Mientras una multitud salió a recibir a los jugadores de la Selección Argentina en un eterno agradecimiento por lo realizado en el Mundial, el presidente Javier Milei intentó explicar por qué no decretó un feriado y habló de supuestas conversaciones para organizar los festejos que, según él, nunca pudieron concretarse.
La realidad fue otra. Nunca existió un diálogo entre el Gobierno nacional, la AFA y la Provincia de Buenos Aires. Todo quedó reducido a un relato que terminó desmoronándose. En el fondo, todavía persiste el malestar oficial por la firme postura de los futbolistas en defensa de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas.
Después de un mes inolvidable, con una Selección que volvió a emocionar y unir a millones de argentinos, regresó la dura realidad cotidiana: una política económica marcada por el ajuste permanente, el aumento del costo de vida y la pérdida constante del poder adquisitivo. Mientras suben las tarifas, los alimentos y los alquileres, los salarios y las jubilaciones continúan perdiendo frente a la inflación.
Servicios públicos cada vez más caros
Desde la llegada de Milei a la Casa Rosada, los aumentos en los servicios públicos no se detuvieron. Solo durante julio, la canasta de servicios registró un incremento del 4,6%, representando ya cerca del 15% del salario promedio de una familia. El mayor consumo de electricidad y gas durante el invierno se suma a nuevos aumentos tarifarios.
Los principales incrementos fueron:
- Gas: el cargo fijo aumentó 2,8% y el variable 3%. Sumado al mayor consumo invernal, las facturas registran un incremento promedio del 5,2%.
- Electricidad: los usuarios sin subsidios afrontan subas del 3% en el cargo fijo y del 5,7% en el variable. El impacto final alcanza un aumento del 12,5% respecto de junio.
- Agua: fue el único servicio con una leve baja del 4,6%, producto de una reducción excepcional del componente variable.
- Transporte: los colectivos volvieron a aumentar entre un 3,2% y un 4,1%, según la jurisdicción, elevando otro 3,7% el gasto de las familias.
El informe concluye que el aumento de la canasta de servicios responde tanto a las nuevas tarifas como al mayor consumo energético propio del invierno.
Cada vez menos carne en la mesa
La otra cara del ajuste aparece en el consumo. Durante el primer semestre de 2026, el consumo de carne vacuna cayó más del 11% como consecuencia de la pérdida del poder adquisitivo.
Según la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (CICCRA), la producción también retrocedió un 6,2% interanual. Sin embargo, mientras las exportaciones continúan siendo un gran negocio para los frigoríficos, el mercado interno sigue desplomándose.
El consumo anualizado descendió a apenas 47 kilos por habitante, uno de los niveles más bajos de los últimos años. Son más de cuatro kilos menos por persona respecto del mismo período del año pasado, reflejando una tendencia que ya se consolidó: los argentinos comen cada vez menos carne porque simplemente no pueden pagarla.
Hay plata para reprimir, pero no para los jubilados
Mientras aumentan las tarifas y cae el consumo de alimentos, el Gobierno insiste con el discurso de que “no hay plata” para mejorar las jubilaciones o recuperar los salarios.
Sin embargo, un informe del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), elaborado con datos oficiales del Ministerio de Seguridad que conduce Alejandra Monteoliva, revela otra realidad.
Cada operativo de las fuerzas de seguridad destinado a reprimir las marchas de jubilados costó, en promedio, casi 50 millones de pesos entre combustible y equipamiento. El propio CELS aclara que esa cifra es conservadora porque no incluye horas extras ni otros gastos operativos de los cerca de 40 mil efectivos desplegados durante los distintos procedimientos.
En total, durante 2025 se realizaron 43 operativos con participación de Gendarmería, Policía Federal y Prefectura Naval.
Según el organismo, el dinero destinado a esos operativos equivale a 5.578 jubilaciones mínimas con bono incluido. Una cifra que expone con claridad cuáles son hoy las prioridades del Gobierno nacional.
La euforia popular por la Selección duró apenas unas semanas. El regreso a la rutina volvió a enfrentar a millones de argentinos con una realidad mucho más dura: tarifas impagables, alimentos cada vez más caros, salarios que no alcanzan y jubilados condenados a la pobreza. El Gobierno podrá construir relatos, buscar excusas o inventar diálogos que nunca existieron. Pero hay algo imposible de ocultar: la verdadera motosierra nunca fue contra la casta. Fue, y sigue siendo, contra el bolsillo de los argentinos.
