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La Plata
14 mayo, 2026
"SIN RED"

Clarín militando el ajuste otra vez: ahora dice que revolver la basura es “una pasión” de los argentinos

 

Clarín se supera día a día. En un nuevo capítulo de “militando el ajuste”, publicó una nota titulada “La decencia de los que buscan entre la basura” en la sección “Pasiones argentinas”. Allí, el cronista Hernán Firpo habla de la decencia de quienes emergen de los containers porteños y revuelven cada día en busca de basura. Los compara incluso con los limpiavidrios, a quien también califica de gente decente. El punto es que la nota expone una situación que nada tiene de pasional y es la creciente pobreza provocada por las políticas del gobierno de Cambiemos, ese gobierno al que Clarín apaña y defiende sin importar a qué precio.

Demás está decir que el artículo generó repudio y furia en las redes sociales.

El artículo completo, acá:

Esta es una ciudad increíble. Cuando uno está casi totalmente familiarizado con la miseria como parte del paisaje, alguien emerge de uno esos de esos contenedores gris topó que encontramos aquí y allá. Con el payaso de IT, Stephen King sólo se animó a la escena de la alcantarilla, pero he aquí, a plena luz del día, al abominable hombre de la mugre.

Lo ves, te mira y una clase de vergüenza ajena que no recordás haber vivido nunca antes, hace que desvíes la mirada en dirección a la pantalla salvadora del celular. El abominable hombre de la mugre sale del tacho con una pirueta. Es ágil y no tiene ni 20 años. Te lo querés imaginar de hombre araña en el Trencito de la Alegría o, por qué no, descolgándose de algún departamento en Barrio Norte.

Después pensás que alguien que literalmente sale de entre la basura, debe ser una de las personas más decentes del mundo. Claro: si no tenés la desgracia de haber caído tan pero tan bajo, honestos deberíamos ser todos. ¿Pero qué hacemos si una persona viene de la mierda? Apretamos los labios, lamentamos la situación y seguimos de largo. Tardamos en comprender que quizá hayamos estado delante de una de esas honestidades conmovedoras.

Después pensás en el típico limpiavidrios del semáforo. No es casual. Mientras el cuidacoches es extorsivo, apunta al lóbulo frontal y juega con tu miedo, el limpiavidrios hace equilibrio en el filo de la navaja, ofreciendo un servicio a cambio de monedas.

Nada, te acordás de los limpiavidrios porque esta situación de calle -mil veces demonizada- también debería convertirlos en gente automáticamente decente.

 

 

 

 

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