Luego del triunfo de Flavio Bolsonaro en Brasil, el presidente Javier Milei reunió a su gabinete y dejó en claro que no habrá un solo peso destinado a mejorar la situación de los trabajadores y los jubilados. También cuestionó las medidas adoptadas por Lula, al considerar que su “plan platita” no tuvo el efecto esperado y que se trata de políticas del pasado.
Palabras más, palabras menos, el Presidente frenó a quienes desde La Libertad Avanza le reclamaban que tomara alguna medida para beneficiar a los argentinos que no llegan a fin de mes. La respuesta fue contundente: no habrá cambios en el rumbo económico ni alivio para los sectores que más están sufriendo el ajuste.
El Gobierno decidió mantener una política económica que ya golpea con fuerza a millones de argentinos. No habrá medidas destinadas a recuperar el consumo, que permanece estancado desde hace meses, ni anuncios para recomponer salarios y jubilaciones.
La economía está mal y está paralizada. Todos lo saben, aunque dentro del Gabinete nadie parece dispuesto a decirlo en voz alta. Nadie quiere convertirse en el niño que grite que “el rey está desnudo”.
En ese contexto, fue llamativo que durante la segunda parte de la reunión participara Alberto Ades, doctor en Economía por la Universidad de Harvard, quien presentó ante el Gabinete su último trabajo, titulado El mundo que ya llegó. Geopolítica, deuda y mercados: el cambio de régimen ya se puede medir.
El ministro Luis Caputo decidió no participar de la reunión con la excusa de que estaba enfermo. Sin embargo, horas más tarde apareció en el programa Carajo para cargar contra la oposición. “Creo que en todos los escenarios gana el Presidente”, afirmó, y, en tono amenazante, agregó: “Les vamos a arrancar la cabeza como en octubre del año pasado”.
Mientras tanto, Karina Milei le ordenó a Diego Santilli que trabaje para que durante este mes se termine con las PASO. El objetivo político del Gobierno es evidente: impedir que el peronismo pueda realizar sus internas y llegue dividido a las elecciones.
La apuesta libertaria es que, con el peronismo fragmentado, Milei pueda tener mayores posibilidades de imponerse en primera vuelta. Según ese escenario, el Gobierno calcula que el Presidente podría ganar con el 41 por ciento de los votos si el peronismo dividido no logra superar los 31 puntos.
Pero mientras se discuten estrategias electorales y se hacen cuentas en los despachos oficiales, hay una realidad mucho más concreta que golpea todos los días a los argentinos.
Desde el Gobierno ya saben que el Presidente está decidido a no soltar ninguna ayuda para los sectores más vulnerables. Sueldos magros, jubilaciones que pierden poder adquisitivo, consumo por el piso, tarifas de luz y gas que aumentan mes a mes, transporte cada vez más caro y una economía que continúa destruyendo puestos de trabajo.
El mensaje es claro y no parece haber margen para interpretaciones: quienes esperaban alguna señal de alivio deberán seguir esperando.
La receta sigue siendo la misma: ajustar a los trabajadores, recortar a los jubilados, enfriar el consumo y reducir el Estado, mientras los sectores más concentrados de la economía continúan haciendo negocios.
Y detrás de ese modelo aparece también una concepción cada vez más peligrosa: que la educación y la salud públicas dejen de ser derechos y pasen a depender de la capacidad de pago de cada argentino.
Que no queden dudas. No es un accidente ni una medida transitoria: el Gobierno eligió quiénes van a pagar el costo de su modelo económico. Y, una vez más, los que están primeros en la fila son los trabajadores, los jubilados y los sectores más vulnerables.
Mientras desde el poder hablan de libertad y hacen cuentas electorales, millones de argentinos hacen otras cuentas mucho más urgentes: cómo llegar a fin de mes, cómo pagar la luz, cómo comprar alimentos y cómo sostener a sus familias.
El rey podrá seguir diciendo que todo marcha maravillosamente. Pero afuera de la Casa Rosada, la realidad hace rato que está desnuda.
