Taty Almeida, la histórica referente de Madres de Plaza de Mayo (línea fundadora) falleció este domingo a los 95 años, según informaron sus familiares y allegados. Estaba internada en el Hospital Italiano desde hacía varios días, y la noticia que confirmó la muerte de la activista de 95 años se conoció esta noche.
La cuenta oficial de Madres de Plaza de Mayo informó sobre el fallecimiento: “Las palabras no alcanzan, se nos quedan cortas, se nos hace un nudo en la garganta. Tan inmensa que no hay manera de contarlo. Gracias por enseñarnos que amar es resistir, que la única lucha que se pierde es la que se abandona y que no existe fuerza más grande que la del amor”.
“Gracias por tu compromiso, por tu militancia, por tu ternura y por cada palabra que siempre será un refugio y un abrazo. Gracias también por esa capacidad tan tuya de hacer más livianos los momentos difíciles sin perder nunca la profundidad de tus convicciones. Nos enseñaste que la lucha también puede abrazarse con alegría”, continuó el escrito.
Y sumó: “Tuviste además la enorme sabiduría y capacidad de caminar junto a los más jóvenes, acompañando y escuchando siempre. Con una generosidad inmensa abriste caminos, supiste construir puentes, sembrar compromiso y hacernos parte de una causa colectiva mucho más grande que uno mismo. Prometemos cuidar tu memoria y la de Alejandro, llevando tu legado a cada rincón. Y cada vez que alcemos la voz por los 30.000, también te haremos presente”.
En tanto, añadieron: “Nos queda la responsabilidad de seguir contando la historia para que nunca vuelva a repetirse; de seguir gritando bien fuerte que ‘Nunca Más’; de defender la memoria, la verdad y la justicia como vos nos enseñaste. Te recordaremos en cada “Presentes, ahora y siempre’, en cada pañuelo, en cada ronda, en cada abrazo y en cada caricia. Gracias, Taty. Tu ejemplo, tu lucha y tu amor se quedan entre nosotros. Hasta siempre. Presente, ahora y siempre”.

Lidia Stella Mercedes Miy Uranga era una docente y activista dedicada a la defensa de los derechos humanos y, particularmente, reconocida por ser una de las principales organizadoras de la búsqueda de personas desaparecidas en la última dictadura cívico-militar.
Su inicio en Madres de Plaza de Mayo comenzó luego del secuestro de su hijo, Alejandro Martín Almeida: tenía 20 años, trabajaba en la agencia Télam y en junio del año 1975, desapareció en manos de la organización paraestatal conocida como La Triple A durante el gobierno de la ex presidenta Isabel Martínez de Perón.
Pasados los años, y después de haberse conocido las diferencias internas en el movimiento, asumió la presidencia dentro de la Línea Fundadora de las Madres. Su rol trascendió lo partidario y será recordada por su constante consigna “la única lucha que se pierde es la que se abandona”.
Sin lugar a dudas, su partida marca una profunda pérdida para el movimiento de derechos humanos, donde se consolidó como un símbolo indiscutible de la resistencia y la búsqueda incansable de justicia.
