
“Votar no consiste solamente en depositar una ‘papeleta’ en una urna. Votar es hacer y construir nuestra propia historia argentina y riojana. Es poner el hombro para que, como pueblo, no se nos considere solamente en las urnas sino el gran protagonista y actor en la reconstrucción de la Patria. Es eliminar las causas que engendran injusticias, miserias, odios y éxodos obligatorios.”
Las palabras de monseñor Enrique Angelelli, pronunciadas en 1973, atravesaron el tiempo y volvieron a cobrar una enorme vigencia este fin de semana en La Rioja, cuando el peronismo recordó al obispo asesinado por la última dictadura militar a cincuenta años de su martirio.
El homenaje, impulsado por el gobernador Ricardo Quintela, reunió a dirigentes de doce provincias y se convirtió en mucho más que un acto de memoria. También dejó una señal política: mientras el oficialismo atraviesa crecientes dificultades económicas y sociales, distintos sectores del justicialismo comenzaron a mostrar coincidencias alrededor de un objetivo común: reconstruir la unidad y empezar a diseñar una alternativa de gobierno para 2027.
Entre los presentes estuvieron los legisladores Eduardo “Wado” de Pedro, Germán Martínez, Máximo Kirchner, Victoria Tolosa Paz, Cecilia Moreau, en representación de Sergio Massa, y Cristina Álvarez Rodríguez, enviada por el gobernador bonaerense Axel Kicillof, quien no pudo asistir debido a compromisos asumidos con anterioridad. También participaron el ex senador Jorge Taiana y el secretario general de La Bancaria, Sergio Palazzo.
El eje de la convocatoria fue recordar a Angelelli, declarado mártir y posteriormente beatificado por el papa Francisco, pero el clima político atravesó toda la jornada. Sus reflexiones sobre la pobreza, el trabajo, la justicia social y la responsabilidad de los dirigentes parecieron describir buena parte de la realidad que hoy vive el país.
Durante el acto central, Quintela reivindicó el compromiso del obispo con los trabajadores, los campesinos y los sectores más humildes. “Estoy agradecido por todos los que nos congregamos acá porque es una multitud que le brinda el mejor reconocimiento a quien trabajó denodadamente y dio su vida por los más humildes, los trabajadores, los obreros y los campesinos. Ese es el legado que asumimos con la mayor responsabilidad”, expresó.
Luego recordó otra de las enseñanzas de Angelelli. “Fue el primero en decir que no tengan odio. Nosotros no tenemos odio; tenemos la responsabilidad de asumir el desafío de transformar esta dura realidad que vive el pueblo argentino.” Y concluyó con una convocatoria a construir una alternativa política. “Necesitamos un cambio rotundo en la realidad de la República Argentina.”
Antes del acto principal, Quintela encabezó un encuentro con dirigentes del justicialismo en el Sindicato de Luz y Fuerza, donde volvió a insistir en la necesidad de fortalecer la unidad del movimiento nacional. “Comenzar a discutir la unidad del movimiento nacional justicialista, que si está unido es invencible, en la medida en que podamos despertar el sentimiento de este gigante dormido”, afirmó.
También la homilía del presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Marcelo Colombo, dejó definiciones que fueron interpretadas en clave política. Sin mencionar nombres, llamó a dejar de lado las disputas estériles y recordó que ninguna construcción colectiva tiene sentido si no está orientada a mejorar la vida de las personas.
“Los movimientos sociales, las grandes proclamas políticas en favor del pueblo y las ideologías comunitarias no sirven para nada si no están orientadas a la promoción de las personas”, sostuvo. Y, en otro pasaje, cuestionó un modelo económico que naturaliza la exclusión. “No basta con exaltar la libertad individual o la iniciativa privada si después se acepta que una multitud de personas siga viviendo sin un trabajo digno, sin tutelas y sin acceso a los bienes fundamentales.”
La jornada también tuvo un momento de profunda emoción con el homenaje a José Luis Goyochea y Nélida Noemí Moreno, el matrimonio riojano secuestrado y desaparecido durante la última dictadura, cuyos restos fueron recientemente identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense y descansan hoy en el solar “Pastoral Angelelliana”, junto a la Ermita “El Pastor”.
Cincuenta años después de su asesinato, las palabras de Enrique Angelelli conservan una vigencia que incomoda. En tiempos de ajuste, pérdida del poder adquisitivo y creciente desigualdad, su llamado a construir una patria con justicia social volvió a escucharse con fuerza en La Rioja. El desafío ahora es que ese mensaje no quede reducido a un homenaje, sino que se transforme en una propuesta política capaz de devolverle esperanza a una sociedad golpeada. Porque, como enseñaba Angelelli, la historia no la cambian los discursos: la cambian los pueblos cuando deciden convertirse en protagonistas.
