Mientras el gobierno de Javier Milei y gran parte de los medios hegemónicos concentran su atención en las supuestas internas con Patricia Bullrich, las disputas de poder y las negociaciones en el Senado por la designación de jueces, la realidad cotidiana de millones de argentinos transcurre por otro carril. Lejos de las peleas palaciegas, la principal preocupación de las familias sigue siendo una sola: cómo llegar a fin de mes y poner un plato de comida sobre la mesa.
Un reciente relevamiento realizado por el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCI) reveló que el 86% de los hogares bonaerenses atraviesa una situación de estrés económico mensual. El dato más alarmante es que casi la mitad de las familias encuestadas (47%) reconoce que no puede llegar a fin de mes sin endeudarse.
La investigación, realizada sobre 1.301 hogares del conurbano bonaerense, La Plata, Mar del Plata y otras localidades del interior provincial, expone una realidad que se repite en buena parte del país: salarios e ingresos cada vez más deteriorados frente al aumento constante de los precios. Como consecuencia, miles de familias reducen el consumo de alimentos y recurren al crédito, a préstamos informales o a distintas formas de endeudamiento para cubrir gastos básicos.
El deterioro social se refleja con crudeza en otro indicador: el 43% de los jefes y jefas de hogar afirmó que el peso de las deudas les impide comprar todos los alimentos que necesitan para la alimentación diaria de sus familias. Dicho de otro modo, la deuda ya no se utiliza para adquirir bienes o mejorar la calidad de vida, sino para sobrevivir.
Para garantizar la comida cotidiana, los bonaerenses han debido desplegar estrategias cada vez más extremas. El 16% depende del fiado en almacenes de barrio, el 14% utiliza tarjetas de crédito aun sabiendo que no podrá cancelar el total del resumen y un preocupante 20% recurre regularmente a comedores comunitarios, merenderos o a la ayuda económica de familiares y amigos.
A este escenario se suman las nuevas subas de precios. Consultoras privadas vienen registrando aumentos sostenidos en alimentos y bebidas. Los lácteos y los huevos acumulan incrementos cercanos al 4%, mientras que también continúan aumentando la carne vacuna, el pollo y el cerdo. A ello se agregan las tarifas de servicios públicos, el transporte y las comunicaciones, que siguen presionando sobre bolsillos cada vez más vacíos.
Mientras la política oficial se entretiene con internas, operaciones mediáticas y disputas de poder, en los barrios la verdadera batalla se libra frente a la heladera. Los argentinos no comen relatos, no pagan las cuentas con discursos ni llenan la mesa con promesas. Y cuando nueve de cada diez hogares viven con la soga al cuello, el problema ya no es una estadística: es una emergencia social que ningún maquillaje comunicacional puede ocultar.
