Mientras el presidente Javier Milei se niega a apartar de su gobierno a Manuel Adorni, cuestionado por los millonarios gastos que no logra explicar de los últimos años, y los medios hegemónicos discuten si el vocero oficial deberá o no enfrentar consecuencias judiciales, millones de argentinos siguen padeciendo las consecuencias de un modelo económico que congela salarios y jubilaciones mientras libera aumentos en casi todos los rubros de la economía.
A los constantes incrementos en alimentos, alquileres, tarifas de luz, agua y gas, ahora se suma un nuevo golpe al bolsillo: desde este lunes vuelven a aumentar los boletos de colectivos y trenes. Se trata de la segunda actualización tarifaria aplicada por el Gobierno nacional en pocas semanas, profundizando una situación cada vez más difícil para trabajadores, estudiantes y jubilados.
El aumento impacta especialmente en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), donde miles de personas dependen diariamente del transporte público para llegar a sus lugares de trabajo o estudio. Mientras los ingresos corren muy por detrás de la inflación acumulada, los gastos de movilidad continúan escalando mes tras mes.
De esta manera, el boleto mínimo de colectivo para recorridos de hasta tres kilómetros pasó de $714 a $728,28 para quienes poseen la tarjeta SUBE registrada. Para los beneficiarios de tarifa social el valor asciende a $327,72, mientras que quienes utilizan una SUBE sin registrar deberán pagar $1.456,56 por el mismo trayecto.
La escala tarifaria para usuarios con SUBE registrada quedó establecida de la siguiente manera:
- De 3 a 6 kilómetros: $835,32.
- De 6 a 12 kilómetros: $952.
- De 12 a 27 kilómetros: $1.075,37.
- Más de 27 kilómetros: $1.227,76.
Y las malas noticias no terminan allí. Desde julio ya está previsto un nuevo incremento del 4,3% para las líneas que dependen tanto de la Ciudad de Buenos Aires como de la Provincia, consolidando una dinámica de aumentos permanentes que parece no encontrar techo.
Los trenes tampoco escapan al ajuste. Las líneas Mitre, Sarmiento, San Martín, Urquiza, Roca, Belgrano Norte y Belgrano Sur aplicaron una suba del 12,9%. Los nuevos valores para pasajeros con SUBE registrada son de $350 para la primera sección, $470 para la segunda y $590 para la tercera.
Paradójicamente, mientras el Gobierno argumenta que estos incrementos buscan ordenar las cuentas públicas, los trabajadores del transporte denuncian que sus salarios siguen perdiendo contra la inflación. Desde la UTA sostienen que existe un atraso salarial cercano al 15% y reclaman una urgente recomposición de ingresos. A su vez, las cámaras empresarias aseguran que los aumentos autorizados siguen estando por debajo de los costos operativos del sector.
La consecuencia es evidente: los usuarios pagan cada vez más, los trabajadores cobran cada vez menos en términos reales y las empresas aseguran que siguen sin alcanzar el equilibrio económico. El único que parece quedar al margen de los sacrificios es un Gobierno que exige esfuerzo permanente a la sociedad mientras multiplica privilegios para sus funcionarios.
Mientras la televisión debate si Manuel Adorni deberá explicar o no el origen de sus gastos millonarios, millones de argentinos hacen cuentas para ver si les alcanza para llegar a fin de mes y, antes que nada, para llegar a trabajar. En la Argentina libertaria, la motosierra no pasa por los privilegios del poder: pasa todos los días por el bolsillo de quienes se levantan temprano para sostener el país.
