En medio del deterioro económico y del creciente malestar social, el presidente Javier Milei volvió a utilizar un discurso de fuerte confrontación. Esta vez calificó como “terroristas” a quienes piensan distinto y denunció la existencia de “terroristas disfrazados de estudiantes, de periodistas, de profesores y de investigadores”, una definición que despertó preocupación por su gravedad y por las reminiscencias que genera con las etapas más oscuras de la historia argentina.
El mandatario también volvió a responsabilizar a los ciudadanos por la crisis económica que atraviesan miles de familias. Al referirse al endeudamiento de quienes recurren al crédito para comprar alimentos o afrontar gastos básicos, sostuvo que no se trata de un problema del Estado sino de una decisión individual y, con el tono despectivo que suele utilizar, preguntó: “¿Les pusieron una pistola en la cabeza para hacerlo?”.
En ese contexto, Milei también arremetió contra el gobernador bonaerense Axel Kicillof, luego de que éste denunciara que el Gobierno nacional extorsiona a las provincias y cuestionara el rumbo económico de la administración libertaria.
Kicillof recordó que, en 30 meses de gestión, la política económica del Gobierno provocó la pérdida de más de 300 mil puestos de trabajo y el cierre de unas 26 mil empresas. Además, sostuvo que el modelo de primarización de la economía sólo beneficia a unos pocos sectores, mientras se desploman la producción, el consumo y el poder adquisitivo. También advirtió que, con salarios y jubilaciones que no alcanzan y un dólar atrasado, cada vez más familias se ven obligadas a endeudarse para llegar a fin de mes y que la morosidad ya supera los niveles registrados durante la crisis de 2001.
La respuesta presidencial no tardó en llegar. “Su opinión no es relevante. Fue ministro de Economía de la presidiaria, de la chorra”, dijo en referencia a Cristina Fernández de Kirchner. Luego agregó: “Todas las provincias que adhirieron al RIGI crecieron. Los únicos que no adhirieron son La Rioja y Buenos Aires. No crecen porque tienen un comunista de gobernador. Es un mal. Donde un comunista toca algo, lo destruye o lo convierte en excremento”.
Consultado además por la presentación realizada por Cristina Fernández de Kirchner ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU en relación con la condena dictada en la causa Vialidad, Milei respondió: “Que la condenada haga todas las presentaciones que haga. Me importa un rábano”.
Como si eso fuera poco, el Presidente volvió a cargar contra su par brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva. Lo calificó de “chorro” y “ladrón”, sostuvo que “es un presidiario que salió por un recurso administrativo” y, sin presentar pruebas, insistió en que Brasil financió una supuesta campaña contra la Argentina junto al Partido Demócrata de los Estados Unidos.
Mientras millones de argentinos esperan respuestas frente a la inflación, la pérdida del poder adquisitivo y la falta de empleo, el Presidente vuelve a elegir la descalificación, los agravios y la confrontación permanente. Cuando un gobierno deja de discutir soluciones para empezar a señalar enemigos en cada sector de la sociedad, el problema ya no es solamente económico: también es profundamente institucional.
