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24 agosto, 2026
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Datos mata relato: se cae la excusa de Milei sobre las familias que se endeudan para comprar televisores

Una vez más, el relato del presidente Javier Milei choca de frente con la realidad. Días atrás, el mandatario había afirmado que las familias argentinas estaban endeudadas porque habían comprado televisores para ver el Mundial de Fútbol. Pero la explicación quedó rápidamente desmentida por los propios comerciantes, que describen un escenario muy diferente: cada vez más familias recurren al crédito para poder comprar alimentos, medicamentos, calzado e indumentaria.

El vocero de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), Salvador Femenía, fue contundente al explicar que el endeudamiento de los hogares no responde a gastos de lujo, sino a la pérdida del poder adquisitivo. Según señaló, muchas familias se ven obligadas a financiar productos básicos porque los ingresos ya no alcanzan para llegar a fin de mes.

El representante pyme describió, además, un escenario de recesión generalizada que afecta a distintos sectores y regiones del país. El estancamiento del mercado interno y la falta de incentivos para la actividad económica impiden que el consumo pueda recuperarse de manera sostenida.

En diálogo con Radio Rivadavia, Femenía explicó que muchas familias recurren al financiamiento para adquirir “alimentos, también calzado, indumentaria, que también son realmente cosas necesarias para todos los días, más la familia que tiene hijos, evidentemente”. Y aclaró que esta situación no comenzó este año, sino que ya podía observarse desde antes de mediados de 2023.

Cada vez se compra menos y peor

El deterioro del poder adquisitivo también modificó de manera profunda los hábitos de consumo. Los compradores se vuelcan cada vez más hacia segundas, terceras y cuartas marcas, mientras que la compra de pequeñas cantidades se convirtió en una práctica habitual en los comercios de cercanía.

“La gente llega con mucha dificultad a fin de mes. Y vemos en el mercado de cercanía, donde va la gente trabajadora, que ganando arriba de un millón de pesos, pagando alquileres y un montón de gastos, vemos que compra fraccionado. Compra muy a poco, segunda, tercera, cuarta marca. Y ahí nosotros notamos el resentimiento del consumo”, afirmó Femenía.

La descripción del dirigente pyme contrasta de manera directa con la explicación que había dado Milei durante su discurso en el 142º aniversario de la Bolsa de Comercio de Rosario.

“El efecto mundial. Si ustedes se fijan, una de las cosas que genera los problemas de créditos, ¿qué pasa? Vino el Mundial, ¿saben qué hicieron muchos? Iban a cadenas de venta de electrodomésticos, ¿y qué hacían? Se llevaban televisores para el Mundial”, sostuvo el Presidente.

El problema es que los datos y la realidad cotidiana de los comercios cuentan otra historia. No se trata de familias endeudándose para darse gustos, sino de trabajadores que utilizan las herramientas de crédito para sostener consumos esenciales frente a salarios que quedaron rezagados.

Femenía también descartó que el crecimiento del comercio electrónico pueda compensar la caída de las ventas en los locales físicos y sostuvo que la crisis del consumo es “un fenómeno estructural que atraviesa a todos los sectores productivos de la Argentina”.

Salarios que pierden, consumo que desaparece

Al explicar las causas de este deterioro, el vocero de CAME señaló que durante el rebote de la economía registrado entre fines de 2024 y los primeros meses de 2025 muchas familias utilizaron las tarjetas de crédito. Pero luego llegaron la suba de las tasas y las restricciones sobre las paritarias.

“El crédito es una gran herramienta para impulsar el consumo, pero después de ahí se vino un proceso que tuvo que ver con suba de tasas y con límite a las paritarias”, explicó.

El resultado fue una pérdida de ingresos que comenzó a sentirse con fuerza en los hogares.

“Eso produjo un atraso de los sueldos. Creo que el origen está ahí. Cuesta mucho llegar a fin de mes, el sueldo evidentemente no alcanza. Hay una restricción de ingresos en la clase media trabajadora y esto se nota porque no hay consumo”, remarcó Femenía.

Los datos del Banco Central agregan otro elemento al cuadro. La morosidad de las familias continúa en niveles elevados. Mientras en las tarjetas de crédito se registró una leve baja en los atrasos, en los préstamos personales la morosidad volvió a aumentar.

Además, la aparente mejora de algunos indicadores debe ser tomada con cautela: parte de la reducción se explica porque determinados deudores pasan a ser considerados irrecuperables y dejan de contabilizarse de la misma manera.

La crisis también golpea a las pymes

El problema tampoco termina en las familias. La caída del consumo impacta directamente sobre las pequeñas y medianas empresas, que enfrentan cada vez mayores dificultades para cumplir con sus obligaciones crediticias, tributarias y salariales.

“Hay problemas de irregularidad, no solamente con el tema crediticio, sino también con el tema tributario, porque cuesta mucho hacer caja para lo que es producción industrial”, señaló Femenía.

Cuando las ventas caen, las empresas producen menos, tienen mayores dificultades para colocar su mercadería y se empieza a resentir toda la cadena de pagos. El problema deja entonces de ser exclusivamente financiero y se convierte en un círculo que afecta al comercio, la industria, el empleo y los ingresos de los trabajadores.

La postal es bastante más sencilla que cualquier explicación presidencial: si los salarios pierden poder de compra, las familias dejan de consumir; si dejan de consumir, los comercios venden menos; si los comercios venden menos, las pymes producen menos; y cuando la producción se frena, toda la economía termina pagando el costo.

El problema, entonces, no parece ser que los argentinos se hayan endeudado para comprar televisores y mirar el Mundial. El problema es que cada vez más argentinos necesitan endeudarse para llegar a fin de mes.

Mientras el Gobierno intenta explicar la crisis con anécdotas y culpar a los consumidores por sus propias dificultades, los comerciantes están viendo otra realidad detrás del mostrador: familias que compran menos, eligen marcas más baratas y financian alimentos y productos básicos.

Los datos vuelven a hacer lo que el relato oficial no puede evitar: desnudar la realidad. Y cuando el sueldo no alcanza para comer, culpar al televisor ya no es una explicación económica. Es apenas otra excusa para no hacerse cargo del ajuste.

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