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La Plata
15 mayo, 2026
"SIN RED"

De la tragedia a la farsa: una escena menor convertida en crisis por la derecha

Los medios hegemónicos no dudaron en instalar ayer una escena que no ocurrió: hablaron de “enfrentamientos” entre seguidores de Axel Kicillof y de Cristina Kirchner durante el acto de apertura del curso de formación política del PJ bonaerense, con más de 18.000 inscriptos en el Teatro Coliseo Podestá. Pero la realidad fue bastante más simple —y bastante menos funcional a ese relato.

En medio de un teatro colmado, un joven desplegó un cartel con la consigna “Cristina libre” y, acompañado por algún grito aislado que pedía saber “cómo liberar a Cristina”, la respuesta de la mayoría fue inmediata: “Axel presidente”. El gobernador sonrió y el acto continuó sin interrupciones. No hubo enfrentamientos, ni tensión real, ni nada que se parezca a una interna desbordada.

El episodio, que duró apenas unos segundos, evocó para algunos militantes  más experimentados un momento histórico mucho más profundo y conflictivo: el 1° de mayo de 1974 en Plaza de Mayo. Aquel día, Juan Domingo Perón había pedido que no hubiera carteles para preservar el clima de unidad en una jornada tradicional del movimiento obrero. Sin embargo, sectores de la juventud peronista, particularmente Montoneros, desoyeron la consigna y desplegaron banderas propias, acompañadas de cánticos agresivos contra el propio gobierno.

Las consignas —“¿Qué pasa, qué pasa, qué está lleno de gorilas el gobierno popular?” o “Rucci traidor”— marcaron un punto de quiebre. La tensión escaló al máximo cuando incluso se insultó a Isabel Perón. La respuesta del líder fue inmediata: en un discurso breve pero cargado de furia, los calificó de “imberbes” y “estúpidos” y los expulsó de la Plaza. Aquella jornada selló la ruptura definitiva entre Perón, el pueblo trabajador y Montoneros.

A diferencia de aquel momento histórico, lo ocurrido en La Plata no tuvo ni la magnitud ni el contenido político de una ruptura. Fue, en todo caso, una escena menor amplificada de manera interesada para instalar una narrativa de división donde no la hay.

De vuelta en el presente, Kicillof continuó su exposición sin desvíos y dejó un mensaje claro al cierre: “Venimos a transformar, a construir. Esto no es nostalgia ni una pieza de museo. Tenemos que pensar cómo militar para construir una Argentina justa, libre y soberana y, sobre todo, defender lo nuestro. Viva Perón, viva Evita, viva Néstor, viva Cristina”.

La comparación inevitable aparece en aquella frase de Karl Marx en El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte: la historia ocurre dos veces, primero como tragedia y luego como farsa. Lo de 1974 fue una tragedia política con consecuencias profundas. Lo de ayer, en cambio, fue apenas una escena sobreactuada por quienes necesitan ver grietas donde hay organización.

Cuando no hay conflicto real, se lo inventa. Cuando no hay ruptura, se la exagera. Y cuando un espacio político se organiza y forma, lo que molesta no es lo que pasa, sino lo que puede llegar a pasar. Porque detrás del intento de instalar internas hay algo más evidente: el miedo a que, esta vez, la historia no se repita ni como tragedia ni como farsa, sino como construcción política con rumbo propio.

 

 

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