El senador de La Libertad Avanza y presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, organizó un homenaje al fundador de la Cienciología, L. Ron Hubbard, una organización considerada sectaria en distintos países europeos. Como si fuera poco, el acto incluye al Papa Francisco dentro de un supuesto “diálogo interreligioso”.
El evento se realizará el próximo 9 de junio en el Salón Azul del Palacio Legislativo y contará con la presencia del presidente de la Cienciología en Argentina, Gustavo Libardi.
Mientras el oficialismo libertario le abre las puertas del Senado, en Europa —y particularmente en Francia— la postura es completamente opuesta. El Estado francés mantiene una vigilancia estricta sobre la organización a través de la Misión Interministerial de Vigilancia y Lucha contra las Derivas Sectarias (MIVILUDES), negándole el estatus de religión y clasificándola como una estructura con prácticas sectarias peligrosas.
El gobierno francés no solo monitorea sus actividades de manera permanente, sino que también advierte sobre sus prácticas en informes oficiales, en un contexto marcado por múltiples condenas judiciales y denuncias por fraude, manipulación y abuso.
Un historial judicial que enciende alarmas
Las advertencias no son abstractas. La Cienciología acumula antecedentes judiciales relevantes en Francia.
En 1978, L. Ron Hubbard fue condenado en rebeldía por fraude: recibió una pena de cuatro años de prisión y una multa de 35.000 francos. En ese mismo proceso también fueron condenados dirigentes de la organización en ese país.

En 1996, veintitrés miembros de la Cienciología fueron juzgados en Lyon por homicidio involuntario, fraude y ejercicio ilegal de la medicina. El caso más grave fue el del dirigente Jean-Jacques Mazier, condenado por su responsabilidad en la muerte de un adepto que se suicidó tras endeudarse para pagar sesiones de la organización.
En 1999, la justicia de Marsella condenó a varios altos cargos por fraude vinculado a supuestos “tratamientos de purificación”.
En 2009, la organización fue nuevamente condenada por estafar a sus seguidores. La justicia impuso multas millonarias y describió un funcionamiento orientado a obtener beneficios económicos a costa de sus miembros, generando situaciones de dependencia y sometimiento.
Además, durante uno de estos procesos se detectaron intentos de interferencia en el ámbito judicial, lo que agravó aún más la preocupación institucional.
Entre la legitimación política y las alertas internacionales
El contraste es evidente: mientras países como Francia sostienen controles estrictos y advierten sobre los riesgos de estas prácticas, en Argentina el oficialismo decide homenajear a la organización dentro del Congreso Nacional.
No se trata de un evento menor ni aislado, sino de un acto institucional promovido desde la conducción del Senado, que le otorga visibilidad y un grado de legitimación política a una estructura con antecedentes altamente cuestionados a nivel internacional.
En nombre de la “libertad”, el oficialismo cruza una línea peligrosa: convierte al Senado en vidriera de grupos bajo sospecha en el mundo. Mientras otros países prenden las alarmas, acá les ponen alfombra roja. Y no es un detalle: es una señal.
