13.6 C
La Plata
22 septiembre, 2026
PRINCIPALES

Como el agua y el aceite: Kicillof se reúne con Mamdani mientras Milei busca refugio en Trump

Por Alfredo Silletta

El peronismo y su creador, el general Juan Domingo Perón, siempre supieron adaptarse a los tiempos que corrían en el mundo sin renunciar a una idea central: construir un proyecto nacional capaz de defender los intereses de los argentinos.

En los años 40, después de la Segunda Guerra Mundial, Perón desarrolló la doctrina de la Tercera Posición, evitando quedar subordinado a cualquiera de las dos grandes potencias que se repartían el poder mundial: Estados Unidos y la Unión Soviética.

En la década del 60, desde el exilio, comprendió que el escenario internacional estaba cambiando y que la discusión debía incorporar la liberación de los pueblos y la construcción de un socialismo nacional. Por eso mantuvo diálogo con dirigentes de distintas experiencias políticas, como Mao Tse Tung, Fidel Castro, Josip Broz Tito y Gamal Abdel Nasser.

Perón sostenía que dentro del peronismo podían convivir distintas posiciones, pero también definía con claridad su carácter de movimiento de liberación nacional. Y planteaba que el viejo dilema entre capitalismo y comunismo comenzaba a quedar superado: la verdadera discusión pasaba por liberación o neocolonialismo.

Esa capacidad para mirar el mundo sin dogmatismos es una de las enseñanzas que el peronismo debería recuperar.

Mientras Trump y Milei miran hacia un lado, aparecen otras respuestas

En un mundo atravesado por las políticas de Donald Trump, por disputas geopolíticas cada vez más profundas y por el avance de distintas expresiones de ultraderecha, comienzan a aparecer también nuevas experiencias políticas que buscan respuestas diferentes frente a los problemas cotidianos de las mayorías.

El triunfo de Zohran Mamdani en Nueva York puso sobre la mesa una agenda que aborda cuestiones concretas: el precio de los alquileres, el acceso a la vivienda, los impuestos a las viviendas de lujo y a quienes tienen mayores ingresos, el transporte público, el cuidado infantil y el costo de los alimentos.

No se trata de copiar programas ni de trasladar mecánicamente experiencias de otros países. Se trata de mirar lo que sucede en el mundo, comprender los nuevos escenarios y encontrar respuestas propias para la Argentina.

También en Berlín, la izquierda logró imponerse con propuestas vinculadas con el problema de los alquileres, el transporte público y la defensa de servicios esenciales frente a una lógica exclusivamente orientada por la rentabilidad.

En Michigan, el demócrata de izquierda Abdul El-Sayed también planteó la defensa de un sistema de salud público y cuestionó organismos vinculados con las políticas migratorias impulsadas durante el gobierno de Trump.

Son experiencias diferentes, con realidades políticas y sociales distintas, pero que tienen un punto en común: volver a discutir qué puede hacer la política frente a los problemas concretos de la sociedad.

Kicillof y Mamdani: mirar el mundo para construir una alternativa argentina

Después del contundente acto de Axel Kicillof en Avellaneda, donde planteó la necesidad de “organizar la esperanza” a partir de un programa construido de abajo hacia arriba y capaz de ponerle un límite a las políticas de Javier Milei, el gobernador bonaerense viajará a Nueva York, donde mantendrá un encuentro con Zohran Mamdani.

Kicillof participará del coloquio económico organizado por Mamdani junto a la Global Progress Foundation. La conferencia lleva un título que funciona como una verdadera declaración de principios: “Construyendo una economía para la mayoría”.

Durante su visita también mantendrá reuniones con fondos de inversión que poseen bonos emitidos por la provincia de Buenos Aires y con representantes de empresas que ya tienen inversiones en territorio bonaerense o analizan desarrollar nuevos proyectos.

Luego participará de una charla organizada por el Instituto de Estudios Latinoamericanos (ILAS) de la Universidad de Columbia, bajo el título “Argentina’s Future in a Shifting Global Order” (“El futuro de Argentina en un orden global cambiante”).

El miércoles, Kicillof se reunirá con Mamdani en un desayuno junto al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, en el marco de un encuentro de alto nivel.

La cuestión no es copiar ningún programa extranjero. Es mirar el mundo, comprender hacia dónde se mueve y recuperar la capacidad de pensar una Argentina con un proyecto propio.

Después de un gobierno como el de Milei, que ha colocado en el centro de su política la reducción del Estado, el ajuste y la subordinación de buena parte de las decisiones económicas a las exigencias de los mercados, el peronismo tiene la responsabilidad de ofrecer respuestas claras y contundentes.

Volver a hablarle a los que trabajan y producen

La lección es simple: hay que ofrecer respuestas concretas a los argentinos.

Construir una alternativa que no tenga miedo de defender al Estado, los salarios, las jubilaciones, la industria nacional, la educación, la salud pública y el tema de los alquileres. Una alternativa que vuelva a hablarle a quienes trabajan, producen, estudian y quieren construir un futuro en su propio país.

Pero también una alternativa capaz de mirar hacia adelante. Que no viva permanentemente del pasado, que no quede atrapada en internas interminables y que pueda transformar el rechazo a las políticas de Milei en una propuesta concreta de gobierno.

Porque si una parte importante de la sociedad cuestiona el rumbo económico y social del Gobierno y, al mismo tiempo, el peronismo no consigue convertirse en una alternativa política clara, entonces el problema ya no está solamente en la Casa Rosada: también está en la capacidad del propio movimiento para interpretar el nuevo momento histórico.

Perón entendió que el peronismo no había nacido para administrar la dependencia, sino para discutirla. Y esa discusión sigue vigente.

La Argentina necesita volver a preguntarse qué país quiere ser, quiénes se benefician con su modelo económico y quiénes pagan sus costos. El peronismo tiene una historia, una doctrina y una experiencia de gobierno que le permiten dar esa batalla.

La tarea es dejar atrás las peleas pequeñas, recuperar la capacidad de representar a las mayorías y construir un programa que vuelva a poner en el centro al trabajo, la producción, la soberanía y la justicia social.

Porque frente a un proyecto que ofrece dependencia y ajuste, el peronismo no puede limitarse a esperar que el fracaso ajeno le abra una puerta. Tiene que construir su propia salida. Y esa salida, como enseñó Perón, vuelve a tener un nombre que incomoda a los poderosos: liberación nacional.

 

 

También en info135

Todo lo que incomoda y odia Milei: la agenda oficial del papa León XIV en Argentina

Alfredo Silletta

Salir de los comentarios