
El contrabajista argentino no deja de sorprender en cada disco. Si ya había deslumbrado con Una historia de partículashace un par de años en formato de quinteto, ahora vuelve a subir la vara con Tres visiones de un secreto, un trabajo de arreglos propios sobre grandes standards del jazz, acompañado por Lucas Goicoechea en saxo alto, Ornella Contreras en piano y Oscar Giunta en batería.
Más allá de su talento como compositor —algo que ya había quedado claro en sus discos anteriores—, esta vez Nava apuesta por reinterpretar obras de gigantes como Freddie Hubbard, Charles Mingus, Jaco Pastorius, Joe Henderson, Oscar Pettiford y Wayne Shorter. Y el resultado no es un simple homenaje: hay una mirada propia, contemporánea y arriesgada.
Como es habitual en sus trabajos, el protagonismo no recae únicamente en el contrabajo. Nava construye arreglos donde cada músico tiene espacio para brillar. El saxo alto de Goicoechea irrumpe con fuerza y personalidad, en una interpretación que por momentos parece guiñarle el ojo al espíritu de Jackie McLean.
Ornella Contreras también se destaca con un piano elegante y preciso, especialmente en piezas como GG Train y Tricotism, el clásico de Pettiford, donde despliega sensibilidad y carácter. Y qué decir de Oscar Giunta: uno de los grandes bateristas argentinos, cuya energía y solidez elevan cada pasaje del disco.
Sobre Fran Nava poco queda por agregar: hoy es, sin dudas, uno de los contrabajistas y compositores más interesantes de la escena del jazz argentino. En Tres visiones de un secreto demuestra cómo se puede tomar un standard, intervenirlo con inteligencia y modernidad, sin perder su esencia.
Otro gran disco para disfrutar y confirmar el altísimo nivel de los músicos argentinos. Ya está disponible en todas las plataformas.
La presentación será el viernes 24 de abril en Thelonious, junto a Giunta, Contreras, Goicoechea, Nava y, como bonus de lujo, el trompetista Juan Cruz de Urquiza.
Nava no solo reinterpreta a los clásicos: los desafía, los actualiza y los hace sonar como propios. Y en ese riesgo, gana. Otra prueba de que el jazz argentino no para de crecer… y de sorprender.
