Después de que Javier Milei asegurara que durante su gobierno se enfrentó a 30 mil terroristas y a siete intentos de golpe de Estado, el ministro de Economía, Luis Caputo, decidió subir todavía más la apuesta retórica: calificó al gobernador bonaerense Axel Kicillof como el “anticristo” y sostuvo que el kirchnerismo representa “el infierno”.
Las declaraciones fueron realizadas durante el CFO Summit 2026, donde Caputo defendió el rumbo económico del Gobierno y cargó duramente contra Kicillof y el kirchnerismo. “El kirchnerismo es el infierno y Kicillof es el anticristo, así está visto realmente, y yo entiendo que la gente lo ve así, porque efectivamente lo es”, afirmó.
La frase llegó mientras el Gobierno intenta sostener su relato de recuperación económica frente a una serie de indicadores que muestran un escenario bastante más complejo. En julio, la actividad económica cayó 2,9% mensual y la pobreza alcanzó el 32,3%, mientras que JP Morgan redujo su previsión de crecimiento para Argentina para 2026 del 2,7% al 1,5% y advirtió sobre una contracción de la economía durante el tercer trimestre.
Es justamente en ese contexto donde la explicación de Caputo resulta llamativa: cuando los números generan dificultades para el Gobierno, el debate económico parece desplazarse hacia el terreno de las etiquetas, los enemigos y las condenas morales.
El ministro también cuestionó a quienes reclaman una devaluación del peso y utilizó una fuerte descalificación para referirse a ellos: “Lo voy a decir de manera gráfica: esas momias, porque no queda otra palabra, o miserables que realmente piensan solo en sí mismos y quieren una Argentina pobre, una Argentina donde puedan pagar salarios pobres, tengamos una economía cerrada”.
Caputo sostuvo que ese modelo supone que “la gente subsidia” a esos sectores a través de los precios y acusó a quienes lo promueven de “jugar a ser megaempresarios”.
En contraposición, defendió el objetivo oficial de alcanzar una Argentina con “salarios competitivos” y afirmó que la productividad debe surgir de “menores impuestos, menores regulaciones” y una reducción del costo financiero, y no de una devaluación que reduzca los salarios medidos en dólares.
En otro tramo de su exposición volvió sobre Kicillof y vinculó su crítica con el nivel de los salarios y el costo de la construcción.
“La verdadera productividad se genera de esta manera, no pagando salarios de 300 dólares a los obreros para que los que tenemos plata podamos construir una casa a 800 dólares el metro”, sostuvo.
También cuestionó al gobernador bonaerense por sus posiciones respecto de los viajes de los argentinos al exterior. “Esa es la Argentina que por ahí quiere Kicillof, le molesta que la gente viaje al exterior”, afirmó.
Luego involucró a Cristina Fernández de Kirchner y sostuvo que Kicillof debería “ponerse de acuerdo” con ella. “Recuerdo que la expresidenta decía que ella veraneaba en Disney o en Nueva York, como toda la gente de clase media”, señaló.
Y concluyó: “Parece que Kicillof eso no quiere que la gente tenga la opción de viajar afuera, sino que esté obligada a elegir Argentina”.
La virulencia de las declaraciones aparece además vinculada al escenario político de 2027. El propio Caputo reconoció recientemente ante inversores que el Gobierno se prepara para un escenario electoral complejo y que las elecciones pueden tener impacto sobre las decisiones económicas.
Así, mientras la actividad económica muestra señales de enfriamiento y el propio JP Morgan revisa hacia abajo sus previsiones, el ministro de Economía parece haber encontrado una explicación bastante más sencilla: el problema ya no estaría en los números, sino en el “infierno” kirchnerista y en un supuesto “anticristo” llamado Kicillof.
Cuando faltan respuestas para los salarios que no alcanzan, la actividad que se enfría y una economía que obliga a revisar las propias previsiones, siempre queda un recurso disponible: inventar demonios. Milei habla de terroristas y golpes de Estado; Caputo descubre un infierno y convierte a Kicillof en el “anticristo”. El problema es que los demonios pueden servir para un discurso, pero no pagan el alquiler, no llenan el changuito y mucho menos arreglan una economía.
