvinas, señor almirante Guzmán, las banderas argentinas que flamearon en tierra malvineña durante treinta y seis horas”.
La siete banderas argentinas que habían flameado en las islas no quedaron en manos británicas. Fueron entregadas al gobernador de Tierra del Fuego, José María Guzmán.
Una de ellas había flameado durante 36 horas en las islas y, según relató Cabo, bajo su amparo se había cantado por primera vez el Himno Nacional Argentino allí.
La reacción de la dictadura de Juan Carlos Onganía fue inmediata. El gobierno ordenó que los integrantes del comando fueran juzgados por distintos delitos, entre ellos privación ilegítima de la libertad y tenencia de armas de guerra.
La mayoría recuperó su libertad después de nueve meses de proceso, aunque Dardo Cabo, Alejandro Giovenco y Juan Carlos Rodríguez permanecieron varios años detenidos.
Desde la cárcel, Dardo Cabo recibió una carta de Perón.
Mi querido compañero:
He sida informado por el mayor Vicente del diligenciamiento seguido en el caso del “Operativo Condor” y deseo hacerle llegar mi enhorabuena y mejores deseos.
Junto con ello, que hago extensivo a todos los compañeros fieles e nuestras banderas , le ruego que les haga llegar mi saludo y abrazo más afectuoso. Un día llegaré que la canalla dictatorial, entregada y entregadora, sentirá vergüenza de lo que han hecho con Ustedes y asi tendrán el mejor premio al patriotismo y el arrojo que ellos no han sido ni serán jamás de sentir ni practicar.
Queda, como un hito en la Historia, un gesto que no puede sino honrar a los ejecutores de le “Operación Condor” que la bandada de gorriones de la dictadura no podrán comprender nunca. Un gran abrazo. Perón
Merece recordarse que Dardo Cabo, militante peronista fue asesinado por la dictadura militar en 1977 cuando estaba detenido en La Plata y su cuerpo tirado en una zona descampada del Parque Pereyra Iraola junto a otros compañeros.
El Operativo Cóndor había quedado como uno de los grandes gestos de la Resistencia Peronista vinculados con la reivindicación de la soberanía argentina sobre las islas.
La dictadura de Onganía, en cambio, intentó despolitizar aquel episodio y llegó a afirmar que la recuperación de las Malvinas no podía convertirse en una excusa para “facciosos”.
Hoy se recordarán los 60 años del Operativo Cóndor. Por eso, hay que estar atentos cuando algunos intentan apropiarse de la causa Malvinas según las necesidades políticas del momento. De allí que valga la pena volver a la historia.
Porque las Malvinas no son una consigna de campaña.
Son memoria, soberanía e identidad.
