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25 junio, 2026
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El peronismo está roto: antes de elegir nombres, debe elegir un rumbo

Por Alfredo Silletta

Mientras La Libertad Avanza, el PRO y sectores del radicalismo exhiben disputas públicas pero mantienen una unidad estratégica para sostener un proyecto económico que está destruyendo la producción nacional, el empleo y el poder adquisitivo de millones de argentinos, el peronismo atraviesa una crisis de conducción que amenaza con profundizar su fragmentación.

Resulta llamativo observar cómo el monopolio Clarín, pieza central del establishment económico, puede pasar en cuestión de horas de cuestionar duramente a Manuel Adorni y amenazar a Milei de quedarse sin relección a cambiar cuando el gobierno cede y le entrega Telefónica al Grupo, y modificar las tapas de  Manuel Adorni a Martín Insaurralde.

Mientras tanto, los verdaderos problemas de la Argentina —la caída de la industria, el deterioro salarial, el endeudamiento de las familias, el ajuste sobre jubilados y universidades— quedan relegados a un segundo plano.

En este contexto, desde hace meses se profundizan los ataques de sectores del peronismo contra el gobernador bonaerense Axel Kicillof, el dirigente que mejor mide, recrudecidos luego del acto encabezado por Máximo Kirchner en Parque Lezama. Ver a personajes como Sergio Berni o Mario Ishii dan vergüenza ajena.

Sin embargo, el problema central no es una persona ni un sector: el problema es que el peronismo todavía no logró ordenar una discusión política capaz de ofrecer una alternativa clara frente al proyecto de país que impulsa la derecha.

La realidad es que el peronismo debe resolver rápidamente sus diferencias y presentar una propuesta contundente para la Argentina que viene. De lo contrario, corre el riesgo de convertirse en responsable indirecto de otros cuatro años de políticas que ya demostraron sus consecuencias: cierre de empresas, destrucción de empleo, tarifazos permanentes, caída del consumo, deterioro de la salud y la educación pública y una creciente pérdida de soberanía económica.

La dirigencia peronista debe asumir que probablemente ya no exista margen para una síntesis previa entre todos los sectores. Por eso las PASO aparecen como la herramienta más democrática para resolver liderazgos y legitimar candidaturas. Pero las internas sólo tendrán sentido si antes existe una discusión seria sobre programas y proyectos de gobierno.

Hoy pueden identificarse distintas propuestas dentro del movimiento:

  1. La propuesta de Máximo Kirchner

Máximo Kirchner sostiene que Cristina Fernández de Kirchner debe encabezar una fórmula presidencial y que, en caso de que la Justicia impida su participación, asuma quien la acompañe. La referencia histórica es la estrategia impulsada por Juan Domingo Perón durante su exilio con la candidatura de Andrés Framini en 1962. Sin embargo, las realidades son diferentes y la sociedad argentina enfrenta desafíos muy distintos a los de aquella época. Como escribió Karl Marx, la historia suele repetirse: primero como tragedia y luego como farsa.

  1. La propuesta de Axel Kicillof

El gobernador bonaerense aparece hoy como uno de los dirigentes con mejor imagen dentro del campo nacional y popular. Diversas encuestas muestran que puede competir de igual a igual con Javier Milei. Su principal desafío es transformar esa fortaleza electoral en una propuesta concreta de gobierno, explicitando cuáles serían las primeras medidas para reconstruir el empleo, recuperar salarios y jubilaciones, fortalecer el mercado interno y volver a poner al Estado al servicio del desarrollo nacional.

  1. La propuesta de Jorge Brito

Otro sector impulsa la figura del empresario y banquero Jorge Brito. Su eventual candidatura es promovida por dirigentes vinculados al denominado Grupo Federal. Sus impulsores lo presentan como una figura capaz de combinar estabilidad económica con desarrollo productivo. Hasta ahora cuenta con respaldo de sectores económicos, pero todavía debe demostrar que puede construir una base política y electoral propia.

  1. La propuesta de Sergio Uñac

El ex gobernador de San Juan también expresó su voluntad de competir por la Presidencia. Mantiene diálogo con Cristina Fernández de Kirchner y con sectores del interior del país. No obstante, enfrenta cuestionamientos por algunas posiciones adoptadas desde el Senado de apoyo a iniciativas impulsadas por el gobierno libertario.

Hay algunas otras figuras que le gustarían jugar como Sergio Massa o Martín Llaryora pero hoy están lejos de ser opción electoral.

Al mismo tiempo, algunos sectores plantean reemplazar las PASO por un sistema similar a los antiguos NEO-LEMAS de 2003. La experiencia histórica demuestra que esa alternativa podría resultar extremadamente riesgosa. Si el peronismo llega dividido a la elección general, las posibilidades de una victoria de la derecha en primera vuelta aumentan considerablemente.

Por eso la discusión principal no debería ser quién encabeza una boleta, sino qué proyecto de país propone cada dirigente.

Los candidatos del peronismo deberían expresar con claridad cuáles son sus compromisos concretos ante la sociedad:

  • Derogar los decretos de necesidad y urgencia del gobierno libertario que vulneran derechos y atribuciones del Congreso.
  • Recuperar salarios y jubilaciones mediante aumentos de emergencia y paritarias libres.
  • Derogar la reforma laboral impulsada por el actual gobierno.
  • Replantear la relación con el FMI, renegociar la deuda externa y avanzar en una política exterior soberana, incluyendo el fortalecimiento de vínculos con los BRICS.
  • Modificar la Corte Suprema llevándola a 9 o 12 miembros para que pierda poder la casta judicial.
  • Construir un sistema tributario donde los sectores de mayor capacidad contributiva aporten más al financiamiento del Estado.
  • Consolidar el control estratégico de YPF y de los recursos energéticos, y que el precio de los combustibles y el gas se diferencie entre los argentinos que lo consumen y lo que se exporta.
  • Impulsar una empresa nacional de minería que permita que una parte sustancial de la renta de los recursos naturales quede en manos de los argentinos.
  • Reactivar la obra pública como motor de empleo y desarrollo.
  • Defender la salud y la educación pública como pilares de la movilidad social.

El peronismo enfrenta uno de los momentos más difíciles de su historia reciente. Tiene dirigentes, estructura territorial y millones de argentinos que todavía esperan una alternativa al ajuste y la entrega. Pero el tiempo corre. Si la discusión sigue girando alrededor de nombres, cargos y operaciones internas, la derecha llegará fortalecida a 2027. La sociedad no reclama una nueva pelea entre dirigentes: reclama un proyecto de país. El desafío del peronismo no es elegir un candidato; es volver a representar una esperanza. Porque si no logra construir una propuesta clara, los únicos que seguirán ganando serán los mismos grupos económicos que se enriquecen mientras la Argentina se empobrece.

 

 

 

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