
El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, desembarcó en Córdoba en una jornada cargada de gestos políticos, definiciones ideológicas y señales de construcción nacional rumbo al 2027. Sin anunciar candidaturas ni lanzamientos formales, eligió pararse junto a dos de los sectores más golpeados por el ajuste brutal del gobierno de Javier Milei: los trabajadores y la universidad pública.
La visita comenzó temprano en La Falda, invitado por la Federación de Asociaciones de Trabajadores de la Sanidad Argentina. Allí, el anfitrión fue Héctor Daer, flamante secretario general del gremio y ex triunviro de la CGT, quien no dejó dudas sobre el clima político del encuentro: para buena parte del sindicalismo, Kicillof empieza a convertirse en la referencia más sólida del peronismo hacia el futuro.
En su discurso, el gobernador dejó uno de los mensajes más fuertes de la jornada. “Tenemos que encontrar puntos de coincidencia porque va a haber que enfocar una reconstrucción. Podemos discutir detalles, ideas y partidos, pero tenemos un Presidente que dijo que vino a destruir el Estado y lo está haciendo, incluso con los que no gobierna, ahogando a los Estados municipales y provinciales, dejándolos sin recursos y tirándoles el fardo de los desastres que arma”, afirmó.
Kicillof describió el momento actual como una “catástrofe” social y económica que ya empieza a resquebrajar el blindaje mediático del oficialismo. “Está transcurriendo una catástrofe que intentan ocultar, pero cada vez con más dificultades. Se están cayendo las caretas y hasta quienes confiaron en este Gobierno hoy están dudando. Es un modelo que quiere vender al mejor postor las riquezas naturales y convirtió a la Argentina en un espacio de especulación financiera”, señaló.
Lejos de una discusión abstracta, el gobernador apuntó al corazón del modelo económico libertario: la destrucción del empleo y de la producción nacional. “Nos dicen que el país crece, pero en términos de empleo cae. Minería, petróleo, el agro y el financiero son los únicos sectores con evolución. Pero gobernar es crear trabajo y eso no está pasando, ni va a pasar si continúan con esta política económica. La industria, la construcción y el comercio, que son las actividades que más trabajo generan, no crecen. Necesitamos un país que le ponga trabajo argentino a la materia prima”.
De La Falda a Cosquín: cultura, trabajo y federalismo
La gira continuó en Cosquín, donde Kicillof firmó un convenio turístico y cultural junto al intendente Raúl Cardinali. El acuerdo busca potenciar el intercambio cultural y turístico entre Buenos Aires y Córdoba, fortaleciendo festivales, circuitos turísticos y la participación de artistas bonaerenses en el histórico Festival de Cosquín.
“Nosotros estamos convencidos de que la sociedad está mucho mejor cuando el Estado la acompaña: con estos convenios estamos impulsando proyectos turísticos y culturales que fortalecen aún más los vínculos que unen a Cosquín con nuestra provincia”, sostuvo el mandatario bonaerense.
Y agregó: “Cuando invertimos en cultura popular, lo que hacemos es permitir que todos y todas tengan la oportunidad de expresar y desarrollar sus talentos”.
El gesto político no fue menor. Mientras el gobierno nacional ajusta sobre cultura, ciencia y educación, Kicillof eligió reivindicar el rol del Estado como motor de integración, identidad y desarrollo federal.
La universidad pública y el eco del Cordobazo
El cierre de la jornada tuvo una enorme carga simbólica. En la Universidad Tecnológica Nacional, acompañado por el rector Rubén Soto y autoridades académicas, Kicillof presentó su libro De Smith a Keynes y trazó un duro diagnóstico sobre el ataque del gobierno nacional a la universidad pública.
La escena tuvo inevitablemente aroma a historia. En Córdoba, tierra del Cordobazo, Kicillof unió trabajadores y estudiantes en una misma jornada política, recuperando aquella tradición de lucha popular que en los años sesenta desafió a la dictadura de Onganía.
“Cuando Milei desfinancia y ataca la universidad, cuando pretende privatizarla, cerrarla, destruir la universidad pública argentina, algo de lo más querido y prestigioso que tiene nuestro país, no toma en cuenta que los científicos y los docentes siguen siendo quienes tienen más credibilidad en la Argentina”, afirmó.
Luego lanzó una de las frases más celebradas del acto: “Para el Presidente y su vocero caído en desgracia, quiero decirles que tenían como eje de su batalla cultural instalar que la universidad no servía, que iban los ricos, que eran todos ñoquis… bueno, hoy acá, en Córdoba, declaro que perdieron esa batalla”.
El gobernador defendió además el rol de la ciencia, la tecnología y la educación pública como pilares de cualquier proyecto de desarrollo nacional. “Si atacan a la universidad es porque quieren un país pauperizado, primarizado y precarizado; un país sin industria, sin valor agregado, sin ciencia y tecnología”.
También reivindicó a Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner por haber puesto “la política por encima de la economía”, y recordó aquella frase histórica de Néstor: “El ministro de Economía soy yo”.
Cuando uno de los presentes le sugirió acercarle su libro a Milei, Kicillof respondió con ironía: “No lo va a entender”, provocando risas y aplausos.
Más tarde profundizó su mirada sobre el modelo económico dominante: “La economía no es una ciencia natural, es una ciencia social. Y como tal, está sujeta a necesidades e intereses”.
Y remató: “Así como hay una teoría económica que favorece a los sectores concentrados y a las grandes corporaciones, también hay otra teoría económica que está a favor de los trabajadores. No existe una única teoría verdadera”.
Kicillof volvió a mostrarse como en 2019, cuando recorrió la provincia en aquel Clío escuchando más de lo que hablaba. Esta vez eligió Córdoba, un territorio históricamente esquivo para el peronismo, para empezar a tejer una construcción política más amplia, con eje en la producción, el trabajo, la universidad y el Estado.
Mientras Milei gobierna para el mercado financiero y ajusta sobre jubilados, trabajadores y estudiantes, Kicillof intenta levantar otra bandera: la de un país que produzca, incluya y vuelva a darle horizonte a las mayorías. Y quizás por eso empieza a incomodar tanto a los poderes económicos y mediáticos: porque, en medio del desastre libertario, aparece como uno de los pocos dirigentes que todavía habla de reconstruir la Argentina en lugar de dinamitarla.
