El gobernador bonaerense Axel Kicillof salió con los tapones de punta contra el diario Clarín y el periodista Daniel Santoro, luego de que el matutino publicara en tapa una información que vinculaba a una mujer detenida con el Gobierno de la provincia de Buenos Aires.
La información era falsa: la persona demorada no era una funcionaria de Kicillof, sino una empleada del Poder Judicial bonaerense que no tenía ni tiene ninguna vinculación laboral con el Ministerio de Justicia de la provincia.
Según publicó Clarín, la supuesta funcionaria habría sido detenida acusada de captar personas vulnerables y utilizar esa estructura para lavar dinero proveniente del juego clandestino en la provincia. Sin embargo, el dato central de la información —su supuesto vínculo con el gobierno de Kicillof— era incorrecto.
La aclaración oficial no tardó en llegar. Pero, según denunció el propio gobernador, lejos de corregir el error de manera contundente, Clarín volvió a sostener el tema en su tapa del día siguiente utilizando una formulación ambigua que, a su entender, buscaba mantener vigente la asociación entre la detenida y su gobierno.
Y Kicillof decidió responder directamente.
Kicillof cruzó a Clarín
A través de su cuenta de X, el gobernador fue contundente y apuntó directamente contra el diario y el periodista Daniel Santoro:
“En el día de ayer, nuevamente, sin consultar con ninguna fuente del Poder Ejecutivo provincial, Clarín y Daniel Santoro publicaron maliciosamente que había sido detenida una ‘funcionaria de Kicillof’. La persona demorada es una empleada del Poder Judicial de la Provincia que no tiene ni tuvo ninguna vinculación laboral con el Ministerio de Justicia”.
Kicillof sostuvo además que, pese a la desmentida, el diario decidió mantener el tema en su portada:
“Pese a la desmentida realizada, eligieron continuar titulando en tapa del diario de hoy de manera ambigua para sostener la mentira”.
Finalmente, reclamó una rectificación pública:
“Esperamos que hoy borren el tweet y desmientan por todos sus medios la falsa noticia. Se nota mucho, Clarín”.
La frase final del gobernador sintetizó su acusación: “Se nota mucho, Clarín”.
Una pelea que excede una tapa
El episodio vuelve a poner en discusión el papel de determinados medios de comunicación en plena disputa política. Para el gobierno bonaerense, no se trata simplemente de un error periodístico, sino de la utilización de una información falsa para intentar golpear políticamente al gobernador.
La operación, además, aparece en un escenario donde Kicillof se encuentra entre los dirigentes peronistas con mayor nivel de conocimiento e imagen positiva y donde el oficialismo nacional necesita mantener dividida y debilitada a la oposición.
El dato falso podía generar un impacto inmediato: instalar en la opinión pública que una integrante del gobierno provincial había sido detenida por una causa relacionada con el juego clandestino y el lavado de dinero.
Una vez que la información fue desmentida, quedaba una pregunta inevitable: ¿por qué mantener el tema en tapa?
Para Kicillof, la respuesta parece evidente: se trató de una decisión política y editorial destinada a sostener una asociación que ya había sido desmentida.
Y todo esto ocurre mientras otros escándalos que golpean al universo libertario ocupan cada vez más espacio en la agenda pública. En ese contexto, el gobernador también vinculó la publicación con el intento de desviar la atención de otros episodios, entre ellos el caso de Fernando Cerimedo, exasesor de Javier Milei y cercano al expresidente brasileño Jair Bolsonaro.
Cuando la mentira se convierte en herramienta política
La discusión no es menor. En tiempos de redes sociales y noticias que circulan a una velocidad vertiginosa, una acusación publicada en tapa puede instalarse en minutos, mientras que una desmentida rara vez alcanza la misma potencia.
Por eso, cuando un medio de comunicación publica un dato falso que involucra directamente a un funcionario o a un gobierno, la rectificación debería tener la misma contundencia y visibilidad que tuvo la acusación.
Eso es precisamente lo que Kicillof reclama.
Mientras tanto, el gobernador decidió no dejar pasar el golpe y respondió públicamente. No eligió el lenguaje diplomático ni buscó esquivar la pelea: apuntó directamente contra Clarín y Santoro.
Y dejó una frase que seguramente seguirá resonando en las redacciones del poder mediático:
“Se nota mucho, Clarín”.
Porque cuando una noticia falsa necesita ser sostenida incluso después de haber sido desmentida, ya no parece tratarse solamente de periodismo. Parece una operación política. Y cuando la operación queda expuesta, lo que molesta no es la respuesta de Kicillof: lo que molesta es que alguien haya decidido decirla en voz alta.
