A horas del Día de la Bandera, el gobierno atraviesa jornadas frenéticas por el escándalo que envuelve a Manuel Adorni, una crisis política que ni los tres goles de Lionel Messi lograron sacar de la agenda pública. Desde la Casa Rosada dejaron trascender que, si la próxima semana el Congreso avanzara con una eventual moción de censura para removerlo de su cargo, el presidente Javier Milei volvería a designarlo de inmediato.
“El Presidente hace lo que quiere”, reconoció por lo bajo un integrante del oficialismo, preocupado por las consecuencias institucionales de una gestión que parece considerar las leyes y los controles republicanos como simples obstáculos.
En paralelo, la vicepresidenta Victoria Villarruel confirmó que asistirá este sábado al acto por el Día de la Bandera en Rosario, pese a las evidentes tensiones con el Presidente. Aunque la organización protocolar depende de la Casa Rosada, Villarruel argumentó que Rosario es su “segunda casa” y recordó los vínculos familiares que la unen a la ciudad donde Manuel Belgrano izó por primera vez la bandera argentina.
Nadie puede impedirle asistir, pero en el oficialismo ya especulan con una posible humillación protocolar. Karina Milei podría relegarla a un lugar secundario mientras las cámaras registran cada gesto de una interna que ya es imposible ocultar. La otra imagen que tampoco pasará inadvertida será la del Presidente rodeado de todo su gabinete y con Adorni a su lado, como una demostración de respaldo político en medio del escándalo.
Mientras tanto, el Gobierno acaba de avanzar con la adjudicación de la Hidrovía a la empresa belga Jan de Nul por los próximos 25 años, en una de las privatizaciones más importantes de los últimos tiempos. Sin embargo, lejos de las disputas palaciegas y los negocios millonarios, la situación económica de millones de argentinos sigue deteriorándose.
Los aumentos en alimentos, transporte y servicios no dan tregua. Esta semana se conoció que la carne volvió a aumentar alrededor de un 4% durante junio. Según el relevamiento de LCG, la suba de este producto explica gran parte de la aceleración registrada en alimentos durante el mes y podría empujar el índice del sector hacia el 2%.
Aunque la inflación mostró cierta desaceleración respecto de meses anteriores, esa baja estadística no se traduce en una mejora real para las familias. Por el contrario, los indicadores sociales muestran un escenario cada vez más preocupante.
De acuerdo con un informe del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCI), realizado en barrios populares del conurbano y del interior bonaerense, ocho de cada diez familias debieron resignar el consumo de alimentos esenciales para poder llegar a fin de mes.
Los alimentos básicos aumentaron apenas un 1,52%, pero detrás de esa aparente estabilidad se esconde una realidad mucho más dura: caída del consumo, endeudamiento creciente y privaciones nutricionales cada vez más profundas. Según el estudio, una familia tipo necesitó más de 630 mil pesos para cubrir la Canasta Básica Alimentaria y más de 1,4 millones para no caer bajo la línea de pobreza.
El dato más alarmante es que el 77% de los hogares reconoció haber dejado de consumir lácteos, carnes, frutas, verduras, cereales o legumbres por falta de dinero. A su vez, el 86% manifestó sufrir estrés económico permanente para llegar a fin de mes.
La inseguridad alimentaria ya no golpea únicamente a quienes están desempleados. También alcanza a trabajadores registrados, jubilados y familias que conservan ingresos formales, pero que ya no logran cubrir sus necesidades básicas.
Y mientras los salarios permanecen congelados o aumentan apenas entre el 1 y el 2 por ciento mensual, se conoció además que la Secretaría General de la Presidencia, encabezada por Karina Milei, más que duplicó en un año los fondos de gastos flexibles de la Casa Rosada: pasaron de 471 millones a 1.135 millones de pesos.
Mientras el Gobierno se desvive por proteger a Adorni, acomodar internas y multiplicar privilegios en la Casa Rosada, millones de argentinos hacen cuentas para decidir qué comida dejar de comprar. La verdadera moción de censura no se vota en el Congreso: se siente todos los días en las góndolas vacías, en las mesas cada vez más pobres y en una sociedad que ya no escucha relatos, sino el ruido del estómago.
