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22 abril, 2026
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Milei asustado con las urnas: ahora quiere borrar las PASO del mapa

Llorar en el Muro de los Lamentos no ayudó demasiado al presidente Milei en su desgaste con la sociedad argentina. Todos los días aparecen nuevas encuestas donde el libertario ya no llega al 30% de imagen positiva, con lo cual podría perder en primera vuelta si el peronismo logra superar el 40% de los votos.

La corrupción de funcionarios, los escándalos con criptoestafas, el robo a los discapacitados y el reciente informe de la UCA —que señala que 6 de cada 10 niños son pobres en la Argentina y que el 30% no come regularmente— componen un combo explosivo. En la brutal política económica está el origen de una bronca social que crece y ya no encuentra contención en el relato oficial.

En este contexto adverso, el presidente anunció que enviará al Congreso un proyecto de reforma electoral que contempla la eliminación de las PASO, modificaciones en el financiamiento de los partidos y la incorporación de la Ficha Limpia para impedir candidaturas de personas con condenas por corrupción.

La jugada no parece ingenua. La idea del gobierno es eliminar las PASO para forzar a una oposición fragmentada, sabiendo que las internas partidarias son complejas, costosas y muchas veces inviables sin esa herramienta. En otras palabras: cambiar las reglas del juego en medio del partido.

Pero el problema es político y matemático. Las leyes electorales requieren mayoría absoluta en ambas cámaras: 129 diputados y 37 senadores. La Libertad Avanza cuenta con apenas 95 diputados y 21 senadores, por lo que deberá negociar fuerte para avanzar. Y ahí aparece el primer muro: el peronismo rechaza modificar la ley de Democratización de la Representación Política impulsada por Néstor Kirchner en 2009.

Las críticas no tardaron en llegar. El diputado Sebastián Galmarini fue directo: “Es una chantada más. Hay temas urgentes. Querés eliminar las PASO para dividir a la oposición. ¿Cómo se van a elegir los candidatos? ¿A dedo?”. Además, señaló las contradicciones del propio Milei respecto a otras reformas electorales que antes rechazaba.

Desde el Senado, Sergio Uñac planteó la necesidad de una interna amplia y participativa en el peronismo, no solo para definir nombres sino para ordenar liderazgos e ideas. Miguel Ángel Pichetto también defendió las PASO como herramienta clave para estructurar un frente amplio opositor.

Incluso desde el radicalismo hubo reparos. Maximiliano Abad advirtió que eliminar las PASO sin un sistema superador implica retroceder a la vieja política de listas armadas entre pocos dirigentes: “No estamos en contra de modernizar, estamos en contra de retroceder”.

Mientras tanto, la realidad avanza más rápido que cualquier estrategia electoral. La caída del poder adquisitivo, el ajuste sin red y el aumento de la pobreza empiezan a erosionar el núcleo duro que sostenía al presidente. Y cuando la economía aprieta, la política ya no se puede disfrazar de épica.

Milei quiso cambiar la Argentina, pero por ahora lo único que cambia son las reglas cuando las encuestas no le dan. Y en política hay algo que no falla: cuando un gobierno empieza a mirar el reglamento más que la calle, es porque ya siente que el partido se le está yendo de las manos.

 

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