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25 abril, 2026
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Viajar en el AMBA ya es un infierno: menos colectivos, más espera y un sistema al borde del colapso

Entre sueldos congelados, alimentos y servicios por las nubes, los argentinos suman un nuevo castigo cotidiano: esperar eternamente un colectivo. Viajar en el AMBA dejó de ser una rutina para convertirse en una prueba de resistencia.

Un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA confirma lo que millones padecen a diario: la oferta de colectivos se desplomó un 40% en las líneas interjurisdiccionales, aquellas que cruzan la General Paz. El recorte, impulsado por el aumento de los costos operativos, transformó el traslado diario en una verdadera carrera de obstáculos contra el reloj.

El fenómeno es multicausal, pero el estudio señala como disparador inmediato el impacto internacional en el precio de los combustibles. El gasoil ya supera los $2.100, mientras que el Estado sigue reconociendo un valor de $1.744 para calcular subsidios. Esa brecha asfixiante empuja a las empresas a achicar la flota: hoy circula un 12% menos de unidades que en 2019, lo que equivale a 2.359 colectivos menos en la calle.

Luciano Fusaro, presidente de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor, advirtió que el panorama es cada vez más oscuro. La caída de la actividad económica golpea la cantidad de pasajeros, pero también se retroalimenta con el deterioro del servicio: menos frecuencias generan menos usuarios. A eso se suma el aumento de tarifas, que termina de expulsar pasajeros. El resultado es contundente: cerca de un millón de personas dejaron de usar el transporte público.

El esquema tarifario, además, suma confusión e inequidad. Mientras la Nación regula las líneas interjurisdiccionales, provincias y municipios fijan sus propios valores. Tras la eliminación del Fondo de Compensación al Transporte del Interior en 2024, las tarifas fuera del AMBA se dispararon. Hoy el boleto promedio en el interior ronda los $1.526, muy por encima de los niveles de 2019 en términos reales.

En el AMBA, el boleto mínimo oscila entre $700 y $871 según la jurisdicción, el tren arranca en $280 y el subte ya cuesta $1.414. Aunque en términos reales estos valores se acercan a los de 2019, el servicio está muy lejos de aquel estándar.

Menos colectivos, tarifas en alza y usuarios que abandonan el sistema: el combo perfecto para un colapso anunciado. Mientras el ajuste se siente en el bolsillo, también golpea en la calle, donde cada parada se convierte en una trampa de tiempo perdido. El transporte público, que debería ser la solución, empieza a parecerse cada vez más al problema. Y lo peor: nadie parece estar manejando el volante.

 

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