En otro episodio que alimenta las dudas sobre su comportamiento mental, Javier Milei parece dispuesto a convertirse en Napoleon Bonaparte frente al Papa León XIV. El Presidente habría enviado a sus emisarios para intentar modificar un protocolo de siglos de tradición en las visitas papales.
La comparación con Napoleón no es casual. Durante su coronación en la Catedral de Notre-Dame de París, el emperador francés le arrebató la corona al papa Pío VII y se la colocó él mismo, en un gesto que simbolizó su voluntad de imponerse incluso sobre la autoridad religiosa.
Ahora, Milei pretende protagonizar su propia escena de grandeza. Según trascendió, el mandatario pidió a la Santa Sede autorización para subir al avión que traerá al papa León XIV a la Argentina, saludarlo dentro de la cabina y descender juntos por la escalerilla, como si se tratara de dos grandes figuras de la historia mundial.
Después de esa puesta en escena, el Presidente esperaría al Pontífice en la Casa Rosada.
La propuesta habría generado sorpresa y preocupación en el Vaticano, donde las visitas papales están regidas por protocolos cuidadosamente establecidos. Tanto el presidente uruguayo, Yamandú Orsi, como la presidenta peruana, Keiko Fujimori, respetan la tradición de esperar al Papa en la pista de aterrizaje.
Milei, en cambio, parece empeñado en convertir una recepción institucional en una escena personal de protagonismo y excepcionalidad.
Un presidente que parece convencido de su propia grandeza, dispuesto a confundir el protocolo con una coronación y la política con un espectáculo. Napoleón tenía un imperio; Milei, apenas una Argentina que necesita un presidente que se ocupe de sus problemas.
