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13 mayo, 2026
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Milei en caída libre y Kicillof en ascenso: el desgaste que ya no se puede tapar

El derrumbe de la imagen de Javier Milei se acelera en medio de protestas masivas, denuncias de corrupción y un creciente malestar social que atraviesa a buena parte de la sociedad. En paralelo, la figura de Axel Kicillof gana terreno en las encuestas y empieza a consolidarse como la principal referencia opositora.

Luego de la masiva marcha en todo el país contra la política del gobierno nacional hacia la universidad pública —señalada por amplios sectores como un ataque directo al sistema educativo—, el escenario político comienza a mostrar señales cada vez más claras de desgaste para el oficialismo. A esto se suman nuevos escándalos, entre ellos denuncias sobre presuntos sobresueldos en el gabinete, que profundizan la desconfianza social.

Los números reflejan con crudeza ese deterioro. Según un estudio de la consultora Sentimientos Públicos, el rechazo a la figura presidencial en el AMBA alcanza el 76%. El dato más alarmante para el gobierno aparece en franjas etarias clave: entre millennials y generación X (29 a 44 años), el 80% asegura que no volvería a votar a Milei. Además, el presidente habría perdido casi la mitad de sus votantes originales de 2023.

En la misma línea, un relevamiento del CEOP, dirigido por Roberto Bacman, muestra una imagen negativa del 65,3% frente a una positiva de apenas 34,5%. El contraste con el inicio de su gestión es contundente: asumió con un 61% de imagen positiva y hoy esos números parecen haber quedado en el pasado.

Las preocupaciones sociales también marcan el pulso del descontento: bajos salarios (41,2%), corrupción (32,6%), falta de trabajo (23,1%) y pobreza (19,5%) encabezan la lista. En ese contexto, el 68,1% de los encuestados afirma no confiar en el modelo económico del gobierno.

El clima emocional tampoco juega a favor del oficialismo. Casi la mitad de la población (46,9%) expresa bronca frente a las políticas actuales, mientras que la esperanza se reduce a un 23,7% y la incertidumbre alcanza al 20,2%.

En ese escenario de caída, comienza a destacarse el crecimiento de Kicillof. En intención de voto espontánea, el gobernador bonaerense aparece con un 27%, superando a Milei (24,3%) y dejando muy atrás a otros dirigentes como Myriam Bregman, Mauricio Macri, Cristina Fernández de Kirchner, Juan Grabois y Patricia Bullrich.

Sin haber lanzado formalmente una candidatura, Kicillof empieza a posicionarse como la principal alternativa. Su presencia en la calle, su participación en movilizaciones y su discurso centrado en la producción, el trabajo y el rol del Estado lo colocan como una contracara nítida del modelo libertario.

El gobernador apuesta a construir un programa político sólido: desarrollo industrial, fortalecimiento de la educación y la salud públicas, recuperación del poder adquisitivo y un esquema económico que priorice a las mayorías. En un contexto de crisis, esa propuesta empieza a encontrar eco en una sociedad cada vez más golpeada.

Cuando la realidad empieza a desmentir el relato, no hay marketing que alcance. El gobierno de Milei, que prometía dinamitar el sistema, hoy parece atrapado en sus propias ruinas. Y mientras el desgaste se profundiza, Kicillof avanza sin gritar, pero con un dato que en política vale más que mil discursos: cada vez son más los que lo empiezan a ver como la salida.

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