Más allá de las polémicas declaraciones del nuevo vocero presidencial, Adrián Ravier, quien sostuvo que las familias “deben saber hasta dónde pueden tomar créditos” porque no pueden “llevar la tarjeta al límite y después quedar apretadas”, el Gobierno volvió a sumar un nuevo episodio de desprecio hacia los argentinos que todos los días hacen malabares para llegar a fin de mes frente al aumento constante de los servicios, el transporte y los alimentos.
Esta vez fue la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, quien generó un fuerte rechazo al confirmar que las autoridades argentinas acordaron con representantes de la FIFA, el FBI y fuerzas de seguridad de Estados Unidos e Inglaterra que los hinchas argentinos no podrán ingresar al estadio con banderas o remeras que hagan referencia a las Islas Malvinas durante el partido entre Argentina e Inglaterra.
La funcionaria explicó que, en una reunión de coordinación de seguridad, se estableció que no podrá ingresar “contenido provocativo” al estadio.
“Tuvimos una reunión y definimos que no se podrá entrar a la cancha con contenido provocativo”, afirmó Monteoliva en FM Now. Consultada sobre si el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas estaba incluido en esa prohibición, respondió afirmativamente.
“Banderas con las Malvinas es contenido político. No pueden ingresar banderas con contenido político. Sí la bandera argentina o inglesa, pero nada que contenga algún mensaje que pueda provocar algún tipo de situación”, agregó.
Las declaraciones provocaron una inmediata reacción de los excombatientes de Malvinas, especialmente del CECIM La Plata (Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas), que emitió un duro comunicado contra la ministra.
“La ministra ahora se puso la gorra del FBI. Es una funcionaria argentina y debe cumplir con la Constitución Nacional. Se olvida de la Disposición Transitoria Primera, que ratifica la legítima e imprescriptible soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes. Su recuperación constituye un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino. Alejandra Monteoliva, otra funcionaria colonizada. ¡Qué vergüenza! Reprime a los jubilados y entrega Malvinas”, expresaron.
La postura de Monteoliva coincide con la del presidente Javier Milei, quien nunca ocultó su admiración por Margaret Thatcher, la primera ministra británica que condujo al Reino Unido durante la Guerra de Malvinas y ordenó el hundimiento del crucero ARA General Belgrano, fuera de la zona de exclusión, donde murieron 323 argentinos.
“Ella fue brillante”, llegó a decir Milei sobre la dirigente conservadora, una frase que provocó un amplio repudio entre veteranos de guerra y distintos sectores políticos y sociales.
Como si eso fuera poco, trascendió que el Presidente analiza viajar al Reino Unido durante el último trimestre del año para organizar una “Argentina Week” en Londres, una iniciativa similar a la que ya impulsó en Nueva York.
Quienes peinamos canas y militamos desde hace décadas sabemos perfectamente qué significa ser un cipayo. Pensadores nacionales como Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Juan José Hernández Arregui y Jorge Abelardo Ramos explicaron con claridad cómo actúan quienes subordinan los intereses nacionales a los poderes extranjeros.
Las decisiones y los gestos del gobierno de Javier Milei parecen confirmar, una vez más, aquella definición inmortal de Jauretche: “Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende”.
Cuando defender la soberanía pasa a ser considerado una provocación y rendir pleitesía a las potencias extranjeras se convierte en política de Estado, el problema ya no es solamente diplomático: es una renuncia explícita a la dignidad nacional.
