Desde que Javier Milei llegó al Gobierno, los argentinos ganan menos, pagan más y cada vez tienen más dificultades para llegar a fin de mes. Los aumentos de alimentos, servicios y transporte golpean de lleno a los trabajadores, mientras el costo de trasladarse todos los días para ir a trabajar se convierte en un problema cada vez mayor.
El transporte público del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) es una muestra concreta de este deterioro. En apenas un año se vendieron 28 millones de boletos menos, una caída del 19,1%, una señal contundente de que cada vez más personas tienen dificultades para afrontar el costo de viajar.
El dato se vuelve todavía más preocupante cuando se lo compara con la evolución de los precios: mientras la inflación anual fue del 33%, las tarifas del transporte aumentaron un 117,3% en el mismo período.
La cuenta para una familia trabajadora es demoledora. Un usuario que en 2023 destinaba unos $6.656 mensuales al transporte, actualmente necesita alrededor de $115.944 para cubrir ese mismo gasto. Y el ajuste no se detiene: en septiembre habrá nuevos aumentos.
Viajar al trabajo, un lujo cada vez más caro
A la suba de las tarifas se sumó otra decisión del Gobierno que impacta directamente sobre quienes utilizan más de un medio de transporte.
Desde el 1° de agosto dejó de aplicarse el beneficio de la Red SUBE para quienes combinaban distintos servicios. Quienes utilizan el tren como primer viaje y luego toman el subte dentro de las dos horas de la primera validación ya no acceden al descuento del 50% en el segundo viaje.
En otras palabras, deberán pagar la tarifa completa del tren y del subte.
El cambio representa, según los datos de la nota, un incremento cercano al 15% en el costo mensual del viaje, lo que implica unos $15.000 adicionales para quienes necesitan trasladarse diariamente hasta sus lugares de trabajo.
El golpe llega además junto con el aumento del subte, cuya tarifa pasó en agosto a $1.684 y continuará actualizándose mensualmente de acuerdo con el esquema informado por las autoridades porteñas.
Así, para miles de trabajadores, el problema ya no es solamente cuánto cuesta la comida, el alquiler o los servicios. También hay que calcular cuánto dinero hace falta para poder llegar todos los días al trabajo.
Septiembre llega con nuevos aumentos
Como si los aumentos acumulados no fueran suficientes, desde el 1° de septiembre volverán a subir las tarifas del transporte público para millones de usuarios del AMBA.
Los colectivos tendrán incrementos de entre 4,1% y 4,3%, mientras que el subte aumentará un 4,1%.
En los colectivos bonaerenses, correspondientes a las líneas provinciales numeradas del 200 en adelante, el incremento será del 4,3%. Con la SUBE registrada, los valores quedarán de la siguiente manera:
- De 0 a 3 km: $1.158,97
- De 3 a 6 km: $1.303,83
- De 6 a 12 km: $1.448,71
- De 12 a 27 km: $1.738,45
- Más de 27 km: $2.043,84
En tanto, las 28 líneas de colectivos de jurisdicción exclusiva de la Ciudad de Buenos Aires tendrán un aumento del 4,1%:
- De 0 a 3 km: $887,87
- De 3 a 6 km: $986,57
- De 6 a 12 km: $1.062,56
- De 12 a 27 km: $1.138,61
El subte también aumentará 4,1%: el boleto pasará de $1.684 a $1.753,04, a la espera de la oficialización correspondiente por parte del Gobierno porteño.
Los trenes metropolitanos tendrán además un incremento del 14,29%, correspondiente al último tramo de la readecuación autorizada por el Gobierno nacional en mayo. El boleto mínimo de las líneas Mitre, Sarmiento, San Martín, Urquiza, Roca, Belgrano Norte y Belgrano Sur pasará de $420 a $480 para los usuarios con SUBE registrada.
Menos pasajeros, más tarifazos
Los números muestran una paradoja que el Gobierno difícilmente pueda explicar: mientras las tarifas aumentan muy por encima de la inflación, cada vez menos personas utilizan el transporte público.
No se trata solamente de una estadística. Detrás de esos 28 millones de boletos menos hay trabajadores que dejaron de viajar, personas que redujeron sus desplazamientos, familias que deben elegir qué gasto afrontar y sectores que directamente ya no pueden sostener el costo de trasladarse.
El transporte público debería ser una herramienta para garantizar el acceso al trabajo, la educación y la salud. Pero con este esquema tarifario se está convirtiendo en otro factor de exclusión.
Y mientras el Gobierno habla de eficiencia, equilibrio fiscal y libertad, el trabajador hace cuentas para saber si puede pagar el colectivo, el tren o el subte para llegar a su empleo.
El ajuste también se paga en el andén
La política económica de Milei no solamente se siente en el supermercado. También se paga en la parada del colectivo, en la estación de tren y en la entrada del subte.
Los salarios pierden capacidad de compra, los servicios aumentan, los alimentos siguen presionando sobre el presupuesto familiar y ahora trasladarse se vuelve cada vez más caro.
El “país de la libertad” termina teniendo una paradoja brutal: hay libertad para aumentar las tarifas, pero cada vez menos libertad para decidir cómo gastar el sueldo.
Y si para millones de argentinos ir a trabajar cuesta cada vez más, la pregunta ya no es cuánto falta para el próximo aumento.
La verdadera pregunta es hasta cuándo el Gobierno piensa seguir haciendo que los trabajadores paguen, boleto por boleto, el precio de un ajuste que no deja de profundizarse.
