24 junio, 2018

Por Mariano Pinedo//El pueblo ya sabe de qué se trata

En el siglo XIX, un fantasma recorría América Latina, y es el germen de la independencia que se incubaba en los cuerpos infectos de libertad de la Venezuela y el Río de la Plata.

La historia adquiere otro significado cuando es mirada a través de un determinado cristal. La libertad e independencia tal como hoy las conocemos, anidan en los hechos del pasado, al menos dos bien significativos: lo que trasuntaba en Caracas, durante abril de 1810 y lo que un mes más tarde pasaría en el Río de la Plata.

Estos sucesos tienen un protagonista infaltable: el pueblo. Ese maravilloso pueblo a quien nadie debe darle un libreto o un manual, para actuar con sensatez. Acá, en Caracas o en Kiev.

Es curioso que la relación de dos hechos tan  determinantes en la conformación de un proceso independentista y libertario, no haya sido puesta en escena, como un proceso lógico de integración continental. Así se podría entender de manera unívoca, que el sueño de Patria Grande, no era tal, sino más bien una realidad. En los dos extremos del continente, un único anhelo: el 19 de abril del año 1810, las clases decentes de Caracas destituían al Gobernador y Capitán General de la provincia de Venezuela, Vicente Emparán, e instauraban una Junta de Gobierno,  que desconocía al Consejo de Regencia establecido en Cádiz, y asumía la representación de la autoridad en nombre del rey Fernando VII, en manos de los franceses. Un mes después, la lejana Buenos Aires, último bastión de la América española, siguió el ejemplo de Caracas.

Ni la Junta de Caracas, ni la Junta de Buenos Aires, se pensaban como brotes de incipientes naciones. Aún así, lo fueron, con sus brutales contradicciones y enormes dificultades.

Al recordar aquellos días de Revolución, es imposible no pensar en “estos días” de injusticias por doquier. Ver a un pueblo acorralado entre el hambre, la injusticia y la desazón, considero que no será motivo para ahogar el grito sagrado de los pueblos de la América del Sur.

Por aquellos días, se oía la Patria canción venezolana: “Unida con lazos/ que el cielo formó/ la América toda/ existe en nación;/ y si el despotismo/ levanta la voz,/ seguid el ejemplo/ que Caracas dio”. Y nuestro Himno Nacional: “Mas los bravos que unidos juraron/ su feliz libertad sostener,/ a estos tigres sedientos de sangre/fuertes pechos sabrán oponer”.

 

 

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