20 agosto, 2019

Por Dante Palma//Alberto Fernández contra resto del mundo

El periodismo de guerra se encuentra ya completamente desplegado y augura meses extenuantes. Prácticamente toda la semana hicieron una polémica de la nada: que Cuchuflito y que Pindonga. Hasta fueron a buscar a Cuchuflito a ver si declaraba como un estadista republicano asustado por el hecho de que Argentina se transforme en Venezuela. Por suerte Pindonga decidió no exponerse. CFK es una gran oradora y al no preparar sus discursos a veces comete deslices. Pero no ha sido éste el caso. Está claro a qué se refería y que a lo que ella apuntaba era a los alimentos degradados que ofrecen algunas marcas. El objetivo de su alocución era hacer énfasis en que la crisis hace proliferar alimentos que no son tales. En tiempos de Fake News tenemos Fake Foods y todo se mezcla: los quesos devienen “alimentos a base de quesos”; la leche se transforma en “bebida láctea”; las noticias son “operaciones y publinotas a base de información”.

El periodismo oficialista intentó inferir de allí un desprecio de CFK por las segundas marcas y por las Pymes. Los datos mostrarían otra cosa: se estima que en los doce años de kirchnerismo las pymes crecieron un 50%. Durante el primer cuatrimestre de 2019 cerraron cuarenta y tres por día según números oficiales. Es evidente que Cuchuflito y Pindonga tenían más laburo antes.

Más controvertida fue la intervención de CFK cuando indicó que las entrevistas que le hacían a ella eran una suerte de interrogatorio. Insisto en que CFK se ha equivocado bastante en sus intervenciones por el hecho de la improvisación y además es natural que alguien que haya hablado en público durante ocho años como presidente deje frases que pueden ser descontextualizadas. Pero en este caso, si se ve en vivo el modo, la gestualidad, el tono, etc. resulta claro que de ninguna manera apunta a hacer semejante comparación. Sin embargo, aquello hizo que se sirviera en bandeja a los periodistas, que creen que su oficio y ellos mismos son el termómetro de las repúblicas democráticas modernas, la posibilidad de victimizarse. CFK o alguien cercano logró convencerla de pedir las disculpas del caso a quien había sido aludido. A nadie le importó demasiado. Las fieras ya habían obtenido su manjar.

Mientras tanto el historiador Luis Alberto Romero escribía en La Nación que el macrismo es de izquierda y CFK es de derecha, algo que seguramente hasta dibujó una mueca de piedad en el macrismo. Conmueve el esfuerzo de la gente a quien en general nadie le pide tanto. Y por si esto fuera poco, se viraliza un video que alguien tenía guardado por allí desde hace un año en el que Alberto Fernández le da un “panzazo” a alguien que lo insultaba en un bar. Hay que hacer de Alberto alguien muy pero muy malo.

