Javier Milei está furioso con una parte de su gabinete que le plantea la necesidad de introducir cambios en la economía. La actividad está frenada, los salarios no alcanzan y millones de argentinos hacen malabares para llegar a fin de mes. Sin embargo, el Presidente se niega a modificar el rumbo. El último que se atrevió a sugerirle medidas para reactivar el consumo fue Diego Santilli. La respuesta, según trascendió, fue a los gritos: «Voy a morir atado al mástil de este programa».
La frase pinta de cuerpo entero al Presidente: antes que reconocer el fracaso de su política económica, está dispuesto a profundizar el ajuste, aunque el costo lo paguen los trabajadores, los jubilados y los sectores más vulnerables. El problema es que la economía real no responde a los dogmas de Milei y que el malestar social empieza a convertirse en un problema político cada vez más difícil de ocultar.
Las encuestas que circulan por los despachos de la Casa Rosada explican la preocupación de Karina Milei y del sector político del Gobierno. Los números de Synopsis y Zentrix muestran una misma realidad: cae la aprobación presidencial, crece el rechazo y la crisis del bolsillo se consolida como la principal preocupación de los argentinos.
Según el último relevamiento de Synopsis, realizado entre el 12 y el 17 de octubre, la aprobación de la gestión de Milei cayó dos puntos y quedó en el 33,6%, frente a un 55,6% de evaluaciones negativas. La calificación «muy mala» alcanzó el 42%. Además, los bajos salarios se ubicaron como el principal problema económico, con el 49,7% de las respuestas, seguidos por la falta de empleo, con el 21,9%. Entre ambos factores superaron el 70% de las menciones.
El deterioro también se refleja en las expectativas políticas: el 59,7% de los consultados por Synopsis afirmó que buscaría un cambio respecto de la situación actual del país si las elecciones fueran hoy. La continuidad del rumbo libertario reunió apenas el 36,7%.
Pero hay un dato todavía más contundente: el 65,3% de la población apenas consigue cubrir sus gastos hasta el día 20 del mes, según Zentrix. La cifra coincide con un relevamiento del Banco Provincia, que señala que el 57% de los empleados del sector privado que cobran sus salarios en esa entidad se queda sin saldo en sus cuentas el día 20. Dentro de ese grupo, el 36% ya no tiene dinero disponible el día 10.
A la pérdida del poder adquisitivo se suma el endeudamiento familiar, cuya morosidad alcanzó el 12,9%, de acuerdo con los datos citados en el informe. En otras palabras, cada vez más argentinos no solo llegan con lo justo a fin de mes: también deben endeudarse para sostener sus gastos cotidianos.
La crisis golpea con más fuerza a los sectores populares. Zentrix registró una desaprobación de Milei del 56,8% en el conjunto de la población, pero entre quienes se identifican como integrantes de la clase baja trepa al 72,9%. Entre quienes se consideran de clase alta, en cambio, el rechazo es del 25,2%.
Claudio Montiel, director de Zentrix, explicó que el malestar económico está impulsando la desaprobación y que quienes atraviesan una situación difícil comienzan a responsabilizar directamente al Gobierno, algo que, según señaló, no ocurría con la misma intensidad un año o un año y medio atrás.
La realidad empieza a pasarle factura a Milei. No alcanza con exhibir cifras macroeconómicas ni repetir promesas de sacrificio cuando los salarios se evaporan, las familias se endeudan y el dinero no llega al día 20. El ajuste tiene consecuencias concretas y quienes las sufren empiezan a señalar al responsable.
En el plano electoral, el relevamiento de Synopsis ubica a Axel Kicillof en una posición competitiva frente al Presidente: en un eventual balotaje, el gobernador bonaerense obtendría el 52,2% frente al 47,8% de Milei. Frente a Patricia Bullrich, en cambio, el escenario aparece como un empate técnico en torno al 50%. Son proyecciones y no una elección definida, pero muestran que el oficialismo ya no tiene garantizado el respaldo que necesita para sostener su rumbo.
Mientras tanto, Milei se encierra en su propia intransigencia. No escucha a quienes advierten sobre el deterioro del consumo, no parece dispuesto a aliviar la situación de quienes menos tienen y convierte la defensa de su programa en una prueba de obediencia. Para el Presidente, cambiar es claudicar; para millones de argentinos, seguir así significa no llegar a fin de mes.
Milei promete morir atado al mástil del ajuste. El problema es que está hundiendo al país con él.
