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27 abril, 2026
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El 30 a Plaza de Mayo: la CGT reacciona tarde y las bases le marcan la cancha frente a un gobierno que arrasa derechos

“Están aburguesados”. La frase no viene de un opositor mediático sino de un dirigente sindical que, con crudeza, expone lo que muchos piensan por abajo: la conducción de la CGT llegó tarde, incómoda y obligada a una pelea que las bases ya venían dando en la calle.

Durante meses, la central obrera apostó a los tribunales para frenar la reforma laboral del gobierno de Javier Milei. Pero la jugada terminó en un golpe seco: el fallo del juez Víctor Arturo Pesino habilitó su aplicación y dejó al sindicalismo tradicional en evidencia. Para peor, casi en simultáneo, el Gobierno publicó en el Boletín Oficial una medida que le permitiría al magistrado extender su permanencia, alimentando sospechas y mostrando, una vez más, cómo se mueven los hilos del poder.

El resultado fue un cachetazo político. Y la reacción no tardó: la CGT anunció que el próximo 30 de abril movilizará a Plaza de Mayo bajo la consigna de defender el empleo. Participarán gremios como UPCN, UOCRA, Sanidad, Camioneros y Judiciales, junto a movimientos sociales como la UTEP. También habrá una misa en homenaje al papa Francisco, a un año de su fallecimiento. Pero detrás de la liturgia, lo que se juega es otra cosa: recuperar la iniciativa frente a un gobierno que avanza sin freno.

Porque mientras la CGT dudaba, el ajuste avanzaba. Más de 21 mil empresas cerradas, salarios destruidos y una reforma laboral que, lejos de “modernizar”, precariza y recorta derechos históricos. El diagnóstico en la calle es claro: la defensa no se hace en tribunales, se hace con movilización.

En paralelo, el Frente de Sindicatos Unidos (FreSu) acelera por otro carril. El 1° de mayo reunirá a más de 1.500 delegados de más de 140 organizaciones en Pilar, con el objetivo de construir un programa propio del movimiento obrero. Dirigentes como Rodolfo Aguiar (ATE) lo dicen sin vueltas: no se puede dejar el futuro de los trabajadores en manos de una Corte alineada con el poder político y económico.

La tensión es evidente: una CGT que corre de atrás y un sindicalismo más combativo que busca tomar la posta. Todo en un contexto donde el gobierno libertario empuja un modelo que combina ajuste brutal, transferencia de ingresos hacia los sectores concentrados y un desprecio explícito por los derechos laborales.

La marcha del 30 no es solo una protesta: es un examen. Para la CGT, que llega forzada por sus propias bases. Y para el gobierno, que cree que puede disciplinar a los trabajadores con decretos y jueces amigos. Pero la historia argentina ya lo demostró: cuando el ajuste aprieta y la bronca crece, la calle deja de pedir permiso… y pasa factura.

Desde este portal compartimos la historia de lucha del movimiento obrero entre 1955 y 1968, que incluyó los plenarios de La Falda (1957) y Huerta Grande (1962), así como la conformación de la CGT de los Argentinos (1968), ejemplos de organización y resistencia en defensa de los trabajadores.

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