Hablando de panzas y de Alberto Fernández, no se puede pasar por alto otra polémica: el Tigre Verón. Se trata de una ficción de POLKA en la que se recorren todos los lugares comunes y los prejuicios del antiperonismo y el antisindicalismo: patriarcas caudillistas con barrigas prominentes, campera de cuero, boxeo, hijos acomodados en puestos, violencia, corrupción. Otro caso de gente muy mala. La misma productora que también en vísperas de elecciones había estrenado, en su momento, El Puntero. Para casualidad parece mucho. Jorge Rial, en Intrusos, denominó a El Tigre Verón, el primer caso de una “publificción” trazando un parangón con las antes mencionadas publinotas en las que resulta obvio que alguien pone dinero para ser entrevistado. Aquí se estaría frente a una ficción con clara intencionalidad política, curiosamente, en el mismo momento en que el gobierno embate contra el sindicalismo y amenaza con avanzar con la reforma laboral. Sin embargo, en un claro error de estrategia comunicacional, los Moyano hicieron público a través de su abogado su deseo de denunciar a la productora e incluso al actor Julio Chávez. Un completo delirio y una completa ignorancia respecto a cómo funciona la comunicación y los medios. En tiempos donde vivimos en un mercado de la victimización, denunciar a una productora y al grupo Clarín (incluyendo allí a un actor por el papel que realiza) es hacer del victimario una víctima. Claro que la serie estigmatiza y juega políticamente. Pero eso no se resuelve judicialmente y menos yendo contra el actor incluso si él fuese consciente y eligiera adrede participar de ese papel para favorecer la estigmatización del sindicalismo (algo que no resulta inverosímil pero que, en principio, no me consta). A propósito del sindicalismo, otro error comunicacional ha sido el de la decisión de los pilotos de avión nucleados en el sindicato más crítico al oficialismo, de incluir un brevísimo comunicado, una vez que los vuelos llegan a tierra, denunciando que la política de cielos abiertos que lleva adelante este gobierno atenta contra las fuentes laborales y la soberanía. ¿El comunicado es agresivo contra el gobierno? No. ¿Es invasivo para los pasajeros? En grado mínimo salvo para Luis Brandoni. ¿Es verdadero lo que el comunicado indica? Sí. ¿Por qué, entonces, fue un error incluirlo? Porque todos sabemos que eso será usado contra el sindicalismo todo, contra el peronismo y contra Alberto Fernández. Cuando la oposición intenta instalar el debate económico, algunos sindicalistas le dan al gobierno y a la prensa oficialista la posibilidad de instalar una agenda que va contra el propio sindicalismo y los ubica en el lugar de los malos de la película. Indigna y enoja porque es injusto y es falso el ataque al sindicalismo como un todo pero a nadie le importa la justicia y la verdad, menos en tiempos de elecciones. Además, quien se indigna y enoja pierde.

Y si de economía se trata, quien dio un gran reportaje y vapuleó a Joaquín Morales Solá fue Alberto Fernández. Ha sido tan resonante la supremacía que el Ministro Dujovne salió a contestar e hizo que los medios oficialistas tuvieran que ocuparse del tema. La entrevista demuestra que hay políticos blindados como Vidal a los que nunca se les hace una repregunta pero que eso ha hecho perder el timing de las entrevistas a algunos periodistas que no están acostumbrados a ser interpelados con datos y argumentos. Fue llamativo ver a un periodista de la trayectoria del columnista de La Nación aparecer tan desprovisto de herramientas y de fuentes. Usando la metáfora futbolística, cuando el rival es de fuste, los números 10 que solo tiran centros y dan pases gol para que el entrevistado cabecee, tienen que aprender a tirarse al piso, hacer tiempo, usar el VAR y trabajar la entrevista.

Por suerte para Alberto Fernández, algunos referentes políticos, sociales y del espectáculo, de aquellos que militan “sueltos” pero que siempre tienen cerca un micrófono, no están haciendo declaraciones que luego puedan ser usadas en contra del candidato del Frente de Todos. Desconozco si ha sido un pedido expreso o un ejercicio autoimpuesto guiado por la prudencia pero quien hoy lidera todas las encuestas, por más o menos puntos, tiene que lidiar, por un lado, con el “fuego enemigo” que es muy ordenado y funciona como una temible maquinaria aceitada de desinformación, intoxicación, instalación y penetración. Y por otro lado, con el “fuego amigo” que es la consecuencia de una descoordinación sorprendente, mensajes sin horizonte claro y llaneros solitarios que juegan la propia.

El Frente de Todos ha sido un armado electoral milagroso, impensable unos meses atrás. Salvo algún distrito en particular, creo que ofrece lo mejor que la oposición podía ofrecer y eso le está permitiendo soñar con el triunfo basándose en todos los votos del núcleo duro de CFK más la capacidad cada vez más evidente de Alberto Fernández quien se enfrenta con solvencia a todas las zancadillas y operaciones a las que el oficialismo lo somete. Si a eso le sumamos la evidencia de estar frente al peor gobierno desde el regreso de la democracia, pasando por alto a De la Rúa, claro, habría razones para ser optimistas. Sin embargo, un buen armado electoral y uno de los peores gobiernos de la era democrática pueden no alcanzar si los propios se siguen equivocando. El adversario de Alberto Fernández debería ser Juntos por el cambio. Por momentos pareciera ser Juntos por el cambio más resto del mundo.

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