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29 octubre, 2026
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Más cipayo no se consigue: Milei votó contra Cuba y volvió a arrodillarse ante Estados Unidos

Cuando los argentinos todavía no terminamos de asombrarnos por las denuncias sobre la presunta ayuda del gobierno nacional a Flavio Bolsonaro, el hijo del expresidente brasileño, para favorecer sus intereses judiciales, Javier Milei volvió a cruzar una nueva frontera en su política de subordinación a Estados Unidos. Esta vez, su gobierno votó contra la resolución que condena el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Washington a Cuba.

La Argentina se alineó con Estados Unidos, Israel, Ucrania, Marruecos y otros países que rechazaron la condena al bloqueo. Una decisión que vuelve a dejar en evidencia el rumbo de una política exterior que abandona la histórica defensa de la soberanía nacional para acompañar, sin disimulo, los intereses de las grandes potencias.

La resolución contra el bloqueo estadounidense recibió 130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones. Una mayoría contundente de la comunidad internacional volvió a reclamar el fin de una política criminal que, durante décadas, ha castigado al pueblo cubano y condicionado sus posibilidades de desarrollo.

Lejos de aflojar, la administración de Donald Trump, con el respaldo de Marco Rubio, profundizó las medidas de presión contra la isla. El objetivo es asfixiar su economía, agravar las dificultades cotidianas de su población y forzar un cambio político mediante el sufrimiento de millones de personas.

En ese escenario, el gobierno de Milei decidió ponerse del lado de quienes sostienen el bloqueo. No se trata de una posición aislada ni de un simple desacuerdo diplomático: es una definición política que revela de qué lado se ubica la Casa Rosada cuando están en juego la soberanía de los pueblos y el derecho de las naciones a decidir su propio destino.

La Argentina se sumó así al alineamiento de gobiernos y dirigentes de ultraderecha de la región que rechazan la condena al bloqueo, en una América Latina donde las derechas pretenden convertir la subordinación a Washington en una virtud política.

Cuba no se arrodilla

Tras la votación, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, reafirmó que su país no retrocederá ante las presiones de Estados Unidos. En un mensaje publicado en su cuenta de la red social X, cuestionó la arrogancia de Washington y defendió la dignidad del pueblo cubano.

«Cuba no retrocederá, y menos aún frente a presiones y órdenes yanquis. Bravo y demás compañeros de nuestra delegación por tan firme actitud frente al irrespeto, la arrogancia y la prepotencia imperial. No podrán esperar menos de este pueblo», escribió el mandatario.

En otro pasaje de su mensaje, Díaz-Canel reivindicó el papel de las Naciones Unidas como espacio de igualdad soberana entre los Estados y ratificó que Cuba seguirá defendiendo sus derechos, la dignidad de su pueblo y la memoria de sus héroes.

La respuesta cubana contrasta con la actitud del gobierno argentino. Mientras la isla sostiene su reclamo frente a una potencia que pretende imponerle sus condiciones, Milei se apresura a acompañar las posiciones de Washington, incluso cuando chocan con principios elementales de soberanía y autodeterminación.

La historia argentina no empezó con Milei

Más allá de que la Casa Rosada parezca empeñada en convertir la obediencia a Estados Unidos en una política de Estado, la historia argentina es mucho más rica y digna que el alineamiento automático que propone el Presidente.

Juan Domingo Perón y Fidel Castro mantuvieron una relación política que forma parte de una tradición latinoamericana de diálogo, cooperación y búsqueda de autonomía frente a las potencias extranjeras. Recuperar esa historia también significa recordar que la integración regional y la defensa de la soberanía fueron, durante décadas, banderas centrales de los movimientos populares de nuestro continente.

La política exterior no es una cuestión lejana de la vida cotidiana. Define qué intereses defiende un país, con quiénes construye alianzas y qué lugar ocupa frente a las injusticias internacionales. Por eso, votar contra la condena al bloqueo de Cuba no es un gesto inocuo: es una decisión que compromete la posición argentina frente a un conflicto que la comunidad internacional reclama resolver desde hace décadas.

Milei podrá intentar borrar de un plumazo esa tradición, pero no puede cambiar la historia a fuerza de obediencia.La Argentina no nació para ser el felpudo de ninguna potencia, y la soberanía no se negocia por un aplauso en Washington.

Info135 comparte, además, la historia de la relación entre Perón y Fidel Castro y la defensa de una América Latina libre de injerencias extranjeras, a través de un nuevo episodio de La Patria Sublevada.

Porque una cosa es tener relaciones con Estados Unidos y otra muy distinta es entregar la dignidad nacional. Milei confunde las dos: se arrodilla ante el poderoso y le da la espalda a los pueblos que luchan por su libertad. Más cipayo no se consigue.

 

 

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Alfredo Silletta

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