La primicia de C5N sacudió al Gobierno, pero esta vez no hubo margen para desmentidas: esta mañana, el propio Ejecutivo confirmó que Flávio Bolsonaro, su familia y su comitiva ingresaron a la Argentina por Misiones y, minutos después, abordaron un avión privado con destino a Guayaquil, Ecuador, desde donde continuaron viaje hacia Estados Unidos.
El escándalo es mayúsculo. Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y derrotado en las elecciones brasileñas, salió de Brasil en medio de sus problemas judiciales y después de que la Justicia le prohibiera abandonar el país. Según la reconstrucción difundida por C5N, cruzó la frontera en una combi blanca y contó con una operación de traslado que habría involucrado a Santiago Caputo, uno de los hombres de mayor confianza de Javier Milei.
La información oficial confirmó el recorrido de la familia: ingresó por el puente internacional Tancredo Neves a las 22.50 y a las 23.30 ya estaba a bordo de un avión privado de Baires Fly con destino a Ecuador. El Gobierno reconoció así los movimientos que habían quedado bajo la lupa tras la primicia periodística.
La pregunta es inevitable: ¿la Argentina fue una simple escala o el Gobierno de Milei colaboró para facilitar la salida de un aliado político que tenía prohibido abandonar Brasil? La eventual intervención de funcionarios, incluida la participación que se le atribuye a Santiago Caputo, exige explicaciones inmediatas.
Las causas judiciales que complican a Bolsonaro
La salida de Brasil adquiere mayor gravedad por las investigaciones que enfrenta el senador. Una de ellas apunta al financiamiento de Dark Horse, una película sobre la vida de su padre. La Policía Federal investiga las gestiones de Flávio Bolsonaro para obtener fondos del banquero Daniel Vorcaro, expropietario del Banco Master, por una suma que rondaría los 24 millones de dólares. La Justicia busca determinar el origen del dinero, el destino de los fondos y si existieron delitos de corrupción, lavado de dinero y evasión de divisas. Bolsonaro sostiene que se trató de un patrocinio privado y niega haber cometido irregularidades.
La segunda investigación examina sus vínculos con el abogado Willer Tomaz, sospechado de participar en operaciones de lavado de dinero relacionadas con empresas de apuestas y plataformas financieras. Según las informaciones periodísticas, los investigadores encontraron movimientos financieros sospechosos, comunicaciones entre ambos y documentos que indicarían que Flávio tenía acceso privilegiado a una cuenta bancaria de una empresa vinculada al abogado. La Policía Federal también investiga si el senador habría actuado como socio oculto de negocios relacionados con las apuestas.
A estas investigaciones se suma una causa por presunta difamación contra Lula, a raíz de declaraciones en las que Flávio Bolsonaro vinculó al presidente brasileño con supuestos delitos de narcotráfico y lavado de dinero.
Se trata de investigaciones en curso, no de condenas contra el senador. Pero el cuadro judicial explica por qué su salida de Brasil, después de que se le ordenara entregar sus pasaportes y se le prohibiera viajar al exterior, genera semejante controversia.
Milei y Trump: una alianza que exige explicaciones
El episodio deja a la Argentina en una posición vergonzosa frente a Brasil y expone hasta dónde llega el alineamiento de Milei con la derecha regional y Donald Trump.
El Gobierno confirmó el ingreso y la salida de la familia Bolsonaro, pero todavía debe aclarar las circunstancias políticas del traslado y las versiones sobre la intervención de Santiago Caputo. No alcanza con informar horarios y presentar registros migratorios: la sociedad tiene derecho a saber si hubo funcionarios que facilitaron la operación.
Milei habla de libertad, de ley y de orden, pero ahora debe explicar por qué la Argentina terminó en el centro de este escándalo. Si todo fue legal, que dé la cara. Y si el Estado se puso al servicio de los amigos del poder, estamos ante un papelón internacional que no se tapa con tuits ni con insultos.
