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30 septiembre, 2026
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El Vaticano condenó al fundador del Verbo Encarnado: abusos y poder de una secta católica argentina

Por Alfredo Silletta

El Vaticano confirmó de manera definitiva que el padre Carlos Miguel Buela, fundador del Instituto del Verbo Encarnado (IVE) y de las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará (SSVM), fue declarado culpable del delito de abusos sexuales.

Tanto el Tribunal Penal Especial de primera instancia como el de Apelación, constituidos por la autoridad competente de la Iglesia, alcanzaron “la certeza moral” sobre su responsabilidad “por la comisión de un delito contra el sexto mandamiento, perpetrado con violencia contra varias personas, en conformidad con el can. 1395 § 2”, según informó un comunicado de la Santa Sede.

Buela, quien falleció en 2023, ya se encontraba recluido en un monasterio por disposición de la Iglesia luego de las denuncias de abusos sexuales en su contra. La decisión definitiva de los tribunales eclesiásticos confirma ahora su responsabilidad en los hechos investigados.

El caso vuelve a poner bajo la lupa al Instituto del Verbo Encarnado, una organización religiosa fundada por Buela en Argentina y cuestionada durante años por denuncias vinculadas con abusos y por su estructura interna.

Durante el pontificado de Francisco, la Iglesia intervino sobre distintos grupos y movimientos católicos que habían sido objeto de denuncias e investigaciones. Entre ellos se encontraba el Instituto del Verbo Encarnado, además de organizaciones como los Legionarios de Cristo y el Sodalicio de Vida Cristiana.

Francisco también impuso restricciones al Opus Dei, una organización que había experimentado un fuerte crecimiento durante el pontificado de Juan Pablo II. En paralelo, integrantes y exintegrantes de distintos movimientos religiosos denunciaron situaciones de abuso de poder, explotación y sometimiento, algunas de las cuales derivaron en investigaciones.

Pero para comprender la dimensión del caso Buela no alcanza con conocer la sentencia de los tribunales eclesiásticos. Es necesario reconstruir la historia del Instituto del Verbo Encarnado, sus orígenes, su expansión y las denuncias que durante años rodearon a su fundador.

Los orígenes

El Instituto del Verbo Encarnado (IVE) fue una de las organizaciones católicas más extremistas y controvertidas que funcionaron en Argentina y que, con el paso de los años, quedaron bajo intervención y supervisión de la Santa Sede.

El grupo fue fundado en 1984 por el padre Carlos Miguel Buela en San Rafael, Mendoza. Allí celebraban misas en latín, utilizaban sotanas negras y rechazaban distintos aspectos de la renovación impulsada por el Concilio Vaticano II.

El grupo utilizó técnicas de captación y manipulación y tuvo un crecimiento exponencial en distintas zonas del país. Al alcanzar la mayoría de edad, muchos de sus integrantes pasaban a vivir en la comunidad de San Rafael. Algunos rompían sus vínculos familiares y de amistad y quedaban sometidos a las órdenes de Buela.

En pocos años, el grupo se expandió por distintas diócesis, especialmente en aquellas donde encontraba sacerdotes de posiciones conservadoras. Luego traspasó las fronteras argentinas. Primero llegó a Perú, posteriormente a Estados Unidos y finalmente a Roma.

Buela solía plantear a sus seguidores: “Aprendamos del Opus Dei que se instaló en los años ‘50 en Roma, cerca del Vaticano, y logró todo lo que quiso al vincularse a los que cortan el bacalao”.

El sacerdote ejercía un fuerte poder sobre sus seguidores y, según distintos testimonios de exintegrantes, utilizaba mecanismos de manipulación y control. El propio Buela se presentaba como una figura con una relación privilegiada con Dios y cuestionaba a quienes se oponían a sus decisiones.

Muchos exadeptos relataron posteriormente experiencias traumáticas dentro del grupo. En un trabajo periodístico publicado por la revista 3 Puntos aparecen algunos de esos testimonios.

“Fui secretario privado del padre Buela durante un año y pertenecí al Instituto casi una década y quiero decir todo lo que yo vi. Allí dentro no tenía libertad y nos enseñaban que los que nos atacaban estaban locos; me presionaban con que iba a caer en la tentación. Era como si me hubieran lavado la cabeza. Además, nos proponían que nos mortificáramos con cintos de cuero y cilicios. Tenían una disciplina férrea: si no eras como Buela, te echaban”.

Otra exadepta contó: “Yo era una nena y pasé demasiado tiempo de mi vida ahí dentro y cuando me fui me trataron de traidora. Nunca los voy a perdonar… Nos censuraban todo, no podíamos ver televisión porque era obra del demonio, ni bailar ni leer libros fuera de los de padre Buela”.

En el diario Los Andes, de Mendoza, una madre relató dramáticamente la pérdida de su hijo adolescente a manos de El Verbo Encarnado. La mujer explicó que, a los 18 años, su hijo participó de un retiro en El Nihuel y regresó una semana después con un profundo cambio en su carácter y personalidad.

Tiempo después, el joven decidió abandonar sus estudios para ser aviador y se internó a vivir en la comunidad religiosa, cortando sus vínculos con familiares y amigos. Su madre intentó hablar con él, pero no se lo permitieron, hasta que finalmente realizó una denuncia judicial.

