La senadora Patricia Bullrich le pidió al presidente, primero en privado y luego públicamente, que obligue al jefe de Gabinete Manuel Adorni a presentar toda la documentación vinculada a las denuncias patrimoniales o, directamente, abandonar el cargo. “Javier, yo vengo de varios gobiernos que han fracasado y cuando un ministro no termina de explicar todo, lo mejor es esperar a la Justicia”, deslizó la dirigente.
La respuesta de Javier Milei no tardó en llegar. Desde Estados Unidos, el mandatario llamó a sus periodistas afines y salió a defender con furia a su funcionario más cercano. “Ni en pedo se va a ir. Nadie se queda con los dedos sucios en mi gobierno. A todos los que tuvieron manchas los ejecuté. No me quedé con ninguno. Pero estoy tranquilo de que Adorni es una persona de bien”, disparó un Milei visiblemente alterado.
La defensa presidencial no sólo apuntó contra la oposición y los medios. También funcionó como un mensaje disciplinador hacia adentro del propio oficialismo. Milei desautorizó públicamente a Bullrich y aprovechó para cargar contra la diputada Marcela Pagano, a quien calificó como una “mentirosa compulsiva”, profundizando las tensiones internas dentro del espacio libertario.
En su argumentación, el Presidente volvió a refugiarse en una supuesta superioridad moral y aseguró que no piensa “ejecutar en el altar del ego de los periodistas” a alguien que considera honesto. Según Milei, las denuncias por viajes de lujo y compras de inmuebles forman parte de “reacciones corporativas” de un periodismo al que, según él, “se le dijo la verdad”. Así, el mandatario dejó en claro que su círculo íntimo es intocable, incluso frente a cuestionamientos judiciales y públicos cada vez más incómodos.
Además, confirmó que Adorni ya trabaja en la presentación de documentación ante la Justicia para responder a los requerimientos del fiscal Carlos Pollicita, minimizando las inconsistencias patrimoniales detectadas. “Manuel ya tiene todas las cosas listas y estaba por presentar los números por adelantado, por las estupideces que se debaten públicamente de gente que no sabe sumar ni restar y viola la partida doble”, sostuvo Milei.
El Presidente también aprovechó para volver a embestir contra el periodismo. “Yo no contesto a cualquiera. Cuando hablo del 95% de periodistas corruptos sé muy bien de lo que hablo. El periodismo no puede violentar el principio de presunción de inocencia. Actúan de fiscales, jueces, dictan sentencia y se ponen por encima de la Constitución”, lanzó, en otro capítulo de su escalada permanente contra la prensa.
Pero la furia presidencial no terminó ahí. Milei también atacó al contratista que realizó las refacciones en la casa de country de Adorni, desacreditando su testimonio y vinculándolo políticamente al kirchnerismo, aunque luego corrigió diciendo que en realidad era libertario. “Hablaban de una cascada y después se vio que eran dos cañitos de agua. Tienen una predilección por darle valor a las mentiras”, dijo, otra vez apuntando contra los medios.
Y remató: “¿Ya juzgó la Justicia? ¿Le dio valor al testimonio? La Justicia tiene que investigar todo. Sé que el testimonio no tiene valor. Fue desfigurado con cosas que seguro ustedes también saben”.
Mientras la economía se hunde, los salarios siguen pulverizados y el malestar social crece en todos los frentes, Milei parece cada vez más encerrado en una lógica de trinchera: defender a los propios, atacar periodistas y pelearse incluso con aliados históricos. El problema para la Casa Rosada es que los gritos ya no alcanzan para tapar las internas, las denuncias ni el desgaste de un gobierno que prometía “casta afuera” y hoy se aferra desesperadamente a sus funcionarios cuestionados.
