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21 junio, 2026
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Acto por Cristina y la necesidad del peronismo de resolver las internas en una PASO

A un año de la detención de Cristina Fernández de Kirchner, cientos de militantes encabezados por La Cámpora se congregaron en Parque Lezama para reclamar su liberación y denunciar su proscripción política. Entre banderas de “Cristina Libre”, columnas del Partido Justicialista, el Frente Renovador, el Movimiento Derecho al Futuro, organizaciones sociales y sectores sindicales, el acto volvió a mostrar el cariño de la militancia por la ex presidenta injustamente detenida.

El único orador fue Máximo Kirchner, líder de La Cámpora y diputado nacional, quien centró su discurso en dos ejes: el reclamo por la libertad de Cristina y el debate sobre el futuro del peronismo. Según sostuvo, “la única manera de que la patria recupere el sendero de crecimiento es con el peronismo en el camino”.

También cuestionó a los dirigentes que relativizan la conducción política de Cristina Fernández de Kirchner y afirmó que muchos de ellos “buscan negar su figura, transformados en consultores y olvidando ser militantes”.

En otro tramo de su discurso, y sin mencionarlo explícitamente, volvió a marcar diferencias con el gobernador bonaerense Axel Kicillof al señalar que “aboguemos por una candidata y no por un candidato por default”, una frase que fue interpretada como una nueva señal de la tensión interna que atraviesa al principal espacio opositor.

Sin embargo, más allá de los posicionamientos sectoriales, el problema de fondo para el peronismo parece ser otro: cómo construir una alternativa electoral competitiva de cara a 2027 con Cristina fuera de la contienda electoral y con una situación judicial que difícilmente se modifique en el corto plazo.

La discusión ya no debería girar únicamente en torno a quién tiene más poder interno, sino sobre cuál es el mecanismo más democrático para definir liderazgos. En ese sentido, una PASO abierta aparece como la herramienta más razonable para ordenar las distintas expresiones del peronismo y legitimar una candidatura presidencial.

Hoy son varios los dirigentes que aspiran a ocupar ese lugar. Axel Kicillof aparece como uno de los que mejor mide en las encuestas. También asoman nombres como Jorge Brito, Sergio Uñac, Guillermo Michel, Juan Manuel Olmos, Victoria Tolosa Paz y el propio Sergio Massa, que mantiene influencia dentro de un sector importante del espacio.

Desde La Cámpora, en cambio, se insiste con la idea de impulsar una candidatura de Cristina. Máximo Kirchner lo planteó recientemente en una entrevista televisiva. Sin embargo, resulta difícil imaginar que una postulación de la ex presidenta pueda prosperar judicialmente y existe el riesgo de que una estrategia basada exclusivamente en esa expectativa termine debilitando las posibilidades electorales del peronismo.

Son muchos los nombres en danza y seguramente varios quedarán en el camino. Pero el desafío no es personal sino colectivo. Si las PASO fueran suspendidas, el peronismo deberá encontrar algún mecanismo interno transparente para resolver sus diferencias, algo que no ocurre desde 1988, cuando Carlos Menem y Antonio Cafiero disputaron la candidatura presidencial en una histórica interna partidaria.

Para una parte importante del movimiento, la etapa de las candidaturas definidas exclusivamente por consenso o por la decisión de una sola figura política parece haber llegado a su límite, especialmente después de la experiencia de la fórmula encabezada por Alberto Fernández en 2019. Otros imaginan variantes similares a los antiguos neo-lemas del 2003, pero una fragmentación de tres o cuatro candidaturas peronistas sería funcional a los intereses de Javier Milei.

La discusión, entonces, no es sólo quién conduce, sino cómo se construye una mayoría capaz de volver a enamorar a una sociedad golpeada por el ajuste, la caída del consumo, el deterioro industrial y la pérdida de derechos laborales y sociales.

El peronismo enfrenta una decisión histórica: seguir atrapado en las internas interminables o resolver sus diferencias en las urnas. Porque mientras algunos dirigentes discuten nombres y candidaturas, Milei gobierna sin una oposición unificada que le dispute el rumbo del país. La lealtad a Cristina puede ser un punto de partida, pero no alcanza para ganar una elección. Como enseñó Perón, la conducción se legitima con votos. Y si el peronismo quiere volver a ser gobierno, deberá recordar una vieja máxima que hoy suena más vigente que nunca: el que gana conduce y el que pierde acompaña.

 

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