La caída de la imagen del gobierno de Javier Milei parece no encontrar piso. El malestar social crece al ritmo del deterioro económico, la inflación persistente y los escándalos de corrupción que golpean de lleno al oficialismo. Lo que hace apenas meses era presentado como una “revolución libertaria”, hoy aparece para una mayoría de los argentinos como un experimento agotado, atravesado por internas, ajuste y promesas incumplidas.
Un nuevo estudio de las consultoras Trespuntozero y Alaska, realizado entre el 17 y el 21 de abril sobre 1.200 casos en todo el país y con un margen de error de +/- 2,8%, deja números alarmantes para la Casa Rosada. El trabajo muestra a un gobierno paralizado desde hace más de 60 días por los escándalos que envuelven a varios de sus funcionarios y por una crisis económica que no deja de profundizarse.
El dato más contundente es la desaprobación social: el 53,8% considera “muy mala” la gestión del gobierno nacional y otro 11,5% la califica como “mala”. En total, el rechazo alcanza el 65,3%, mientras que apenas un 33% mantiene una mirada positiva. Más impactante todavía es la velocidad de la caída: en apenas dos años, el oficialismo pasó de tener niveles de apoyo cercanos al 60% a conservar apenas un núcleo duro minoritario.
La preocupación económica explica buena parte del derrumbe. El 61,2% de los encuestados afirmó que empeoraron sus expectativas respecto al futuro económico durante el último mes, unos 20 puntos más que a fines de 2025 y casi 30 más que a fines de 2024. La inflación volvió a acelerarse, llegando al 3,4% en marzo, mientras el salario continúa perdiendo contra los precios y el consumo sigue desplomándose.
Pero el golpe más duro para el relato libertario aparece en otro terreno: la corrupción. Por primera vez desde la llegada de Milei al poder, ese tema encabeza ampliamente las preocupaciones sociales con el 38,5%, diez puntos más que en enero. Muy por detrás aparecen la desocupación (18,3%), la pobreza (16,1%) y la inflación (12,2%).
Los casos vinculados a $Libra, el escándalo en el área de Discapacidad y las polémicas alrededor de Manuel Adorni terminaron de romper el discurso moralista con el que el oficialismo intentó diferenciarse de la vieja política. La corrupción, que al inicio del gobierno rondaba el 20% como preocupación social, hoy se convirtió en un problema central para una administración que prometía “terminar con la casta” y terminó rodeada de privilegios, negocios y funcionarios cada vez más cuestionados.
Otro dato demoledor del informe es que el 63,6% responsabiliza directamente al gobierno actual por la crisis. Hace apenas unos meses, el oficialismo todavía conseguía compartir culpas con la gestión anterior. Hoy, incluso muchos de quienes votaron a Milei empiezan a señalar que el ajuste brutal, la recesión y el deterioro social ya tienen dueño.
En paralelo, el llamado “círculo rojo” comenzó a mover sus fichas. Con un gobierno desgastado, sin resultados económicos y con creciente rechazo social, sectores del poder económico y mediático ya analizan alternativas para sostener el modelo sin Milei como figura central. En ese esquema vuelve a sonar fuerte el nombre de Patricia Bullrich como eventual garante de continuidad.
El problema para el gobierno no es solamente que la gente dejó de creer en las promesas libertarias. El problema es que detrás del ajuste, el marketing y los gritos televisivos apareció una realidad mucho más dura: salarios destruidos, jubilados castigados, más desigualdad y un país cada vez más difícil de sostener para millones de argentinos. Y cuando hasta el propio círculo rojo empieza a buscar reemplazos, es porque incluso los sectores que apostaron por Milei ya perciben que el experimento libertario comenzó a entrar en una etapa de desgaste irreversible.
