Por Eduardo D’Argenio.- Como ser tenebroso y maléfico que es, Mauricio Macri se siente más cómodo moviéndose en las sombras, y a pesar de que no deja de insistir en que está fuera de la carrera en las presidenciales del año próximo, de alguna u otra manera logra estar cada vez más presente, por lo que cualquier jugada que se lleve adelante desde el PRO debe contar con su visto bueno.
En otras palabras, el ex presidente pudo ir acumulando más poder gracias al miedo. En el espacio que él fundó, admiten por lo bajo que no es conveniente contradecirlo porque saben que, más temprano que tarde, su cruel respuesta será un carpetazo.
Tal vez la muestra más cabal y patética del terror que genera, fue que durante la huida masiva de los legisladores del PRO en el Congreso durante el discurso de Alberto Fernández durante la Asamblea Legislativa, uno de los que con la cabeza gacha obedeció la evidente orden de arriba fue el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, quien de esa manera evidenció una debilidad que no condice con alguien que se prueba el traje de candidato presidencial para 2023.
Un dato no menor es que gran parte de los sensibles legisladores que se sintieron ofendidos y agraviados por los dichos del presidente, se trasladaron al domicilio de Macri, donde terminaron de ultimar los detalles en el marco de esta brutal embestida contra el Gobierno, que tiene como claro eje entorpecer cualquier entendimiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
En este contexto, cerca de Macri grafican, para explicar hacia dónde apunta, que “Mauricio se troskeó, y piensa que cuanto peor, mejor”.
El hecho es que su personalidad de psicópata y paranoide lo lleva a sospechar de todos quienes lo rodean, y de manera obsesiva no piensa en otra cosa más que en poner piedras cada vez más grandes en el camino del Gobierno, para provocar el debilitamiento y la asfixia de Fernández con un espíritu ya rayano con el pro-golpismo.
Un ejemplo: hasta hace un mes, el ala dura del PRO era el espacio opositor más reticente a avalar el acuerdo con el Fondo, con la exigencia de que la totalidad del oficialismo se alineara a favor de las negociaciones con el organismo. En la segunda semana de febrero ese sector cedió ante la postura conciliadora de sus socios de Juntos por el Cambio, pero días atrás volvió a endurecerse: en la previa a la llegada del proyecto al Congreso, se diluyeron las diferencias entre intransigentes y moderados, y el PRO en su conjunto presiona a la coalición opositora a inclinarse por rechazo.
Justamente, el último fin de semana, es decir, horas antes del discurso de Fernández ante la Asamblea Legislativa, Macri se reunió con Martín Lousteau, Martín Tetaz, Luciano Laspina y Hernán Lacunza: el motivo central del encuentro reservado apuntó a seducirlos para que “torpedeen” el entendimiento propuesto por el gobierno nacional con el FMI.
No es casual que, en esa dirección, el diputado Laspina se haya convertido en una de las principales espadas a la hora de disparar contra el acuerdo con el Fondo, por el que llegó a advertir que “dejará una bomba fiscal al próximo gobierno”.
Sostiene además que ese entendimiento “sirve para evitar un default, pero siembra las semillas de una crisis futura”. Hablando para la tribuna del odio que tan bien saben retroalimentar, el legislador asegura que respaldar el trato con el organismo internacional sería “darle sobrevida al modelo económico del kirchenrismo hasta 2023″.
De esta manera, la línea dura del partido apuesta internamente a sembrar dudas sobre la aprobación del entendimiento que por estar horas enviará el Poder Ejecutivo al Congreso. Sus pares de Juntos por el Cambio lo saben. Por eso, la Coalición Cívica presentó días atrás un proyecto para que el Gobierno pueda firmar el acuerdo sin la necesidad del Congreso.
De ahí que Macri le pide lisa y llanamente a sus laderos ir “en contra de la decisión de la Mesa Nacional y operar en contra del acuerdo”.
