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12 julio, 2026
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Mientras Milei apuesta a dividir a la oposición, el peronismo ya discute un programa para reconstruir la Argentina

Por Alfredo Silletta

El presidente Javier Milei, el establishment económico y los grandes medios de comunicación ya dan por hecho que el peronismo está roto y que nada impedirá la reelección del oficialismo en 2027. Sin embargo, la historia política argentina demuestra que las certezas suelen durar poco.

Pocos imaginaban que Néstor Kirchner llegaría a la Presidencia en 2003, que Mauricio Macri derrotaría al peronismo en 2015 o que Alberto Fernández ganaría en primera vuelta en 2019. Tampoco muchos anticipaban que Patricia Bullrich vencería a Horacio Rodríguez Larreta en la interna de Juntos por el Cambio para luego terminar tercera en las elecciones generales de 2023. En política, lo que hoy parece irreversible puede cambiar rápidamente.

Con ese diagnóstico, el Gobierno ya comenzó a diseñar su estrategia electoral. La intención de eliminar las PASO forma parte de un plan más amplio: negociar con los gobernadores para garantizarles gobernabilidad en sus provincias a cambio de respaldar la fórmula presidencial libertaria.

En la Casa Rosada lo sintetizan sin demasiados rodeos: “Ya dejamos fuera de competencia a Patricia Bullrich; ahora vamos por el peronismo y después ganamos la reelección”.

El razonamiento oficial es sencillo. Si antes de octubre de 2027 la mayoría de las provincias ya eligió gobernador, muchos mandatarios priorizarán conservar el poder local antes que enfrentar al Gobierno nacional. En ese escenario, una oposición fragmentada sería el mejor aliado de Milei.

Pero ¿qué ocurre dentro del peronismo?

Desde sectores de La Cámpora y del kirchnerismo más duro sostienen que nunca acompañarán una candidatura presidencial de Axel Kicillof. Lo califican de “traidor” y hasta de “nuevo Vandor”. Su planteo es impulsar una candidatura de Cristina Fernández de Kirchner y, si la proscripción judicial lo impidiera, promover a Máximo Kirchner, Eduardo “Wado” de Pedro u otro dirigente identificado con ese espacio.

Sin embargo, cerca de la ex presidenta aseguran que Cristina nunca jugaría deliberadamente a dividir al peronismo. Sería aceptar una derrota anticipada y resignar cualquier posibilidad de que el movimiento vuelva al gobierno. Además, quienes la conocen sostienen que tampoco aceptaría competir en unas PASO cuando hoy las encuestas ubican a Axel Kicillof como el dirigente opositor con mejor proyección nacional.

Del otro lado, Axel Kicillof y los referentes del Movimiento Derecho al Futuro prefieren no responder públicamente a las provocaciones y mantener la hoja de ruta diseñada hace meses.

La estrategia consiste en continuar las recorridas por la provincia de Buenos Aires y, una vez finalizado el Mundial, intensificar las visitas a Catamarca, La Pampa, Mendoza, Misiones, Jujuy y Santiago del Estero, donde distintos sectores del peronismo ya manifestaron su intención de recibir al gobernador bonaerense. También hubo contactos con intendentes del radicalismo y referentes del socialismo.

“Que hablen solos; nosotros no vamos a responder”, resumen desde el entorno de Kicillof.

En ese espacio descuentan que será muy difícil que existan PASO nacionales. Y si el PJ habilitara más de una fórmula presidencial, consideran que primero debería resolverse la discusión en la provincia de Buenos Aires, donde aún existen primarias. Un triunfo contundente allí fortalecería cualquier proyecto nacional.

Mientras Milei trabaja todos los días para asegurar su reelección, el verdadero desafío del peronismo debería ser otro: construir un programa de gobierno capaz de volver a enamorar a la mayoría de los argentinos.

Como suele plantear Axel Kicillof: “No podemos ser tibios ni limitados; cuando tenemos responsabilidades de gestión no podemos resignar la vocación de transformar las estructuras productivas”.

Ese programa debería incluir, entre otros puntos:

  • Renegociar la deuda externa con el FMI y los acreedores privados para recuperar márgenes de crecimiento. Como decía Néstor Kirchner: “Los muertos no pagan”.
  • Derogar la reforma laboral y los decretos que profundizaron la desregulación impulsada por el gobierno libertario.
  • Implementar una política industrial activa con planificación estratégica de los recursos naturales, especialmente Vaca Muerta, incorporando ciencia y tecnología al desarrollo nacional.
  • Defender y fortalecer la salud y la educación públicas como pilares de la igualdad de oportunidades.
  • Duplicar las jubilaciones y mejorar fuertemente el salario.

Juan Domingo Perón advertía que la justicia social debía convertirse en la base de cualquier sistema económico y que el desarrollo sólo era posible poniendo la producción y el Estado al servicio del bienestar colectivo antes que de la especulación.

Hoy ese debate vuelve a estar sobre la mesa.

Porque mientras el Gobierno apuesta a una oposición dividida para perpetuarse en el poder, el verdadero desafío del peronismo no pasa por decidir quién encabeza una boleta, sino por demostrar que todavía es capaz de ofrecer un proyecto de país.

 

 

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