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18 agosto, 2026
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Milei habla de un “San Martín Billiken”, ataca al peronismo y a Lula mientras entrega la soberanía

Por Alfredo Silletta

El presidente Javier Milei encabezó el acto por el 176.º aniversario del paso a la inmortalidad del general José de San Martín e intentó utilizar la figura del Libertador para reivindicar su propio proyecto político. Sin embargo, su discurso volvió a mostrar una mirada recortada de la historia argentina, alejada de las ideas de independencia, soberanía y unidad latinoamericana que marcaron el pensamiento sanmartiniano.

Una vez más, Milei construyó un “San Martín Billiken”, reducido a algunas frases aisladas y despojado de la dimensión política de su lucha por la independencia de América.

En su discurso habló de los supuestos “enemigos internos y externos” de la libertad y reclamó “equipar y formar a las fuerzas armadas” para combatir al terrorismo. También hizo una suerte de autocrítica sobre su gestión económica y volvió a enviar señales al PRO, con el que el Gobierno busca avanzar en un acuerdo electoral.

Pero cuando se preguntó desde el Gobierno quiénes serían esos enemigos, la respuesta fue reveladora: “los internos los kukas y los externos los Lula de la vida”. La frase adquiere especial gravedad en medio de la tensión diplomática con Brasil, principal socio comercial de la Argentina.

En clave electoral, Milei volvió además a atacar al peronismo: “no tenemos un pasado al que regresar porque ya sabemos a dónde nos conduce”, afirmó. También sostuvo que la Argentina perdió “la libertad para comerciar, emprender, para soñar con un futuro mejor y para criticar a quienes suprimían nuestras libertades en nombre de ampliar un Estado gigante”.

Un San Martín muy distinto al que conocimos

El problema es que el San Martín de la historia no fue el personaje de una revista infantil ni un prócer utilizado para justificar cualquier proyecto político.

Fue el hombre que entendió que la independencia argentina no podía separarse de la emancipación de Chile y Perú. Fue también quien defendió la unidad de los pueblos americanos frente al poder colonial.

San Martín dejó una frase que parece especialmente incómoda para el Gobierno actual: “Seamos libres, que lo demás no importa nada”.

Y también sostuvo: “Cuando la Patria está en peligro, todo está permitido, excepto no defenderla”.

Por eso resulta difícil no preguntarse qué habría pensado el Libertador frente a la presión de un embajador extranjero que pretende decirles a empresas argentinas con quién pueden comerciar.

El embajador estadounidense Peter Lamelas presionó a empresas argentinas para que no negocien con China y llegó a presentarse prácticamente como un gerente de Vaca Muerta. Frente a semejante injerencia, ni Milei ni su canciller pronunciaron una sola palabra.

San Martín no atacaba a los pueblos latinoamericanos

Milei también eligió atacar al presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, en lugar de reivindicar una política de unidad latinoamericana.

San Martín, en cambio, entendía que la independencia de la Argentina formaba parte de una lucha mucho más amplia por la emancipación del continente. Frente a la intromisión de una potencia extranjera, resulta difícil imaginarlo aceptando que otro país decida qué puede hacer la Argentina con sus recursos estratégicos.

Por eso conserva plena vigencia otra de sus definiciones: “En defensa de la patria todo es lícito menos dejarla perecer”.

Y hay una última paradoja que tampoco debería pasar inadvertida. El Gobierno no solo reivindica un San Martín recortado y adaptado a su discurso político: también decidió retirar de la exhibición pública el sable corvo del Libertador que se encontraba en el Museo Histórico Nacional y que podía ser visitado por la ciudadanía.

San Martín no necesitó inventar enemigos internos para defender la libertad. No necesitó atacar a los países hermanos de América Latina. Y mucho menos necesitó ponerse de rodillas frente a una potencia extranjera.

Su legado fue exactamente el contrario: independencia, soberanía y libertad para los pueblos americanos.

Por eso, mientras Milei intenta apropiarse de la figura del Libertador para justificar su proyecto, la historia vuelve a poner las cosas en su lugar.

San Martín luchó para que ninguna potencia extranjera decidiera por los argentinos. Dos siglos después, el problema no es entender al Libertador: el problema es que algunos parecen haber olvidado para qué luchó.

 

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