Mientras el Gobierno prepara la presentación del nuevo Presupuesto, con nuevos recortes para las provincias y los municipios, Javier Milei vuelve a prometer más ajuste. El Presidente insiste con un relato que parece vivir en otra Argentina: asegura que la inflación baja, que los salarios reales crecen y que el consumo se recupera.
Pero la realidad de millones de argentinos cuenta una historia muy diferente.
En la reunión de Gabinete, Milei volvió a insistir en que la inflación continúa bajando, que crece el salario real y que la gente consume cada día más. “Vamos a seguir profundizando las medidas”, afirmó el Presidente, en una frase que puede sonar tranquilizadora en la Casa Rosada pero que genera preocupación en una sociedad que ya viene soportando años de ajuste.
El problema es que los números sociales empiezan a desmentir con fuerza ese relato.
La pobreza volvió a crecer en agosto. Según el último Nowcast de Pobreza de la Universidad Torcuato Di Tella, elaborado por el economista Martín González-Rozada, alcanzó al 31,3% de las personas durante el semestre marzo-agosto de 2026, frente al 30,2% registrado en el mismo período de 2025. Es decir, un aumento interanual de 1,1 puntos porcentuales.
La comparación con el período inmediatamente anterior muestra una aparente estabilización, pero el desglose revela un leve deterioro: la indigencia se mantuvo en 6,6%, mientras que la pobreza no indigente pasó del 24,6% al 24,8%.
La carne volvió a ser un lujo
Hay un dato que quizás explique mejor que cualquier discurso económico lo que está pasando en los hogares: cada vez se come menos carne.
La carne vacuna aumentó 51,2% interanual en agosto, mientras que el consumo interno cayó un 9,5%. El consumo anual por habitante se ubicó en apenas 46 kilos, el nivel más bajo de los últimos 20 años, según los datos citados de CICCRA.
La comparación histórica es todavía más contundente.
Durante la presidencia de Néstor Kirchner, el consumo anual de carne vacuna por persona osciló entre 62 y 66,3 kilos. Durante los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner llegó a un máximo de 68,9 kilos en 2009 y tuvo un piso de 55,5 kilos en 2011. En 2015, al finalizar su mandato, el consumo era de 59,5 kilos por habitante.
Durante el macrismo comenzó una caída que llevó el consumo a 52 kilos en 2019. Durante la gestión del Frente de Todos se recuperó levemente hasta 53,9 kilos.
Con Milei, el derrumbe continuó y llegó a un piso histórico reciente de 46 kilos por habitante. La carne, uno de los alimentos más emblemáticos de la mesa argentina, se convirtió cada vez más en un producto difícil de comprar para millones de familias.
Servicios que se comen el salario
Y si comprar carne se vuelve un lujo, pagar las facturas tampoco resulta sencillo.
Más allá del dato general de inflación de agosto, los servicios registraron aumentos muy superiores. En el Gran Buenos Aires, la división Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles aumentó 45,3% en los últimos doce meses, 11,6 puntos por encima del 33,7% del nivel general de precios de la región.
Dentro de ese rubro, electricidad, gas y otros combustibles aumentaron 55,4%, una diferencia de 21,7 puntos respecto de la inflación general del GBA.
También los alquileres quedaron por encima del promedio: los gastos asociados a la vivienda aumentaron 42%, mientras que el alquiler de la vivienda subió 42,7%.
Y el impacto no se limita al área metropolitana. En otras regiones, el aumento de Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles llegó al 49,3% en la región Pampeana, 74,5% en el Noreste, 50,1% en el Noroeste, 50,8% en Cuyo y 50,9% en la Patagonia.
Por eso, cuando el Gobierno celebra una inflación mensual del 1,7%, la pregunta que queda flotando es sencilla: ¿qué inflación siente realmente una familia cuando las tarifas, los alquileres y los servicios aumentan por encima del promedio?
Un mercado laboral cada vez más desprotegido
El deterioro tampoco se limita al consumo. El mercado laboral muestra un crecimiento preocupante de la precariedad.
Según un informe del Instituto Argentina Grande (IAG), el 45,2% de los trabajadores se encuentra en situación de desprotección laboral. Esto significa que más de cuatro de cada diez ocupados realizan tareas sin aportes jubilatorios, sin estabilidad o sin una estructura laboral que les brinde protección.
El estudio, elaborado a partir de microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC y registros del SIPA, advierte que el fenómeno golpea especialmente a jóvenes, mujeres y adultos mayores.
Sobre una población económicamente activa proyectada en 22,5 millones de personas, el informe identifica 5,7 millones de asalariados informales y 5,6 millones de cuentapropistas, de los cuales 3,4 millones no facturan. Los asalariados registrados suman 9,6 millones: 6,6 millones del sector privado y 3 millones del Estado.
El indicador elaborado por el IAG, que contempla estabilidad, aportes, antigüedad y capital, determina que el 45,2% de los ocupados está desprotegido. En contraste, el empleo privado protegido representa el 39% y el empleo público el 15,7%.
El dato más preocupante aparece al observar la evolución desde el cambio de Gobierno: en dos años se registraron 626.000 nuevos puestos de trabajo desprotegidos, mientras se perdieron 56.000 empleos privados protegidos y 212.000 empleos públicos.
Además, los 350.000 nuevos trabajadores que ingresaron al mercado laboral desde 2024 lo hicieron íntegramente en tareas desprotegidas.
El relato contra la realidad
El Gobierno puede seguir hablando de recuperación, crecimiento y salarios que mejoran. Puede insistir en que la inflación está controlada y preparar un nuevo Presupuesto basado en más ajuste para las provincias y los municipios.
Pero hay una realidad que no se puede dibujar en una planilla de Excel: familias que comen menos carne, trabajadores sin protección, alquileres que suben, tarifas que se disparan y millones de argentinos que siguen haciendo malabares para llegar a fin de mes.
Y ahora Milei anuncia que va a “seguir profundizando las medidas”.
El problema es que, para buena parte de la sociedad, ya no queda demasiado para profundizar.
Cuando el salario no alcanza, la carne desaparece de la mesa, las facturas se vuelven impagables y casi la mitad de los trabajadores carece de protección, seguir ajustando no es un plan económico: es seguir empujando a los argentinos hacia abajo.
