El gobierno entregista de Javier Milei avanzó recientemente con una reforma laboral que significó una poda brutal de derechos conquistados durante décadas: vacaciones, indemnizaciones, horas extra y hasta el derecho a huelga quedaron bajo ataque.
Y mientras eso pasaba, la CGT eligió no enfrentarlo en la calle. No hubo paro general. Hubo espera hasta que se apruebe… para después ir a la Justicia. Cómo si los derechos se defendieran en tribunales y no en la calle.
Ahora bien… ¿sabías que hubo otra CGT? ¿Otro movimiento obrero? Uno que no esperaba fallos judiciales, sino que enfrentaba dictaduras y gobiernos entreguistas con dirigentes presos, perseguidos, desaparecidos o directamente asesinados.
