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6 junio, 2026
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La muerte del Indio dejó al descubierto el vacío cultural de Milei

Por Alfredo Silletta

La muerte de un ídolo popular cambia para siempre la fisonomía sentimental de un pueblo. Sucedió con Hipólito Yrigoyen, con Carlos Gardel, con Eva Perón, con Juan Domingo Perón, con Néstor Kirchner y con Diego Maradona. Y volvió a ocurrir con Carlos “Indio” Solari.

El país se paralizó. De manera espontánea, miles y miles de argentinos salieron a plazas, parques y esquinas para recordarlo entre canciones, lágrimas y abrazos. No hubo estructuras partidarias ni convocatorias oficiales. Hubo simplemente un fenómeno popular despidiendo a uno de los artistas más influyentes de la historia argentina.

El gobierno nacional, en cambio, quedó desconcertado frente a un acontecimiento que excede la lógica de las redes sociales y las encuestas. Javier Milei eligió el silencio y no emitió ningún mensaje público de condolencias ni de reconocimiento a la trayectoria del músico. Una ausencia que rápidamente se convirtió en tema de debate.

Las redes sociales rescataron viejas publicaciones del Presidente. El 5 de mayo de 2017, tras el multitudinario recital de Olavarría, Milei escribió: “Si al Indio Solari le gusta tanto el paraíso comunista que viva en Cuba o Corea del Norte”. Más tarde volvió a cuestionarlo, calificándolo de “comunista” y criticando su estilo de vida. Esos mensajes reaparecieron con fuerza mientras millones de personas despedían al cantante.

En las primeras horas posteriores al fallecimiento, el gobierno tampoco ofreció espacios públicos emblemáticos para una despedida oficial. Con el correr del día, y a medida que la magnitud de la reacción popular se hacía evidente, comenzaron a circular versiones sobre contactos con la familia y posibles alternativas para organizar el velatorio.

La dimensión del fenómeno obligó incluso a los grandes medios a modificar sus agendas. Las internas del oficialismo, las disputas entre Karina Milei y Patricia Bullrich y los temas habituales de la política quedaron desplazados por una sola noticia: la muerte del Indio. Durante horas, radios, canales de televisión y plataformas digitales transmitieron testimonios de fanáticos, músicos y referentes culturales que intentaban explicar un fenómeno que trasciende largamente al rock.

Desde distintos sectores políticos llegaron homenajes y mensajes de despedida. Cristina Fernández de Kirchner, Axel Kicillof, gobernadores, intendentes, dirigentes sociales, artistas y deportistas destacaron la figura del músico. Incluso quienes nunca compartieron sus ideas reconocieron el peso cultural de una obra que marcó a varias generaciones.

 

Axel Kicillof decretó tres días de duelo en la provincia de Buenos Aires, medida que también adoptaron varios municipios, entre ellos La Plata, ciudad donde Solari inició su recorrido artístico junto a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

La familia confirmó además la realización de un velatorio público, cuya organización terminó de definirse en medio de una movilización popular pocas veces vista para despedir a un artista argentino.

La muerte del Indio Solari no sólo conmovió al país. También expuso el límite de un proyecto político que entiende la sociedad como una suma de individuos y consumidores. Mientras millones de personas salían a las calles para despedir a uno de los suyos, el gobierno quedó atrapado en un silencio incómodo. Porque hay fenómenos que no se pueden medir en los mercados ni en las redes: pertenecen al territorio profundo de la cultura popular. Y allí, una vez más, el mileísmo demostró que sigue siendo un extraño.

 

 

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