Luego de que el Gobierno nacional rechazara la posibilidad de realizar una despedida oficial en el Congreso o en la Casa Rosada para quien fue el artista de rock más convocante de las últimas décadas, el gobernador bonaerense Axel Kicillof colaboró con la familia de Carlos “Indio” Solari para garantizar un último adiós a la altura de la dimensión popular que alcanzó el músico a lo largo de su carrera.
Durante varios días se evaluaron distintas alternativas para albergar a los miles de seguidores que llegarían desde todo el país. Entre las opciones analizadas figuró la cancha de Racing, aunque finalmente, tras conversaciones entre el intendente de Avellaneda Jorge Ferraresi, autoridades provinciales y allegados a la familia, se resolvió que el velatorio se realizara en el Polideportivo José María Gatica, en Villa Domínico. La elección respondió a cuestiones de seguridad, accesibilidad y cercanía con la Ciudad de Buenos Aires.
Desde la madrugada comenzaron a formarse largas filas de fanáticos. Algunos viajaron cientos de kilómetros para estar presentes en lo que muchos describen como “la última peregrinación ricotera”. Con banderas, remeras históricas de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, bombos y canciones que atraviesan generaciones, miles de personas se acercan para rendir homenaje al artista que marcó la vida de millones de argentinos.
Para facilitar el acceso, la Autopista Buenos Aires–La Plata permanecerá sin peaje y los trenes llegarán normalmente a la estación Sarandi. Desde allí, los asistentes recorren a pie las últimas cuadras hasta el predio. El ingreso se realiza exclusivamente por la intersección de avenida Mitre y General Otero. “Si venís en auto, te pedimos que estaciones unas cuadras antes y llegues caminando, respetando a los vecinos y cuidando el orden del barrio”, pidió Ferraresi.
El operativo de seguridad incluye más de 1.500 efectivos de la Policía Bonaerense, personal de tránsito, grupos motorizados y postas sanitarias. El ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, aseguró que se busca garantizar una ceremonia en paz y con respeto tanto para los asistentes como para los vecinos de Avellaneda.
La familia del músico confirmó que las puertas permanecerán abiertas “hasta que haga falta”, para que nadie se quede sin la posibilidad de despedirse. También pidió que la jornada esté marcada por el respeto y el afecto. “No será el momento de la rabia ni de las provocaciones, sino de honrarlo y de cuidarnos entre nosotros como él siempre nos pidió”, señalaron en un mensaje dirigido a los seguidores.
Con el correr de las horas, la despedida adquirió el tono de una ceremonia popular pocas veces vista en la Argentina. Padres e hijos que compartieron recitales, amigos que se conocieron siguiendo a Los Redondos y miles de jóvenes que descubrieron sus canciones años después de la separación de la banda confluyen en un mismo sentimiento. No hay diferencias de edad, procedencia ni condición social: todos forman parte de una comunidad que encuentra en las letras del Indio una parte de su propia historia.
La fila avanza lentamente y nadie parece tener apuro. Entre abrazos, lágrimas, banderas gastadas por el tiempo y canciones que se repiten como una plegaria colectiva, la multitud entiende que no está despidiendo solamente a un músico. Se despide una voz que acompañó derrotas y esperanzas, una poesía que desafió al poder y una identidad que marcó a varias generaciones. Cuando las puertas del Polideportivo Gatica finalmente se cierren, el Indio dejará de estar físicamente entre los suyos. Pero en cada barrio, en cada ruta rumbo a un recital imaginario y en cada estrofa cantada a los gritos, seguirá vivo el hombre que convirtió al rock en un acto de pertenencia popular.
