
El Gobierno de Javier Milei prepara una nueva ofensiva contra las PASO con un objetivo político evidente: complicarle al peronismo la elección de sus candidatos y profundizar sus diferencias internas. Mientras Karina Milei y Diego Santilli buscan sumar el respaldo de gobernadores en el Congreso, la oposición enfrenta el desafío de ordenar su estrategia electoral sin quedar atrapada en una pelea de dirigentes.
Axel Kicillof aparece como uno de los principales candidatos opositores en las encuestas, pero la relación con Cristina Kirchner sigue siendo malas y las disputas por las candidaturas atraviesan a todo el espacio. Un viejo dirigente peronista, curtido en mil batallas, recuerda una frase atribuida a Mao Tse-Tung que parece escrita para este momento: «Los melones no se pueden golpear cuando no están maduros; cuando están a punto, caerán por su propio peso».
En política, la ansiedad puede ser tan peligrosa como la inmovilidad. El desafío es encontrar el equilibrio entre los tiempos de construcción y la urgencia de ofrecer una alternativa para derrotar a la ultraderecha.
Milei quiere eliminar las PASO
El Gobierno libertario buscará avanzar con la eliminación de las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias. En el peronismo advierten que la iniciativa no solo modifica las reglas electorales: también dificulta la resolución de las internas y obliga a los distintos sectores a negociar candidaturas sin un mecanismo común de competencia.
Repetir una gran interna como la que protagonizaron Antonio Cafiero y Carlos Menem en 1988 parece hoy muy difícil, entre otras razones por los problemas de actualización de los padrones partidarios que son los mismos de 1983.
Algunos dirigentes proponen buscar una candidatura de consenso a partir de encuestas y acuerdos políticos. Otros no descartan que el peronismo llegue dividido a la primera vuelta y termine unificándose en un eventual balotaje. Esta última alternativa encierra un riesgo: una oposición fragmentada podría facilitarle el camino a Milei.
Pero la discusión no debería reducirse a quién ocupa el primer lugar de la boleta. La cuestión central es cómo construir una mayoría capaz de derrotar al Gobierno y ofrecer una alternativa al modelo de ajuste.
Kicillof, Cristina y una relación que todavía no encuentra salida
Axel Kicillof aparece hoy como uno de los principales candidatos presidenciales del peronismo, con mediciones que rondan entre el 30 y el 35 por ciento. Cristina Kirchner conserva un caudal electoral significativo, aunque su situación judicial condiciona sus posibilidades de competir. Sergio Massa y otros dirigentes aparecen por detrás en esas mediciones.
La relación entre Cristina y Kicillof sigue siendo uno de los puntos más delicados de la interna. Las diferencias políticas no desaparecieron y todavía no existe un acuerdo público que permita anticipar cómo se resolverá la disputa por el liderazgo.
Algunos dirigentes sostienen que, si Cristina no pudiera ser candidata, podrían surgir otras alternativas, entre ellas Sergio Massa, Gerardo Zamora o Sergio Uñac. Por ahora, son posibilidades que circulan dentro del espacio y no decisiones formalmente anunciadas por la expresidenta.
Mientras tanto, desde el Movimiento Derecho al Futuro (MDF), el espacio impulsado por Kicillof, la estrategia pasa por profundizar la construcción territorial, recorrer las provincias y dialogar con sectores de la producción, el trabajo y las universidades.
El gobernador busca ampliar su base de apoyo y proyectar su experiencia de gestión bonaerense a escala nacional. Sin embargo, muchos dirigentes le reclaman que anuncie cuanto antes su candidatura presidencial.
La disputa bonaerense también está sobre la mesa
La discusión no se limita a la candidatura presidencial. La gobernación de Buenos Aires, un territorio decisivo para cualquier proyecto nacional del peronismo, también concentra aspiraciones y tensiones.
Dentro del MDF aparecen nombres como Gabriel Katopodis, Julio Alak y Jorge Ferraresi. En la Liga de Intendentes tienen aspiraciones Federico Achával y Federico Otermín, mientras que La Cámpora mantiene sus expectativas alrededor de Mayra Mendoza. También aparece Leonardo Nardini, uno de los intendentes con mejor imagen dentro del espacio.
En este escenario, algunos cuestionan que Kicillof todavía no se haya reunido con Cristina Kirchner en San José 1111 para encaminar las diferencias. Otros consideran que antes deben resolverse cuestiones políticas y electorales más amplias.
La multiplicidad de candidaturas demuestra que el peronismo necesita ordenar sus liderazgos nacionales y provinciales sin convertir cada disputa en una batalla que termine debilitando al conjunto.
Pero hay algo más importante: la unidad no puede ser solamente un acuerdo para repartir cargos. Necesita un programa que convoque a trabajadores, jubilados, sectores productivos, estudiantes y una clase media golpeada por la crisis. Recuperar salarios, defender la industria nacional y fortalecer la educación y la salud públicas deben formar parte de una propuesta de país que vaya más allá de los nombres propios.
La lección de Mao: flexibles en la táctica, firmes en la estrategia
Un viejo dirigente peronista, protagonista de mil batallas, resume el momento con una frase atribuida a Mao Tse-Tung, quien habría recurrido a esa imagen ante las presiones de quienes le exigían acelerar definiciones y romper con otros sectores de su propio partido:
«Los melones no se pueden golpear cuando no están maduros; cuando están a punto, caerán por su propio peso. No hay que ser demasiado rígido en la batalla».
La metáfora sirve para interpretar el momento que atraviesa el peronismo. No toda demora implica debilidad ni toda definición anticipada garantiza fortaleza. Apurar una decisión puede profundizar las diferencias y cerrar puertas que todavía podrían abrirse mediante la negociación política.
Pero esperar tampoco significa quedarse inmóvil. La construcción de una candidatura competitiva requiere organización, presencia territorial, acuerdos y un proyecto capaz de ofrecer respuestas concretas a una sociedad golpeada por la pérdida de ingresos, el deterioro del empleo y el retroceso de derechos.
Kicillof busca ampliar su respaldo político y social, mientras el conjunto del peronismo necesita encontrar un punto de encuentro que permita superar las diferencias sin negar las distintas identidades que conviven dentro del movimiento.
La flexibilidad táctica no puede convertirse en una excusa para postergar indefinidamente las decisiones. Se trata de elegir los tiempos adecuados sin perder de vista el objetivo estratégico: construir una mayoría para derrotar a Milei y abrir una nueva etapa política.
Los melones caerán cuando estén maduros, pero el peronismo no puede confundir paciencia con inmovilidad ni unidad con silencio. Hay que ser flexibles en la táctica, firmes en la estrategia y claros en el objetivo: mientras Milei avanza con su proyecto de ajuste, la oposición tiene que construir una alternativa que devuelva la esperanza y vuelva a poner al trabajo, la producción y la justicia social en el centro del país.
