14 diciembre, 2018

Causa de las fotocopias: presiones y tortura sicológica para lograr el “arrepentimiento” de los empresarios

En el marco de la causa de las fotocopias, ¿cómo logró la Justicia que se quebraran los empresarios “arrepentidos”y terminaran confesando? El objetivo se alcanzó a través de una metodología más parecida a la tortura sicológica que a un procedimiento judicial.

Lo que se refleja es que las presiones apuntan a que si los empresarios denuncian a Julio De Vido o a su número dos en el ministerio, Roberto Baratta, tendrán garantizada la libertad.

Así lo revela hoy en el diario La Nación el mismísimo Diego Cabot, el periodista que dio a conocer las fotocopias de los cuadernos del remisero Oscar Centeno. Bajo el título “Cómo fue la negociación secreta para lograr los primeros arrepentidos”, se relata en detalle el mecanismo que lleva adelante el fiscal Carlos Stornelli para alcanzar el resultado que busca.

La nota se centra en lo que sucedió con el empresario Juan Carlos de Goycoechea, ex-CEO de Isolux. A uno de sus abogados, Stornelli le dijo: “No hay sortijas para todos”. Esas cinco palabras fueron suficientes para que el letrado le transmitiera a su defendido que “la cosa viene en serio”, y que “el escenario más probable es que quedes detenido”. Fueron palabras determinantes para obtener el gran objetivo del juez y el fiscal: lograr que un empresario se quiebre.

Horas antes, cuando llegó desde Esquel, donde estaba esquiando, la estrategia apuntaba a no arrepentirse. Y con sus abogados se había analizado la posibilidad de pagar la fianza que el juez Claudio Bonadio había fijado: 30 millones de pesos para salir en libertad. Sin embargo, Bonadio dispuso, por pedido del fiscal, que todos queden detenidos: empresarios y ex funcionarios.

“Acá no sale nadie”, le dijo Stornelli al abogado de De Goycoechea, Javier Landaburu. Mientras, el empresario estaba en el juzgado de Bonadio a la espera de ser indagado. En pocos minutos, el letrado le trazó el panorama que venía: “No salís. Las opciones son dos: o te quedás a pelear el proceso detenido o subimos y hablamos con el fiscal. En todo caso, lo escuchamos”, dijo.

Según relata Cabot, el fantasma de Lázaro Báez , detenido en una cárcel común desde hace más de dos años, sobrevoló la conversación. “Si te dan a elegir entre quedarte preso o irte a tu casa, ¿vos qué elegirías?”, desafió el abogado.

La posibilidad de arrepentirse empezó a tomar forma. Sin embargo, a poco, empezó la indagatoria. Fue entonces cuando De Goycoechea tomó la decisión de ir por un acuerdo con Stornelli. El fiscal bajó de su despacho y entonces, todos se trasladaron a la fiscalía.

Tejer el acuerdo duró menos de lo que creían. En reuniones previas entre el letrado y el fiscal ya se habían acordado los términos: no habría excarcelación si el empresario no admitía haber pagado coimas. Ya frente a Stornelli, empezó la redacción del acuerdo.

Ya en la noche del viernes, después de firmar el acuerdo, Bonadio le dijo que estaba en condiciones de irse. Esa misma noche, Landaburu empezó a tejer la estrategia para Ángelo Calcaterra, en libertad, y Javier Sánchez Caballero, detenido. Justamente la privación de la libertad del número dos de la empresa era el dato determinante. El empresario no se podía arrepentir sin involucrar al número uno, el primo hermano del presidente Mauricio Macri.

Lo que siguió después fue el mismo camino, todo para evitar la orden de detención para Calcaterra. El fin de semana se acordaron los términos. El empresario dijo que todas las coimas se pagaron por su orden y que nada tenía que ver Sánchez Caballero. También reconoció varios pagos y todos a Baratta, aunque también involucró en alguno a Nelson Lazarte, el secretario privado del ex funcionario que hoy también está detenido.

Se presentaron en conjunto a primera hora de anteayer. Todos salieron en libertad con el compromiso de no alejarse de su domicilio ni salir del país sin avisar.

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