18 septiembre, 2018

La melodía /Jorge Elbaum

Hubo un tiempo que encarcelaban hinchas de fútbol por cantar la marcha peronista. Y hubo un tiempo que se prohibía nominar un apellido. Se armaron decretos de clausura de la palabra y las películas eran censuradas por el dueño de unas gigantes tijeras llamado Tato. Y hubo un tiempo que se quemaban libros del Centro Editor de América Latina y sus autores eran torturados en centros clandestinos de detención. Hubo un tiempo que se desaparecía a las madres que buscaban desesperadamente a sus hijos y se torturaba embarazadas, se robaba a sus bebés y se tiraba gente al Río de la Plata. Todos esos tiempos existieron. Pero no pudieron asesinar la música que los expresaba. Ni las letras que los identificaba. Ni los nombres que los recordaban. Ni la historia que los unía.
Cantemos. Tarariemos, Silbemos. Despacio. In crescendo. Fuerte. Hasta que el canto les infecte el oído. Hasta que se transforme en un agudo aullido que los atraviese. Hasta que nuestro sonido –colectivo, popular, callejero– les resulte insoportable. Hasta que de una vez por todas los descubra, los desnude en lo que real e íntimamente son: sujetos que encarnan lo peor del egoísmo, el racismo y el desprecio por los más vulnerables. Estemos atentos. la canción crece.

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