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14 agosto, 2026
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De Lamelas a Braden: cuando un embajador habla como virrey y Milei responde como un cipayo

Por Alfredo Silletta

Mientras el presidente Javier Milei juraba que en agosto de 2026 la inflación sería cero, la realidad volvió a darle un cachetazo: fue del 2,1% y acumula un 19,3% en lo que va del año. A esto se suma el creciente endeudamiento de las familias para llegar a fin de mes, con salarios y jubilaciones congelados y aumentos permanentes en transporte, luz, gas, agua e internet.

Con un Milei que supera el 60% de imagen negativa y un establishment económico preocupado ante la posibilidad de que el peronismo y Axel Kicillof vuelvan a tener posibilidades electorales, comenzaron a aparecer posibles candidatos alternativos. Primero fue el banquero Jorge Brito y ahora aparece el empresario Daniel Hadad, dueño de Infobae y cercano a la Embajada de Estados Unidos.

Pero mientras algunos buscan candidatos para evitar el regreso del peronismo, el Gobierno parece cada vez más dispuesto a entregar decisiones estratégicas de la Argentina.

Ayer se vivió otro episodio que debería preocupar a cualquier argentino que defienda la soberanía nacional. El embajador de Estados Unidos en nuestro país, Peter Lamelas, volvió a presionar para excluir la tecnología china de Vaca Muerta y advirtió a empresas argentinas sobre sus vínculos con Huawei. Incluso llegó a amenazar con retirar visas a integrantes de la cooperativa CALF de Neuquén si trabajaban con la compañía tecnológica china.

Durante el AmCham Energy Summit, Lamelas sostuvo que la seguridad energética y de los datos constituye “seguridad nacional” para ambos países y afirmó que el futuro energético mundial estará ligado a Vaca Muerta.

El embajador habló como si fuera el verdadero dueño de los recursos argentinos. Llegó incluso a cuestionar la utilización de tecnología china en Vaca Muerta y puso como ejemplo la prohibición estadounidense sobre Huawei.

China respondió y Milei guardó silencio

La Embajada de China respondió pocas horas después y acusó a Lamelas de formular una “calumnia sin ningún fundamento” y de utilizar el concepto de seguridad nacional para “sembrar miedo en el mercado”.

También defendió a Huawei y cuestionó las restricciones comerciales impulsadas por Estados Unidos, al señalar que la política de exclusión y proteccionismo no se corresponde con una Argentina que pretende mostrarse abierta a las inversiones.

Lo llamativo es que, mientras dos potencias discuten públicamente sobre el futuro energético y tecnológico de nuestro país, el presidente Milei y su canciller permanecen en silencio.

El Gobierno que habla permanentemente de libertad parece olvidar que la libertad también significa que la Argentina pueda decidir con quién comercia, qué tecnología utiliza y cómo administra sus recursos estratégicos.

Ochenta años después, la historia vuelve a golpear la puerta

Y aquí aparece una historia que los argentinos no deberíamos olvidar.

Hace 80 años, otro embajador norteamericano llegó a la Argentina con pretensiones similares. Se llamaba Spruille Braden y mantuvo varias reuniones con Juan Domingo Perón. La última, realizada el 5 de julio de 1945, fue particularmente conflictiva.

El encuentro tuvo lugar en el edificio del Ministerio de Guerra. Braden le planteó a Perón la necesidad de que el gobierno norteamericano se hiciera cargo de las empresas alemanas expropiadas y permitiera la utilización del espacio aéreo nacional por parte de compañías aéreas norteamericanas.

El mensaje era claro: si Perón aceptaba esas condiciones, Estados Unidos no interferiría en una eventual candidatura del coronel.

Perón escuchó y le señaló a Braden que había un solo problema para aceptar la propuesta.

¿Cuál es el problema? —le preguntó un intrigado Braden.

Perón respondió:

Pues que en mi país, al que hace eso, se lo llama hijo de puta.

Ochenta años después, la historia parece volver a plantear la misma pregunta: ¿qué hace un gobierno cuando una potencia extranjera pretende decidir qué puede hacer la Argentina con sus propios recursos?

La diferencia es que aquella vez hubo un Perón que puso la soberanía por delante de cualquier conveniencia personal. Hoy tenemos un gobierno que parece dispuesto a escuchar primero a las embajadas y después, si queda tiempo, a los argentinos.

Y quizás por eso aquella frase de Perón siga teniendo tanta vigencia: la Argentina puede tener muchos problemas, pero el peor sería que quienes gobiernan olviden de qué lado de la mesa tienen que sentarse.

 

 

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