
La primavera es la estación de la esperanza. Es el final del invierno, el momento en que vuelve a brotar la vida después del frío y la oscuridad. Pero la primavera también quedó asociada, a lo largo de la historia, con grandes movimientos de transformación política y social.
La Primavera de Praga, la Primavera Árabe, el Mayo Francés y, en la Argentina, aquel histórico 17 de octubre. Distintos momentos, distintas circunstancias, pero una misma idea: cuando parece que todo está detenido, la sociedad puede volver a ponerse en movimiento.
La Argentina lleva casi tres años atravesando una etapa de oscuridad social y económica. El modelo libertario impulsado por Javier Milei golpeó especialmente a las mayorías, mientras las políticas oficiales favorecieron a los sectores de mayores ingresos. Jubilaciones y salarios quedaron rezagados, mientras aumentaron las tarifas de luz y gas, los alimentos y el transporte público. A esto se suman el cierre de fábricas, la pérdida de derechos laborales y una creciente conflictividad social frente a la cual la respuesta del Gobierno muchas veces fue la represión.
En este escenario, el peronismo enfrenta uno de los desafíos más importantes de su historia reciente: reorganizarse, superar sus divisiones internas y construir una alternativa de gobierno capaz de volver a representar a las mayorías.
El desafío no consiste simplemente en regresar al pasado. Se trata de recuperar aquello que hizo del peronismo una fuerza transformadora —el trabajo, la producción, la industria nacional, la movilidad social, la defensa de los humildes y la soberanía— y, al mismo tiempo, construir nuevas respuestas para una sociedad que cambió profundamente.
El peronismo nació en primavera. Y también fue en primavera cuando Juan Domingo Perón regresó a la Argentina después de 17 años de exilio.
Quizás no sea casualidad que, en este momento de crisis, una parte del peronismo vuelva a hablar de futuro, organización y esperanza.
Kicillof y la construcción desde abajo
Hoy, Axel Kicillof aparece como una de las principales figuras de la oposición y como uno de los dirigentes con mayor capacidad para disputar electoralmente el liderazgo de Milei. Las encuestas conocidas en los últimos meses muestran una competencia pareja y, en algunos casos, una ventaja para el gobernador bonaerense.
Pero Kicillof, por ahora, evita hablar de candidaturas.
Su apuesta está en la construcción política del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), que viene extendiéndose más allá de la provincia de Buenos Aires y desarrollando encuentros en distintos puntos del país. Córdoba, CABA, Tierra del Fuego, Corrientes y Chaco fueron algunos de los lugares donde el espacio desplegó su actividad política.
La estrategia apunta a construir una alternativa desde abajo, con participación de dirigentes, militantes, trabajadores, jóvenes, universidades, sindicatos y organizaciones sociales.
No se trata solamente de una disputa interna del peronismo. El objetivo declarado es mucho más ambicioso: construir una alternativa política capaz de enfrentar a Milei y gobernar la Argentina a partir de 2027.
En ese camino, Kicillof también enfrenta críticas de sectores del kirchnerismo y de la propia interna peronista. Sin embargo, insiste en sostener una construcción amplia y en reivindicar los logros de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, pero evitando plantear una simple restauración del pasado.
“No queremos simplemente restaurar el pasado. Lo que queremos es construir y crear entre todos y todas un futuro distinto, un futuro mejor, un futuro para todos”, sostiene el gobernador. Y esa frase sintetiza buena parte de la discusión que atraviesa hoy al peronismo.
Septiembre será una prueba
El próximo sábado 19 de septiembre, el Movimiento Derecho al Futuro realizará un gran encuentro en Avellaneda, con carácter federal.
El Plenario Federal se desarrollará desde las 11 en la sede de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Villa Domínico y tendrá como objetivo profundizar el debate programático y la organización territorial.
Durante la jornada habrá mesas de debate sobre Comunidad y Organización; Educación Pública; Salud Pública; Ciencia y Universidad; Trabajo y Producción; Mujeres y Diversidades; Juventudes; Seguridad y Justicia; Obra Pública y Hábitat; y Cultura y Deportes.
El cierre estará a cargo de Kicillof, quien será el único orador. Desde su entorno estiman una convocatoria cercana a las 20 mil personas.
Pero el plenario no será un hecho aislado.
Durante las semanas previas se multiplicarán las reuniones del MDF en distintos municipios de la provincia de Buenos Aires y de Santa Fe, además de la Ciudad de Buenos Aires. La intención es que esos encuentros sirvan como instancia preparatoria para el gran plenario de Avellaneda.
La agenda comenzó con el Encuentro Federal por el Derecho al Futuro, organizado por el Centro de Estudios Derecho al Futuro (CEDAF) en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, donde Kicillof tuvo a su cargo el cierre.
También están previstos encuentros vinculados con educación, reuniones sectoriales y plenarios territoriales. En Mar Chiquita, la dirigencia axelista de la Quinta Sección Electoral se reunirá bajo una consigna que resume buena parte de la estrategia: “Organizar la esperanza”.
Una alternativa que no nazca de una rosca
Al encabezar el lanzamiento del MDF Juventudes en San Martín, Kicillof volvió a plantear que el objetivo es construir una alternativa política capaz de derrotar a Javier Milei en 2027.
Pero también envió un mensaje hacia el interior del peronismo.
Sostuvo que esa construcción no puede surgir “de un laboratorio, ni de una rosca política, ni de un encuentro entre cuatro paredes”. Por el contrario, planteó que debe construirse “de abajo hacia arriba”, desde los barrios, las universidades, los sindicatos y las fábricas.
La definición no es menor.
Después de años de internas, enfrentamientos y discusiones por candidaturas, el gobernador intenta instalar otra lógica: primero construir una propuesta política, un programa y una organización; después discutir quiénes serán los candidatos.
En el reciente encuentro realizado en la sede del PJ bonaerense, Kicillof también recuperó una idea central del pensamiento de Perón: la neutralidad estratégica y la integración regional latinoamericana.
“En un mundo que está atravesado por profundas transformaciones y disputas globales, debemos recordar la mirada innovadora y revolucionaria de Juan Domingo Perón: la neutralidad estratégica y la integración regional latinoamericana”, afirmó.
Y agregó: “No debemos someternos a lo que dicten las potencias extranjeras ni involucrarnos en guerras o ideologías que no nos pertenecen: Argentina cuenta con recursos naturales, tradición científica e industria nacional para ocupar un rol estratégico en este nuevo escenario internacional”.
Allí aparece otra de las diferencias que el peronismo deberá construir frente al Gobierno de Milei: qué modelo de país quiere la Argentina, qué lugar pretende ocupar en el mundo y cómo utilizar sus recursos naturales, su ciencia, su industria y su capacidad productiva para beneficio de las mayorías.
Porque denunciar el desastre económico y social del Gobierno no alcanza.
Como planteó el propio Kicillof: “Mientras denunciamos el desastre que está haciendo la gestión de Milei, es indispensable pensar, debatir y escuchar a todos los sectores para elaborar los programas que nos permitan transformar la realidad”.
La discusión que viene, entonces, no será solamente electoral. Será también una disputa por el sentido del futuro.
Milei pretende que la Argentina se acostumbre al invierno permanente: salarios congelados, fábricas cerradas, derechos recortados y una economía pensada para pocos. El desafío del peronismo es demostrar que después del invierno siempre puede volver la primavera. Pero esta vez no alcanzará con esperarla: habrá que organizarla, construirla y salir a buscarla.