“No entiendo cómo la Iglesia no puede hacer nada para detenerlos. Desde entonces lo veo una vez cada seis meses más o menos”, relató la mujer. “La última vez que estuvimos juntos fue la semana pasada y no sé cuándo lo volveré a ver, estoy muy preocupada”.

Y agregó: “Ojalá Dios ilumine al Papa y a los obispos para que puedan detener a esta gente porque son dañinos y muy malos”.

Las primeras intervenciones de la Iglesia

El Episcopado argentino, preocupado por el cariz que tomaba el grupo y por la indisciplina de Buela, comenzó a investigarlo.

El Vaticano decidió tomar cartas en el asunto luego de los pedidos de varios obispos argentinos. En primer lugar, nombró como comisario al sacerdote salesiano José Antonio Rico, entre 1995 y 1998; posteriormente, al sacerdote vicentino Aurelio Londoño, entre 1998 y 1999; y finalmente, al obispo Alberto Delgado, vinculado al Opus Dei.

Los tres realizaron fuertes cuestionamientos al funcionamiento del Verbo Encarnado y a la conducción ejercida por Buela.

Más allá de las denuncias sobre el funcionamiento interno del grupo, durante el pontificado de Francisco comenzó una investigación más profunda sobre posibles abusos sexuales cometidos por Buela. Finalmente, la Santa Sede reconoció los abusos denunciados por varios seminaristas de la congregación.

El Vaticano, a través de un comunicado leído por el arzobispo de San Rafael, Eduardo María Taussig, en 2016, señaló que se habían constatado casos de abusos de seminaristas por parte del padre Buela.

La revelación representó un duro golpe para la credibilidad del Instituto. Finalmente, en 2020, el papa Francisco ordenó cerrar el seminario Santa María Madre de Dios, en San Rafael, en medio de los cuestionamientos al funcionamiento de la institución y al entorno ideológico que la había acompañado desde sus orígenes.

Francisco también ordenó la reclusión de Buela en un monasterio de San Isidro de Dueñas, en Palencia, España, e intervino el Instituto del Verbo Encarnado mediante el nombramiento del cardenal Santos Abril como Comisario Pontificio.

Sin embargo, según denuncias posteriores, sectores del Instituto no reconocieron plenamente la autoridad del Vaticano.

En octubre del año pasado se hizo público un descargo del cardenal Abril sobre el funcionamiento interno del grupo creado por Buela. En su carta, señaló:

“Compruebo con dolor la existencia de un gobierno en la sombra, como ha sucedido con todos los anteriores Comisarios, lo cual resulta muy triste, pues además de constituir una clara desobediencia a lo establecido por la Santa Sede, en nada ayuda al presente y futuro del Instituto”.

El cardenal Abril también señaló que dentro del Instituto continuaban realizándose homenajes a Buela, pese a que sobre él pesaba “una gravísima sentencia condenatoria”.

Y agregó: “Como usted comprenderá, la paciencia tiene un límite y, si hasta el momento yo y mi Consejo hemos tratado de ser respetuosos con el IVE en las decisiones tomadas, no descarto que en el futuro deberán adoptarse otro tipo de decisiones mucho más tajantes, para reconducir, en la medida de lo posible, el camino del Instituto del Verbo Encarnado y dirigirlo por senderos de purificación y conversión”.

Las palabras de Francisco

En su libro Les pido en nombre de Dios, el papa Francisco fue especialmente contundente al referirse a los abusos sexuales cometidos dentro de la Iglesia y a los responsables que utilizaron su condición religiosa para someter a otras personas.

En ese texto, Francisco escribió: “No puedo empezar sin pedir perdón una vez más. Nunca alcanzarán nuestras palabras de arrepentimiento y consuelo para las víctimas de abusos sexuales por parte de miembros de la Iglesia. Hemos pecado gravemente: miles de vidas han sido arruinadas por quienes debían cuidarlas y tutelarlas. Jamás será suficiente lo que hagamos para intentar reparar el daño que hemos causado”.

La sentencia definitiva contra Buela vuelve a colocar esas palabras en el centro de la discusión.

El fundador del Instituto del Verbo Encarnado murió en 2023 sin enfrentar un proceso penal ordinario por estos hechos. Pero ahora la propia justicia interna de la Iglesia estableció de manera definitiva su responsabilidad en el ámbito canónico.

Durante años, el padre Carlos Miguel Buela construyó una organización alrededor de una fuerte estructura de autoridad, disciplina y obediencia. Hubo denuncias, testimonios de exintegrantes, investigaciones e intervenciones de la propia Iglesia. Hubo también advertencias de distintos sectores y decisiones del Vaticano para intentar modificar el funcionamiento del Instituto.

Ahora llegó la confirmación definitiva de los tribunales eclesiásticos: Buela fue declarado responsable de abusos sexuales perpetrados con violencia contra varias personas.

La sentencia llega después de décadas de denuncias y cuando su fundador ya está muerto. Pero deja una pregunta inevitable: ¿cuánto sufrimiento pudo haberse evitado si las primeras denuncias hubieran sido escuchadas con la misma contundencia con la que finalmente actuó la Iglesia?

Porque cuando una institución religiosa coloca a un hombre por encima de toda crítica, cuando la obediencia reemplaza a la libertad y cuando las denuncias quedan atrapadas durante años dentro de estructuras cerradas, el problema deja de ser solamente el comportamiento de un sacerdote. El verdadero escándalo es el sistema de silencio que permite que el poder se disfrace de fe.

 

 

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