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17 septiembre, 2026
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Milei grita, promete y se encierra: la realidad ya no le cree

Más allá de que el presidente Javier Milei salga ahora a declarar que “hace tres años” que piensa en Malvinas, cada vez son menos los argentinos que creen en su relato. Y no se trata solamente de Malvinas: la desconfianza alcanza también a su gestión.

Durante horas, el Presidente apareció desbordado y a los gritos, reclamando que “¡no concedan nada!” y pidiendo que no se dejen “psicopatear por la oposición”. Pero el problema de fondo no está en lo que dicen o dejan de decir los partidos opositores. El problema está en la vida cotidiana de millones de argentinos.

La discusión real está en quienes no llegan a fin de mes, en quienes se cansaron de la furia y la confrontación permanente desde la Casa Rosada, y en un Presidente cuyo nivel de rechazo, según la mayoría de las encuestas, supera el 60%. Está en quienes llegan al día 15 y ya no saben cómo comprar comida, pagar el transporte o afrontar las tarifas. Es la realidad de los jubilados y también de los trabajadores asalariados que todavía conservan su empleo.

Mientras el Gobierno insiste con su discurso, el proyecto de Presupuesto 2027 vuelve a poner sobre la mesa una fuerte discusión por los recursos destinados a las provincias y a las universidades. El texto también plantea modificaciones profundas en materia de discapacidad: propone recuperar el concepto de “invalidez laboral” y modificar el mecanismo de acceso a las pensiones, junto con cambios en el Certificado Único de Discapacidad.

Según el presupuesto presentado, también se modifica el sistema de prestaciones utilizado durante décadas y se elimina la actualización mensual obligatoria de las prestaciones establecida por la legislación de emergencia. A esto se suma la eliminación del arancel único que pagan las obras sociales y prepagas a los prestadores.

La contradicción que plantea la nota es difícil de ignorar: mientras se sostiene que “no hay plata”, continúan existiendo recursos para áreas como la SIDE y para la compra de armamento chatarra a Estados Unidos. Al mismo tiempo, los jubilados siguen percibiendo el bono de 70 mil pesos y las personas con discapacidad enfrentan modificaciones que generan una fuerte preocupación entre las organizaciones del sector.

El problema para Milei es que las promesas de campaña chocan cada vez más con los resultados concretos. Prometió destruir el Banco Central y ahora, termina entregándolo a sus amigos. Prometió dolarización, pero una parte de la población llega con dificultades incluso a mitad de mes. Prometió una transformación económica y, mientras tanto, continúan cerrando fábricas.

También prometió combatir a la corrupción, pero su gobierno quedó atravesado por distintos escándalos y controversias, entre ellos los mencionados en torno a Adorni, el área de discapacidad, el caso $Libra y las acusaciones vinculadas a Karina Milei y el 3%. Y aquella promesa de enfrentar a “la casta” terminó chocando con una realidad en la que los trabajadores aparecen entre los sectores más afectados por el ajuste, mientras los sectores más poderosos conservan capacidad de influencia.

Lo que los argentinos buscan

En las últimas horas, además, apareció un estudio realizado por las consultoras La Sastrería y Trespuntozero que indaga cuáles son las principales características que los argentinos quieren encontrar en quien ocupe la Presidencia.

Las respuestas marcan una señal política que merece atención: entre las características más valoradas aparecen la honestidad, la empatía y el equilibrio emocional. Es decir, atributos que van mucho más allá de una discusión electoral y que expresan una demanda sobre la forma de ejercer el poder.

Y ahí aparece el verdadero problema para el Gobierno. No alcanza con gritar más fuerte, acusar a la oposición o repetir que todo lo anterior fue peor. Cuando la discusión entra en cada hogar, cuando hay que decidir qué factura pagar y qué comida comprar, el relato empieza a perder contra la realidad.

Milei puede seguir levantando la voz, pero hay algo que ya no puede ordenar a los gritos: la vida cotidiana de los argentinos. Y cuando una sociedad empieza a pedir honestidad, empatía y equilibrio en lugar de insultos, confrontación y ajuste, la política entra inevitablemente en otra etapa.

 

 

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