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La Plata
6 mayo, 2026
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El movimiento obrero recupera la tradición de La Falda y Huerta Grande y se planta frente al saqueo y la entrega libertaria

Con un gobierno que se jacta de haber cerrado más de 22.000 empresas, con más de 300.000 trabajadores despedidos y con escándalos de corrupción que no paran —desde la estafa de las criptomonedas hasta las coimas en la agencia de discapacidad y los créditos a medida para amigos del poder—, la Argentina se vuelve cada día más inviable para las mayorías. A eso se suman los papelones de “nuevo rico” del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, símbolo de una casta que prometía destruir y terminó ampliando.

Como si fuera poco, en estos dos años vetaron leyes clave para la universidad pública, el Hospital Garrahan y las políticas de discapacidad, mientras avanzaron con una reforma laboral que borra derechos históricos: vacaciones, derecho a huelga, indemnizaciones y horas extras, entre otros.

Frente a este escenario, una CGT anquilosada eligió la pasividad: dejó pasar el ajuste, confió en la Justicia y llegó tarde a una pelea que se da, sobre todo, en la calle. Apostó a tribunales cuando la historia del movimiento obrero argentino demuestra que los derechos se conquistan con organización y lucha.

Mientras tanto, en Pilar, más de 1.600 delegados de todo el país —de decenas de sindicatos— se reunieron para retomar la tradición combativa de los años de resistencia, cuando enfrentar al poder significaba persecución, cárcel y represión bajo el Plan CONINTES.

Esa memoria no es nostalgia: es programa. Es la herencia de La Falda y Huerta Grande, donde los trabajadores no dudaban en plantear nacionalizar la banca, el comercio exterior, desconocer la deuda ilegítima y avanzar hacia el control obrero de la producción.

El pasado 1° de mayo, el Primer Plenario del Frente de Sindicatos Unidos (FreSU) resolvió que frente a este gobierno cruel la respuesta no puede ser tibia: hay que dar la pelea en todos los terrenos, con organización, con conflicto y con un horizonte claro.

De ese encuentro salió un documento que debería ser la base de cualquier proyecto nacional y popular serio y estar en manos de cualquier candidato del peronismo que se presente en las próximas elecciones nacionales. Bajo el título “Programa Unidad, Lucha y Rebeldía para Recuperar la Patria”, recupera lo mejor de la tradición obrera argentina:

 

  1. Salario digno y distribución de la riqueza
  • Pleno empleo con trabajo digno y salarios justos.
    • Salario Mínimo Vital y Móvil que asegure alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte, esparcimiento, vacaciones y previsión.
    • Aumento general de salarios para atender la situación de emergencia.
    • Paritarias libres y sin techo, con homologación automática cumplidos los trámites formales.
    • Reconocimiento de las tareas de cuidado como trabajo que debe remunerarse.
    • Incorporación del cuidado como una más de las necesidades que deben ser cubiertas por el salario mínimo vital.
    • Igual salario por igual tarea.
    • Medición objetiva de la inflación en base a parámetros que reflejen realmente el aumento del costo de vida.
  1. Trabajo con derechos frente a la precarización
  • Derogación de toda la normativa laboral regresiva dictada por los gobiernos de Macri y Milei.
    • Elaboración de un proyecto de ley que reforme la legislación laboral reconociendo mayor protección y más derechos.
    • Defensa plena de los convenios colectivos de trabajo.
    • Estabilidad en el empleo.
    • Limitación de la tercerización y subcontratación.
    • Regularización del empleo no registrado.
    • Reducción de la jornada laboral sin reducción salarial.
    • Vigencia efectiva de derechos para trabajadores de plataformas.
    • Reconstitución de la inspección laboral.
    • Fortalecimiento de la justicia del trabajo.
  1. Producción nacional, industria y desarrollo
  • Política industrial activa y planificación estratégica.
    • Reactivación de la obra pública y transporte.
    • Defensa de la industria nacional.
    • Crédito para producir.
    • Reforma tributaria progresiva.
    • Sustitución inteligente de importaciones.
    • Ciencia y tecnología al servicio del desarrollo.
  1. Soberanía nacional y control de recursos estratégicos
  • Energía, minería, alimentos y logística al servicio del país.
    • Defensa de empresas públicas.
    • Recuperación de herramientas de decisión económica.
    • Integración regional con soberanía.
  1. Deuda externa y desendeudamiento
  • Investigación de la deuda.
    • Desconocimiento de la deuda ilegal.
    • Regulación financiera.
    • Protección contra el sobreendeudamiento.
    • Créditos accesibles.
  1. Economía popular y nuevas formas de trabajo
  • Regularización del trabajo informal.
    • Derechos previsionales y cobertura social.
    • Apoyo a cooperativas y autogestión.
    • Integración productiva de la economía popular.
  1. Vivienda, hábitat y servicios
  • Acceso a vivienda digna.
    • Alquileres justos.
    • Urbanización de barrios populares.
    • Servicios públicos accesibles.
    • Derecho a la ciudad.
  1. Salud, educación y seguridad social
  • Defensa de la salud pública.
    • Medicamentos accesibles.
    • Educación pública de calidad.
    • Reconstrucción de la educación técnica.
    • Jubilaciones dignas.
    • Moratorias previsionales.
    • Protección de niñez y adultos mayores.
    • Sistema integral de cuidados.
  1. Igualdad en las relaciones laborales
  • Igualdad salarial real.
    • Políticas para reducir brechas laborales.
    • Más mujeres en conducción sindical.
    • Formación continua.
    • Primer empleo con derechos.
    • Fin de la división sexual del trabajo.
  1. Democracia, libertad sindical y organización popular
  • Libertad sindical plena.
    • Derecho de huelga.
    • Fin de la persecución política y gremial.
    • Desprocesamiento de luchadores.
    • Democratización económica.
    • Libertad de prensa.

 

Este programa no nace de un escritorio ni de consultoras: nace de la historia, de la lucha y de una urgencia concreta. Es la síntesis de lo que falta y de lo que el poder quiere evitar: un movimiento obrero que no solo resista, sino que proponga y dispute.

Participaron más de 140 organizaciones de las tres centrales obreras: UOM, ATE, Aceiteros, Aeronáuticos, Docentes Universitarios, Metrodelegados, entre muchos otros. No es un gesto testimonial: es un intento real de reordenar fuerzas.

Porque mientras el gobierno festeja despidos y ajuste como si fueran logros, del otro lado empieza a tomar forma algo más peligroso para el poder: trabajadores que dejan de aguantar y vuelven a pensar en cómo gobernar. Y cuando el movimiento obrero argentino pasa de la bronca al programa, la historia demuestra que ya no hay decreto ni represión que alcance para frenarlo.

 

La otra CGT (1955–1968): la rebelión obrera que quiso cambiarlo todo

 

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