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14 octubre, 2026
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Caputo sigue siendo un genio para Milei, aunque la economía se derrumbe: inflación, desempleo y salarios por el piso

Mientras Javier Milei insiste en sostener a su ministro de Economía, Luis «Toto» Caputo, y lo presenta como un genio de las finanzas, los números de la economía real desnudan otra historia: la inflación no cede como prometía el Gobierno, el empleo privado formal acumula 14 meses consecutivos de caída y ya se perdieron más de 134.000 puestos de trabajo en lo que va del año. Con los salarios y las jubilaciones golpeados, las tarifas que no paran de aumentar y el consumo cada vez más debilitado, el supuesto milagro libertario se estrella contra la realidad de millones de argentinos.

La inflación no da tregua

Durante meses, el presidente y su ministro de Economía aseguraron que la inflación iba camino a desaparecer. Incluso prometieron que a partir de agosto comenzaría una etapa de inflación cero. Sin embargo, los números volvieron a desmentir el relato oficial.

Según el INDEC, la inflación de septiembre fue del 1,9% y acumuló un incremento del 23,6% en los primeros nueve meses del año. Aunque el Gobierno insiste en presentar la desaceleración inflacionaria como uno de sus principales logros, el problema para las familias argentinas sigue siendo el mismo: los precios continúan aumentando mientras los ingresos pierden capacidad de compra.

El informe del organismo estadístico indicó que la división que más aumentó en septiembre fue Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con una suba del 3,1%. Le siguió Educación, con el 3%.

Por su parte, Alimentos y bebidas no alcohólicas registró un incremento del 2% a nivel nacional y del 2,2% en el Gran Buenos Aires, uno de los rubros que más impacta en el presupuesto cotidiano de los hogares.

La contradicción es evidente: mientras Milei celebra los resultados de su programa económico, las familias siguen haciendo malabares para llegar a fin de mes. La inflación podrá mostrar porcentajes menores que en los peores momentos, pero eso no significa que los precios hayan bajado ni que los ingresos se hayan recuperado.

El empleo privado, en caída libre

Si la inflación representa una preocupación cotidiana, la destrucción del empleo constituye otra de las señales más graves del rumbo económico.

El empleo asalariado registrado del sector privado acumuló 14 meses consecutivos de caída. Según los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) citados en el informe, en julio se perdieron 12.716 puestos de trabajo respecto de junio, una contracción del 0,2%.

En lo que va del año, la destrucción alcanzó los 134.034 puestos de trabajo, una caída del 2,2%.

La industria, la construcción y el comercio aparecen entre los sectores más golpeados por un modelo que privilegia el ajuste, restringe la demanda interna y deja a buena parte del aparato productivo sin el impulso necesario para sostener la actividad y generar nuevos empleos.

Los datos sectoriales también reflejan la profundidad del deterioro. En la comparación interanual, la industria manufacturera registró una contracción del 4,4%, la intermediación financiera cayó un 4,8% y el comercio retrocedió un 3,4%. El transporte y las comunicaciones también mostraron una disminución del 2,4%.

La construcción, por su parte, encabezó las bajas mensuales entre las actividades relevadas, con una caída del 0,6%.

El problema no termina en los despidos. La falta de nuevas contrataciones y la persistente debilidad de la actividad económica también dificultan que quienes pierden su trabajo puedan reinsertarse en el mercado laboral.

En agosto, el empleo privado formal se mantuvo estable en los principales aglomerados urbanos por segundo mes consecutivo, pero esa estabilidad no estuvo acompañada por una recuperación significativa de las contrataciones. En otras palabras, dejar de caer durante un período no es lo mismo que volver a crear puestos de trabajo.

A este panorama se suma el crecimiento del monotributo, que incorporó 58.778 inscriptos en el último año, un avance del 2,7%. Ese dato, por sí solo, no permite determinar cuántos de esos trabajadores provienen del empleo asalariado, pero sí muestra que el universo del trabajo independiente continúa expandiéndose mientras el empleo privado registrado atraviesa dificultades.

Salarios por el piso y una canasta cada vez más difícil de pagar

El deterioro del mercado laboral se combina con el golpe que sufren los ingresos de los trabajadores, los jubilados y los sectores más vulnerables.

Las tarifas de electricidad, gas y agua, junto con los aumentos del transporte y de otros servicios esenciales, presionan sobre los presupuestos familiares. Cada incremento obliga a reorganizar los gastos y deja menos dinero para alimentos, medicamentos, educación y esparcimiento.

Los datos de la canasta básica reflejan la magnitud del problema. Según las cifras consignadas en el informe, en septiembre una familia tipo de cuatro integrantes necesitó $1.632.505 para no ser considerada pobre, mientras que requirió $738.690 para no caer en la indigencia.

Son cifras que exponen la distancia entre el discurso oficial y las dificultades concretas de la vida cotidiana. Para millones de argentinos, la discusión no pasa por los indicadores que exhibe el Gobierno, sino por una pregunta mucho más sencilla: cómo hacer para que el sueldo alcance hasta fin de mes.

Cuando el empleo se destruye, los salarios pierden poder adquisitivo y los servicios esenciales consumen una porción creciente de los ingresos, la supuesta estabilización macroeconómica difícilmente pueda traducirse en bienestar para la mayoría.

Caputo sigue firme, aunque la realidad no lo acompañe

En este escenario, Milei insiste en respaldar a Caputo y sostiene que su ministro es un genio de las finanzas. La pregunta es qué indicadores utiliza el Presidente para evaluar esa supuesta genialidad cuando la economía cotidiana muestra semejantes dificultades.

Porque detrás de cada puesto de trabajo perdido hay una familia que debe reorganizar su vida. Detrás de cada aumento de tarifas hay menos dinero para consumir. Y detrás de cada salario que no alcanza hay trabajadores que, aun teniendo empleo, encuentran cada vez más difícil cubrir sus necesidades básicas.

El Gobierno puede exhibir sus propios indicadores y celebrar cualquier señal favorable, pero no puede borrar los datos que muestran las dificultades del empleo, los ingresos y el consumo. Tampoco puede pedirle indefinidamente a la sociedad que espere los beneficios de un modelo cuyos costos se sienten todos los días.

Mientras tanto, Milei continúa con sus viajes y sus declaraciones triunfalistas, convencido de que todo marcha según el plan. Pero una cosa es el relato presidencial y otra, muy distinta, la realidad de quienes deben pagar las cuentas.

El verdadero examen de un ministro de Economía no se aprueba con elogios del Presidente ni con discursos sobre el éxito del ajuste: se aprueba cuando hay trabajo, los salarios alcanzan y las familias pueden vivir dignamente. Si Caputo es el genio que Milei dice que es, todavía tiene una deuda enorme con los argentinos. Y esa deuda no se paga con promesas, sino con resultados.

 

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